Comienzo de curso y la situación de la Educación  

Por EQUIPO AICTS / 25 de septiembre de 2017


Los comienzos de curso suelen venir acompañados de cifras e indicadores acerca de la situación de la Educación. El inicio del curso 2017/18 no ha sido una excepción y, a lo largo de todo el mes de septiembre, asistimos a la publicación de estudios y su análisis y valoración. A pesar del largo e importante camino recorrido por el sistema educativo español desde hace unas pocas décadas, su universalización ha sido más reciente que en otros países occidentales, no es menos cierto que todavía existen importantes lagunas que se han visto ampliadas por las políticas de recortes que comenzaron hace ya casi una década. El informe Education at a Glace 2017 de la OCDE, entre otros, ha puesto de nuevo de actualidad ciertas realidades del sistema educativo español que, lejos de corregirse, se convierten en estructurales.

Uno de los datos más significativos señalaba que el 35% de los jóvenes entre 25 y 34 años no habían terminado ni el Bachillerato ni su FP equivalente, mientras que la media de la OCDE se situaba en el 16%. Este dato muestra cómo muchos estudiantes salen del sistema educativo, habiendo finalizado la educación obligatoria o no, sin encontrar otras alternativas en el mismo. Además, su impacto se produce también en el acceso al mercado laboral, ya que se situarán en empleos de baja cualificación, precisamente los más precarizados. Igualmente, es un indicador en el que España se encuentra estancada desde hace más de una década.

Por otro lado, la situación de la FP sigue en tasas más bajas que la media de la OCDE. En España, la tasa de escolarización en estos estudios es del 12% frente al 26%. A pesar de los importantes avances también logrados en ese ámbito, la FP sigue estando en cierta medida estigmatizada como unos "estudios secundarios" frente al mayor prestigio del Bachillerato. Aunque las tasas de empleabilidad de la FP mejoran, no hay que olvidar tampoco la situación estructural del sector secundario en España que dificulta experiencias como la FP Dual. 

En lo que sí se han conseguido pasos positivos en los últimos años ha sido en el descenso del abandono escolar temprano (jóvenes de 18 a 24 años que no logran la ESO o que, una vez finalizada, no continúan con sus estudios), situado en el 19%, lo que sigue siendo un dato muy elevado (la media de la UE es del 11%), pero mitigado debido a las transformaciones de la estructura productiva, lo que ha dado lugar a que más jóvenes se mantengan en el sistema educativo frente a los años en los que la "burbuja inmobiliaria", entre otros factores, permitía el acceso fácil al empleo. Pero, aunque el abandono escolar temprano se esté reduciendo, hay que considerar que sigue afectando principalmente a los colectivos más vulnerables, que al descender por otro lado las transferencias sociales cuentan con menos posibilidades de seguir en el sistema educativo. 

Pero, sin duda alguna, otro de los indicadores más relevantes sobre la Educación en España hace referencia al gasto. España sigue contando con una inversión en educación inferior al 2005, 8,2% del total del gasto público en 2014 frente al 9,4% nueve años antes. La situación de nuestro país ya era negativa en relación a la OCDE y a la UE, nunca por debajo del 11% y del 10% respectivamente, pero los recortes del gasto han dado lugar a un escenario estructural, como señalábamos anteriormente, que va contra la equidad y la igualdad de oportunidades. Sin una mayor inversión en Educación no se podrán combatir las situaciones anteriores, provocando que en un entorno todavía más complejo numerosos y crecientes colectivos tengan una situación de partida todavía más complicada. La Educación es uno de los principales pilares de las políticas sociales pero, en los últimos años, se ha producido un retroceso en ciertos aspectos de la universalización que deja, en parte, en manos de los recursos disponibles por parte de las familias el avance en el sistema educativo. Los orígenes de clase social son ahora más determinantes que hace una, dos o tres décadas, y eso no cabe duda que es un importante paso atrás. 

La atención a la dependencia, luces y sombras  

Por EQUIPO AICTS / 03 de septiembre de 2017


La atención a la dependencia es una de las cuestiones que suscita numerosas noticias y debates. España aprobó en 2006 la Ley de Promoción de Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, conocida como la "Ley de Dependencia". Este hecho supuso un hito en el ámbito de los Servicios Sociales en nuestro país y un avance en los Derechos Sociales. Un colectivo tan amplio como el de las personas dependientes, muy heterogéneo y con diferentes circunstancias, así como el de sus cuidadores y cuidadoras, contarían con más recursos y servicios. Importante fue la cuestión del reconocimiento de las personas que se habían encargado del cuidado de dependientes. La gran mayoría de ellos eran mujeres, mujeres que habían sacrificado buena parte de su vida para atender a padres, madres, hijos, hijas, maridos, hermanos, hermanas, etc. El alta en la Seguridad Social suponía un peldaó en la salvaguarda de su futuro.

Pero llegó la crisis y la recesión, los recortes y ajustes. El sistema de atención a la dependencia fue uno de los más afectados. Se perdieron algunas de las conquistas logradas y se regresó en parte al punto de partida anterior, aunque se pudo mantener parte del sistema. De esta forma, la calidad de vida de las personas dependientes y de sus cuidadores y cuidadoras empeoró ya que, a este hecho, había que sumarle la situación de crisis con sus repercusiones en el empleo y en su calidad. En definitiva, menos recursos para la atención a la dependencia, menos transferencias sociales, y las familias dependiendo de unos recursos propios que, en muchos casos, estaban mermando. Y se producía un factor también clave como es la desigualdad entre las diferentes Comunidades Autónomas, porque los recortes no se produjeron de la misma forma en todos los territorios, porque los plazos se alargaban en unas regiones frente a otras, etc.

Pero hay otro elemento sobre el que igualmente se está llamando la atención, a pesar de la supuesta recuperación, como es la calidad de la atención. Y no nos estamos refiriendo a la profesionalidad de todas las personas que se encuentran en ese ámbito sino a sus condiciones de trabajo. Como hemos señalado, la crisis que comenzó en 2008 ha provocado una precarización del empleo y el sector de la atención a la dependencia no iba a ser una excepción. A ello habría que sumarle la Reforma Laboral de 2012 que supuso una flexibilización todavía mayor del mercado de trabajo. Peores condiciones de trabajo, un salario menor, más exigencias, mayor atención de personas en menos tiempo, etc., dan lugar a un escenario muy complicado en el que las trabajadoras, porque estamos hablando también de un sector muy feminizado, y los trabajadores de la atención a la dependencia tienen que hacer un esfuerzo extra para procurar el bienestar de la persona atendida. En definitiva, es fundamental que este colectivo se encuentre en las mejores condiciones posibles para llevar a cabo su trabajo porque los destinatarios del mismo es un colectivo muy vulnerable. Si se incide en el camino contrario, como parece en no pocas ocasiones, no sólo su labor profesional no se dignifica, lo cual es un hecho terrible y censurable, sino que no se presta la atención de calidad que los usuarios precisan.

Un escenario complejo: estrategias de protección de las familias frente a la crisis  

Por EQUIPO AICTS / 09 de julio de 2017


La Fundación FOESSA ha publicado el informe Desprotección Social y Estrategias FamiliaresEl mismo presenta un escenario bastante complejo de la sociedad española, un país en el que los datos macroeconómicos van en positivo desde hace unos años. Tomando en consideración diferentes fuentes secundarias que muestran la realidad de la sociedad española (22,3% de tasa de pobreza, 33,9% de hogares españoles con dificultades para llegar a fin de mes, el indicador AROPE de tasa de riesgo de pobreza y exclusión social europea se sitúa en el 27,9%, 6,4% de hogares en situación de privación material severa, y 648.000 hogares sin ningún tipo de ingreso, según la Encuesta de Condiciones de Vida para datos de 2016), FOESSA incorpora nuevos datos a través de la Encuesta sobre Resiliencia de los Hogares en España que analiza la capacidad de hogares y familias para afrontar el futuro. Sus resultados, muy interesantes, son conocidos pero nos siguen mostrando cómo esa recuperación no ha llegado a la mayoría de la sociedad y la precarización de la vida, a través de la del empleo, es un hecho, lo que nos lleva a afirmar que estamos ante un nuevo modelo de sociedad.

Hay que destacar algunas cuestiones del informe señalado en las que hay que detenerse. En primer lugar, han sido los colectivos más vulnerables los más afectados por la crisis sistémica que comenzó en 2008 y también los que menos han percibido esa recuperación tan publicitada. Y es que si ya sus condiciones de partida eran más complicadas, las consecuencias de la crisis y la precarización también se han cebado en ellos en mayor medida, reproduciéndose la pobreza y la desigualdad en un ciclo que ahora tiene menos posibilidades de romperse al haberse reducido los resortes del Estado de Bienestar. El informe de FOESSA presta atención en una cuestión fundamental, las redes de seguridad de hogares y familias para afrontar esas dificultades. Éstas han sido sin duda uno de los grandes diques de contención de la crisis pero las consecuencias de la misma y el esfuerzo realizado las han dejado muy debilitadas, con especial incidencia en la capacidad de ahorro de los hogares, de hecho un 60% de los mismos no tienen nada ahorrado, hecho determinado obviamente por la precarización del empleo. El debilitamiento de esas redes, del capital social, es menor conforme se reducen las fuentes de ingresos económicos. Las estrategias para la superación de las dificultades por parte de las familias se han centrado en el ahorro del consumo de energía y en la aceptación de trabajos mal pagados o irregulares. Existe una aceptación, una normalización de esa precariedad que se ha llevado por delante la capacidad de resistencia de las familias. Y hay otra serie de indicadores que tienen incidencia en la situación global de las familias, por ejemplo que una de cada diez personas no puede dedicar el tiempo suficiente a su familia por su trabajo o que casi un tercio de los trabajadores piense que su contrato no se va a convertir en estable. A su vez, las redes de protección instituciones no han sido eficaces y han funcionado peor en el caso de los colectivos más vulnerables, que no se sienten representados o que su participación institucional vaya a servir de algo.

Imprescindible el presente informe de FOESSA que vuelve a mostrar el escenario real en el que se desenvuelve buena parte de la sociedad española. Cierto que nuestro país crece en términos de PIB, que desciende el paro a través de empleos precarios, pero la realidad es que es la mayoría de las familias y hogares no percibe ese proceso. La precarización de la sociedad y el que el empleo ya no garantice la salida de la pobreza y la exclusión social nos sitúa ante un nuevo escenario ante el que las respuestas institucionales se han basado en la austeridad y en los recortes. Redes familiares, Tercer Sector y Organizaciones No Gubernamentales han tenido que afrontar responsabilidades que en un pasado reciente caían del lado de las Administraciones. El escenario es más complejo pero es importante reseñar que hablamos del modelo de sociedad que queremos.


El papel de los abuelos  

Por EQUIPO AICTS / 16 de junio de 2017


Hace unos días, el periodista Héctor G. Barnés publicaba en El Confidencial el interesante artículo "Ni las empresas ni el Gobierno, quien está sacando adelante a España son los abuelos". Barnés analizaba el peso de los abuelos no solamente como un sustento económico, incrementado con la crisis sistémica de 2008, sino también en otros aspectos relativos al cuidado de los nietos. Barnés también situaba el foco en las características de nuestro Estado de Bienestar y cómo los abuelos cubrían una serie de carencias que no afrontaban las administraciones. El artículo reflejaba una realidad muy evidente y muy clara, la del peso de la solidaridad familiar para afrontar determinadas situaciones.

Y es que nuestro Estado de Bienestar se corresponde con los del sur de Europa o los denominados "familistas", caracterizados precisamente por el hecho de que lo que no cubren los servicios públicos lo hace la familia. La importancia de la familia y la tradición católica marcan en gran medida ese escenario, que se ve especialmente reflejado en situaciones como el cuidado de los dependientes, donde las mujeres han sido las grandes sacrificadas para hacerse cargo de sus familiares. En este sentido, la Ley de Dependencia de 2006 suponía un reconocimiento a este colectivo olvidado pero los recortes y ajustes derivados de la crisis sistémica supusieron un durísimo golpe para esas medidas. Igualmente, es muy importante el papel que han desempeñado, y lo han incrementado, los abuelos en el cuidado de los nietos. En un mundo laboral inestable, en un mundo en el que la conciliación no deja de ser una quimera, en un mundo en el que los horarios se flexibilizan, los abuelos han aumentado su papel como cuidadores de sus nietos en las edades más tempranas. Esta situación podría ser cubierta por una red de guarderías públicas accesibles y una mayor apuesta por la conciliación, pero de nuevo es un hecho que parece casi irreal.

El apoyo económico sin duda alguna es uno de los más visibles. En un contexto en el numerosas familias se vieron inmersas, y siguen estando, en un escenario de empobrecimiento y reducción de su nivel de vida por la pérdida de empleos o la precarización del existente, han sido de nuevo los abuelos los que han acudido en su ayuda. Nos encontramos ante un colectivo que, en parte, han podido ahorrar y contar con buenas pensiones que les han permitido afrontar esta situación. Podemos hablar de grandes cantidades, como afrontar el pago de las letras de las hipotecas, pero también de pequeños gastos cotidianos como los de los colegios, como hemos podido comprobar en nuestras investigaciones. Pero también hay una parte de este colectivo que se ha visto muy perjudicado por la situación, personas que eran avalistas de las viviendas de sus hijos y nietos y que han perdido la suya; personas que estaban en residencias y que han sido sacadas de ellas porque sus pensiones era la única fuente de ingresos de muchas familias, con los cambios en sus condiciones de vida.

El artículo de Héctor G. Barnés acierta en su planteamiento y pone el foco de nuevo en las limitaciones de nuestro Estado de Bienestar. Además, hay que añadir que esta generación de abuelos que están pudiendo ayudar a sus hijos y nietos posiblemente sea la última que pueda hacerlo. Las siguientes ya han accedido a un mercado laboral diferente, más inestable e inseguro, parte de las mismas se mueven en la precariedad, no han podido ahorrar porque han destinado buena parte de sus ingresos a la adquisición de una vivienda, y prácticamente tienen que vivir al día. Y, no cabe duda que estos escenarios están generando tensiones que afectan a una institución, la familiar, que lamentablemente en España no tiene el mismo peso en las ayudas y en las políticas públicas que en otros países de nuestro entorno europeo. 




Pobreza infantil, vulnerabilidad y cuestiones de agenda  

Por EQUIPO AICTS / 4 de junio de 2017


La ONG Educo acaba de presentar un nuevo informe en el que se señala que en torno a 580.000 niños y niñas de toda España pasarán solos las tardes del verano. Los encargados de dicho estudio han indicado que el motivo se debe que sus padres y madres pertenecen al colectivo de los "trabajadores pobres" que no cuentan con recursos para poder pagar actividades extraescolares para sus hijos e hijas. Además, estos trabajadores y trabajadoras también cuentan con mayores posibilidades de encontrar empleo en el periodo estival dentro del sector turístico no cualificado, especialmente. Educo también indica que este grupo de niños y niñas en esa situación ha aumentado desde 2009, prácticamente se ha duplicado, y que son las redes familiares las que han mitigado el escenario. Además, también pone el acento en los denominados "niños de la llave", que a partir de los 11 o 12 años reciben la llave de su domicilio y están solos con los riesgos que supone en relación a conductas de riesgo vinculadas al alcohol y las drogas, la mala alimentación o la exposición a determinados contenidos en Internet.

Es evidente que en ocasiones se minusvalora el impacto en la infancia y los adolescentes de la falta de acceso a determinados recursos o actividades. Las familias de muchos niños y niñas en riesgo de pobreza y exclusión social no pueden permitirse el irse al menos una semana de vacaciones, o el participar en determinadas actividades extraescolares. Este hecho tiene un impacto en el proceso social del niño/a que, en otro orden cosas, nos lleva también a cuestiones vinculadas a los capitales sociales y culturales. Es interesante también constatar la situación de vulnerabilidad en la que quedan estos niños y niñas, estos adolescentes, que en ocasiones pasan mucho tiempo en soledad. Además, indicadores como el AROPE hacen hincapié en el peso de determinadas variables en las situaciones de exclusión social, entre ellas el poder irse de vacaciones al menos una semana al año o la diversidad de la alimentación.

Pero estos indicadores, y los procesos en los que ponen el acento entidades como Educo, Save the Children o Unicef, nos llevan a reflexionar sobre la cuestión de la pobreza infantil y su visibilidad. En un país como España en el que uno de cada tres niños se encuentra en esa situación, según datos de estos organismos, la pobreza infantil aparece en la agenda a partir de situaciones o datos como los publicados estos días por Educo, o también cuando se hizo hincapié en que muchos niños y niñas no iban a poder contar con una alimentación adecuada por el cierre de los comedores escolares en verano. La pobreza infantil es una de las principales problemáticas de nuestra sociedad porque este colectivo es vulnerable y absolutamente dependiente. Los niños y niñas dependen de la situación de su hogar, no cuentan con los medios para salir por sí solos de esa situación, al contrario. La crisis ha precarizado las condiciones de vida de buena parte de la sociedad, especialmente los colectivos que ya estaban en situación de vulnerabilidad antes de la crisis. Además, el recorte de las transferencias sociales supone la reducción de oportunidades de mitigar o corregir esa situación.

Es necesario retomar el papel de las políticas públicas para afrontar este escenario, teniendo en cuenta que la desigualdad, como la vulnerabilidad, genera más desigualdad y vulnerabilidad. No prestar la atención necesaria a este escenario, o hacerlo en un momento puntual cuando aparece una noticia alarmanente o impactante, es un grave error y también una muestra del tipo de sociedad que se está institucionalizando. Que también parte de la acción para luchar contra estos procesos quede en manos del Tercer Sector o las ONGs es un indicador de los tiempos que estamos viviendo. La presencia en la agenda pública de estas cuestiones debe ser constante y, aunque estemos "bombardeados" de datos e indicadores sobre ellas, aunque incluso ya las veamos como "lágrimas en la lluvia", no debemos dejar de prestar atención, analizar la situación, denunciarla y buscar soluciones.

Desigualdad cronificada  

Por EQUIPO AICTS / 27 de abril de 2017


El Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de publicar los datos relativos a 2015 de la "Encuesta de las Condiciones de Vida". Los mismos no muestran ninguna novedad sino que confirman las tendencias observadas desde el comienzo de la crisis sistémica en 2008. España ha visto cómo se ha cronificado la desigualdad a través de unos indicadores de pobreza y exclusión social que son alarmantes pero que ya no sorprenden porque llevamos casi una década en esta dirección. En 2015, el 5,8% de la población española se encontraba en una situación de pobreza severa, reduciéndose este porcentaje en relación con años anteriores, mientras que el 22,3% de los hogares se encontraba en una situación de riesgo de pobreza. Lo que también se constata es que la mejora de los indicadores macroeconómicos no han supuesto un gran avance en las condiciones de vida de buena parte de la sociedad y que el acceso al empleo, y dependiendo de las condiciones del mismo, no garantiza no encontrarse en riesgo de pobreza y exclusión social. 

Pero también hay que significar como esta desigualdad cronificada también tiene sus diferentes impactos. De esta forma, la tasa de riesgo de pobreza crece si hay niños en el hogar lo que sitúa en un escenario de vulnerabilidad mayor a los menores. La cuestión se torna todavía más complicada en el caso de los hogares monoparentales, generalmente encabezados por mujeres, en el que llega al 42,2%. El 48,5% de los parados también se encuentran en esa situación, especialmente en un momento en el que, como hemos visto en otros estudios, buena parte de los mismos ya han agotado todas sus prestaciones. Y de nuevo el nivel de estudios sigue siendo un indicador claramente diferenciador ya que los colectivos con menor formación cuentan con mayor riesgo. De hecho, el 10,3% de los que poseen educación superior se encuentran en esa situación frente al 29,2% de los que únicamente complementaron la primera etapa de Educación Secundaria. La población extranjera también es más vulnerable, un 52,1% del resto del mundo y un 40,3% de los procedentes de la Unión Europea, frente al 18,8% en el conjunto de los españoles. Finalmente, una de las grandes brechas de la desigualdad aparece una vez más a nivel regional. Mientras que en el norte y el eje del valle del Ebro sólo Aragón supera el 15% y País Vasco y Navarra se sitúan por debajo del 10%, seguidos de La Rioja con el 11,9%, en el sur de España la tasa de riesgo de pobreza se dispara superando el 30% en Castilla La Mancha, Islas Canarias, Extremadura, Andalucía y Ceuta, en estas dos últimas por encima del 35%, También Murcia y la Comunidad Valenciana están por encima de la media nacional. Estas diferencias obedecen, sin duda, a cuestiones estructurales de compleja o casi imposible solución.

En definitiva, nuevos datos sobre la situación de nuestra sociedad. Una sociedad cada vez más desigual y dualizada, una sociedad que ha ido perdiendo calidad de vida así como transferencias sociales a través de los recortes y ajustes de las políticas del Estado de Bienestar. Una sociedad en la que las bases de las futuras desigualdades cada vez son más fuertes y en la que las condiciones de partida son más determinantes, existiendo además menos elementos correctores a través de las señaladas políticas sociales. Nuevos indicadores con las mismas lecturas, nuevos datos que llamarán la atención un día o dos y que pasarán a la lista, a los archivos o a los trabajos de los investigadores que nos dedicamos a estas cuestiones, pero que ya se han normalizado. Una de las peores impresiones que podíamos tener.

Personas mayores solas 

Por EQUIPO AICTS / 17 de abril de 2017


Recientemente se ha publicado la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) y la misma, en sus datos relativos a 2016, ha confirmado el aumento de los hogares unipersonales en España. Es una tendencia continuada fruto de las transformaciones de la estructura demográfica y de los cambios en la sociedad. Nuestra pirámide de población va creciendo en su cúspide a medida que aumenta la esperanza de vida y mayores contingentes de la población alcanzan edades más avanzadas. Regresando al estudio del INE, en 2016 los hogares unipersonales fueron el tipo de hogar que más creció con respecto a 2015, un 1,2%, representando el 10,1% de los mismos. Es decir, uno de cada diez españoles/as vive solo/a, y el 41,7% de esos hogares correspondía a personas de 65 años o más, en mayor medida mujeres.

La tendencia se mantendrá en esta línea y ese hecho lleva a plantear numerosas cuestiones. En primer lugar, y como hemos mantenido en otros artículos, el colectivo de personas mayores es heterogéneo, presentando una diversidad de situaciones. Su estado de salud varía y no es lo mismo contar con 65 años que con 85. También son diversas las situaciones en función de variables socioeconómicas puesto que parte de este colectivo ha llegado a la edad de jubilación con unas pensiones y ahorros que les pueden garantizar por ese lado una buena calidad de vida, pero otra parte del colectivo no cuenta con ellas y se encuentra en riesgo de exclusión social, especialmente de nuevo las mujeres o las personas con pensiones no contributivas. 

Regresando a la situación de soledad de las personas mayores, no cabe duda que es un factor de vulnerabilidad de primer orden. La soledad y el aislamiento juegan en su contra y pueden generar situaciones de depresión, de desatención, de no relacionarse con su entorno, de alejarse de los familiares caso que no vivan en la misma localidad (un hecho que se puede dar especialmente en el medio rural), de no recibir la atención necesaria en situaciones de enfermedad o de accidentes, etc. Es cierto que los Servicios Sociales han avanzado en prevenir esas situaciones de soledad y aislamiento, aunque seguramente en menor medida de la necesaria. Además, servicios como la Ayuda a Domilicio, entre otros, también se han visto afectados por las políticas de recortes y ajustes. Pero no cabe duda que nos encontramos ante un escenario complejo al que es necesario profundizar en sus soluciones. Los hogares unipersonales compuestos por personas de 65 años y más van a continuar creciendo y debe actuarse en la prevención de esa soledad y aislamiento que puede darse en parte de este colectivo, heterogéneo y diverso por otra parte.

La situación del medio rural 

Por EQUIPO AICTS / 26 de marzo de 2017


No es la primera vez que abordamos la situación del medio rural en España y otros lugares en este blog de AICTS. Sin embargo, el medio rural español y su situación, o al menos una buena parte del mismo, ha adquirido una nueva dimensión en el último año. La publicación de dos libros como son el excelente La España vacía. Viaje por un país que nunca fue de Sergio del Molino (Turner, 2016) y Los últimos. Voces de la Laponia española (Pepitas de Calabaza, 2017) de Paco Cerdá han supuesto una especie de punto de inflexión que ha dado lugar a decenas de reportajes, artículos, programas de televisión acerca del despoblamiento que sufren zonas de sierra en el interior peninsular. Además, este hecho también ha puesto en valor iniciativas como el proyecto Serranía Celtibérica que, desde hace años, viene trabajando en visibilizar y concienciar sobre esta situación, entre otros muchos proyectos y acciones de territorios, municipios, asociaciones, etc.

Sin duda alguna, debemos valorar como algo positivo que se haya desplazado el foco hacia una situación que ha convertido en un desierto demográfico amplias zonas del interior peninsular de Castilla y León, Aragón, La Rioja, Castilla - La Mancha, etc., aunque son realidades heterogéneas y con diferencias entre ellas. A lo largo de décadas, incluso más de un siglo, el éxodo rural y las políticas que se han desarrollado en el conjunto del país, han ido despoblando esos territorios que se han ido quedando en una especie de olvido o limbo. La desaparición de los tejidos productivos, tanto primarios como secundarios, la dificultad de generar nuevas oportunidades de empleo en el terciario y la dejación de las autoridades durante décadas (y afortunadamente el Estado Autonómico supuso un cambio en ese sentido frente al centralista franquista, sin olvidar el peso de las ayudas europeas desde el ingreso de España en la Unión Europea en 1986) han dado lugar a una situación insostenible. De esta forma, desarrollar un proyecto de vida en estos territorios se hace muy difícil cuando no prácticamente insostenible.

Y es que nos encontramos ante una situación secular que tiene una muy difícil solución. La primera pregunta que cabría hacerse es "¿qué se quiere hacer con el medio rural?", que tiene una respuesta compleja. La segunda, como garantizar la sostenibilidad demográfica de estos territorios y cómo no dar lugar a situaciones de desigualdad en el acceso a los servicios públicos, siempre desde unos criterios racionales. En cuanto a la primera pregunta, en no pocas ocasiones las respuestas no han llegado desde el ámbito rural sino desde el urbano, donde están los centros de poder, lo que implica la necesidad de empoderar a esos colectivos. En cuanto a la segunda, la desigualdad es un hecho ya que, siguiendo el indicador AROPE de EAPN, el 35% de la población del medio rural español está en riesgo de pobreza y exclusión social. Nos encontramos con un colectivo que está marcado en primer lugar por el envejecimiento de su población, con todas las consecuencias que ello conlleva y con una mayor necesidad de determinados servicios que en no pocas ocasiones no son accesibles. En este sentido, no pocos profesionales del Trabajo Social y los Servicios Sociales han puesto de manifiesto y denunciado la situación. Pero no es el único factor ya que, además, nos encontramos con una población con menores posibilidades de acceso al mercado de trabajo en un contexto en el que se ha reducido el empleo en el sector primario y prácticamente desaparecido en el secundario. En cuanto al terciario, en no pocas ocasiones vinculado al Turismo, también cuenta con un importante componente de precarización.

En definitiva, los retos a los que se enfrenta una buena parte del medio rural en España son enormes y, lamentablemente, podemos decir que es una situación estructural cuya solución es muy compleja. Hay que partir de garantizar la igualdad de los servicios públicos para los habitantes de estas zonas y resolver aquellas situaciones de desigualdad que generan riesgo de pobreza y exclusión social. 

Proyectos sociales, inclusión y acción social 

Por EQUIPO AICTS / 12 de marzo de 2017


El sábado 11 de marzo tuvo lugar en UNED Madrid la primera sesión presencial del Máster Elaboración, Gestión y Evaluación de Proyectos Sociales en Trabajo Social que dirige la profesora de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED, e integrante de AICTS, Laura Ponce de León Romero. Este Máster multidisciplinar aborda todo el proceso de los proyectos sociales como una herramienta para la acción y la inclusión social. La intervención en las diferentes problemáticas sociales precisa de una capacidad de adaptación a un entorno cambiante así como abordar aspectos que hasta la fecha han estado en un segundo plano, como por ejemplo el valor de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), Internet y las Redes Sociales, o la constitución de asociaciones, la generación de autoempleo, etc. En esta tercera edición, el presente Máster está profundizando en estas cuestiones. 

La primera sesión presencial contó con la presencia de la propia Laura Ponce de León y del profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja, y miembro de AICTS, Sergio Andrés Cabello, así como de varios estudiantes del Máster, tanto en la propia Facultad de Derecho de la UNED Madrid como virtualmente. Ponce de León y Andrés Cabello abordaron la situación del Estado de Bienestar, cuáles son sus retos y las problematicas sociales, antiguas y nuevas que deben abordar las políticas públicas, así como el valor de las Redes Sociales como una herramienta de visibilidad, concienciación y de acción. El debate giró en torno a dos ámbitos: la deriva de la sociedad ante una crisis sistémica y la pérdida de valores de la misma, con la implatanción de un individualismo que atenta contra la solidaridad y la cohesión social, y cómo responder antes este desafío a través de las herramientas digitales.

En torno a la primera cuestión, se reflexionó acerca de los recortes sufridos por las políticas públicas que afectan a los pilares del Estado de Bienestar (Educación, Sanidad, Servicios Sociales y pensiones) y se señaló la falta de referentes y de medidas que hayan podido mitigar estos efectos, dando lugar a un incremento de la desigualdad y de la exclusión social. Con respecto a las Redes Sociales, se señaló que eran muy importantes para visibilizar y concienciar a la población acerca de las problemáticas sociales, pero también se indicó que se corría el riesgo de que se convirtiesen en un fin en sí mismas y no en un medio, así como el hecho de que se produzca una cierta banalización en su uso. Sin embargo, los asistentes sí que consideraron el valor y su importancia pero se indicó la importancia de pasar de procesos micro a otros más macro y que se pueda articular una acción social transformadora.

Finalmente, Laura Ponce de León insistió en la viabilidad de una herramienta como son los proyectos sociales, en la importancia de la evaluación de los mismos como una garantía de eficiencia y de constante mejora. En este sentido, estudiantes presentes expusieron sus experiencias en ese sentido y se indicó la necesidad de profundizar en los procesos de evaluación en todas las etapas de los proyectos sociales.

La dramática situación de los cuidadores no profesionales 

Por EQUIPO AICTS / 06 de marzo de 2017


Cuando en diciembre de 2006 se aprobó la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia, conocida como "Ley de Dependencia", España se sitúo a la vanguardia de las medidas para atender a este colectivo, especialmente vulnerable. Una de las medidas más importantes de esta legislación era el reconocimiento a la labor desempeñada por los cuidadores y cuidadoras de las personas dependientes, personas que habían sacrificado su vida para atender a sus familiares. El hecho de darles de alta en la Seguridad Social suponía una salvaguarda de sus derechos y poder acceder a las prestaciones de jubilación. Estamos hablando de un colectivo invisible, formado en su gran mayoría por mujeres. Cuando llegó la crisis sistémica de 2008 y comenzaron a aplicarse las medidas de recortes y ajustes presupuestarios en las políticas públicas, la "Ley de Dependencia" fue una de las más afectadas, variando las situaciones en función de las Comunidades Autónomas.

En los últimos días se ha publicado la noticia que señala que el 94% de los cuidadores no profesionales no cotiza. El dato es demoledor y sobran los comentarios que se puedan añadir. La diferencia es abismal, si en diciembre de 2011 había más de 170.000 cuidadores no profesionales cotizando a la Seguridad Social, en la actualidad son menos de 10.000 los que se encuentran en esa situación y el descenso ha sido similar en todas las regiones. Los recortes presupuestarios han afectado directamente a la "Ley de Dependencia" y en 2012, los cuidadores no profesionales tuvieron que optar por mantenerse en el convenio especial suscrito por los cuidadores no profesionales. La gran mayoría, como hemos visto, no pudo afrontarlo y se dieron de baja. Sin duda alguna, las consecuencias de este hecho es una regresión al pasado, cuando de nuevo estas personas tienen que sacrificar sus vidas para cuidar a sus dependientes, que también han visto empeorar sus condiciones de vida debido a los recortes presupuestarios.

Y es que el colectivo de las personas dependientes, como indicábamos anteriormente, es uno de los que se encuentran en una situación más elevada de vulnerabilidad. Partiendo de la heterogeneidad de situaciones, los indicadores constantemente nos muestran sus dificultades y los recortes en las políticas públicas no hacen sino agravar su situación. A ello se suma lo que implica para sus familias que, gracias a la "Ley de Dependencia", habían logrado también ciertos reconocimientos y apoyos y ayudas. Sin duda alguna, nos encontramos con un escenario que tiene que ver con la vulneración de los derechos y con la desigualdad, un hecho que no hay que dejar de denunciar constantemente. 

Brechas digitales

Por EQUIPO AICTS / 19 de febrero de 2017


Recogía el Catedrático de Sociología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Fernández-Enguita, en su muy recomendable blog Cuaderno de Campo hace unas semanas el impacto de la brecha digital en la Educación mediante el artículo “La brecha digital es ya una brecha escolar”, que había publicado en ElEconomista.es. Como en numerosas ocasiones, Fernández Enguita acierta al señalar algunos de los aspectos vinculados a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) y las desigualdades que pueden generar: “pero el acceso es solo una parte: la otra es el uso, en el que vemos una brecha de segundo orden o secundaria. No es lo mismo utilizar la tecnología para crear que para consumir cultura, no es igual aprender a programar que tontear en las redes sociales”.

Fernández-Enguita muestra cómo se está produciendo una brecha digital en esa dirección y que tiene tanto un carácter individual como colectivo. En el segundo caso, las desigualdades vienen marcadas por el centro en el que uno esté estudiante que, como bien sabemos, en parte viene determinado por el origen económico y social de las familias y el “efecto compañero”. En relación a las TICs, volvemos a ver esa reproducción de las desigualdades y la generación de nuevas que se van generando a una gran velocidad. Y es que no todas las personas y colectivos van a estar en las misma disposición ya no sólo del acceso, que está muy universalizado, sino del tipo de uso que van a llevar a cabo como indica Fernández-Enguita.

En no pocas ocasiones, el foco de la brecha digital se ha puesto en la accesibilidad. Es un hecho que hay colectivos que no cuentan con la misma, estableciéndose categorías como “nativos digitales”, “inmigrantes digitales”, etc. Pero, en la actualidad, la gran mayoría de los hogares cuentan con teléfonos móviles y ordenadores. El esfuerzo y el autoaprendizaje de no pocas personas que nunca pensaron que aprenderían a manejar estos dispositivos es una realidad. Pero también encontramos como todavía hay gente que no sabe acceder a una plataforma de una empresa para remitir un currículum. Y en ese sentido aparece también qué hacemos con las TICs y para qué las empleamos. Redes Sociales, remitir un correo electrónico, Skype u otras aplicaciones son utilizadas por la mayoría sin dificultades. Pero el problema de fondo es mucho mayor. No contar con las herramientas de aprendizaje para sacar el partido posible a las TICs, el que otros le están sacando, crea una brecha digital muy amplia que está en interrelación con el resto. Y es que las desigualdades nunca van solas, se complementan y retroalimentan. Por eso, posiblemente tengamos ya que no hablar de una brecha digital sino de brechas digitales, las cuales no son independientes las unas de las otras.

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