Los retos del envejecimiento

Por EQUIPO AICTS / 15 de agosoto de 2018


En las últimas semanas han sido publicados diferentes reportajes en los medios de comunicación sobre el proceso de envejecimiento de la población, el aumento de la longevidad y los retos en relación a la dependencia y los cuidados. Ciertamente, nos encontramos ante la clase de artículos que, frecuentemente, vienen señalando los diferentes desafíos de nuestras sociedades occidentales en relación al envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, hecho que también tiene diferentes implicaciones. Desde AICTS, una de las principales líneas de investigación y trabajo abordada es la relativa a esta cuestión, enfocada fundamentalmente a partir del Trabajo Social pero sin descuidar al resto de las Ciencias Sociales. De hecho, la profesora de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED, Directora del Departamento de Trabajo Social de esta universidad, e integrante de AICTS, Laura Ponce de León Romero, será una de las coordinadoras de la mesa de trabajo "Cómo afrontar el envejecimiento de la población" en el III Congreso Internacional de Trabajo Social (CIFETS 2018) y XII Congreso de Facultades y Escuelas de Trabajo Social, que tendrá lugar en Bilbao del 14 al 16 de noviembre de 2018


Es un hecho contrastado que el aumento de la esperanza de vida sigue de forma ascendente, superando los ochenta años e incluso con perspectivas más elevadas. Sin embargo, no es menos cierto que aparecen aquí retos en relación a cómo afrontar ese envejecimiento de la población. En primer lugar, hay que tener en consideración la heterogeneidad de situaciones, en función del estado en que se llegue a la vejez. Todo el mundo no mantiene las mismas capacidades y la variabilidad de posibilidades es amplia, dándose casos de personas que siguen muy activas en ese periodo de su vida y otras aquejadas de enfermedades, discapacidades o las derivadas por el deterioro de la edad. Igualmente, también se plantea el hecho del cómo se vivirá en ese periodo en un contexto de debate en torno a las pensiones, con profundas transformaciones en el mercado laboral y la estructura productiva, lo que implica menos cotizantes, en un escenario de regresión demográfica, y enormes dudas en relación a la sostenibilidad del sistema. Es, sin duda alguna, uno de los grandes desafíos y retos para abordar ya a corto plazo. 

Pero, otra de las cuestiones centrales de todo este proceso, es el relativo a la dependencia y los cuidados. Las diferentes formas de llegar y vivir la vejez, el incremento del número de personas que llegan a esta etapa de la vida, y el aumento de la longevidad, están poniendo el acento también en los cuidados. Sin embargo, los recortes y ajustes que se han llevado a cabo en el Estado de Bienestar y en las políticas públicas, especialmente a partir de la crisis de 2008, han generado muchas dudas en relación a los cuidados. Es obvio que serán cada vez más necesarios y que más personas serán susceptibles de precisarlos, pero no es menos cierto que, de seguirse en esta dirección, las personas dependerán cada vez más de los recursos que hayan podido acumular a lo largo de su vida o de la solidaridad familiar, recayendo la atención en no pocas ocasiones en personas de la misma familia, generalmente mujeres. Este hecho no es tampoco una novedad en un Estado de Bienestar de carácter familista, como es el caso del español. Afrontar la cuestión de los cuidados desde el ámbito de las políticas públicas implica tomar en consideración que no pueden quedar en manos del mercado o depender de las posibilidades de las personas y las familias, sino que debe ser un ámbito central de las mismas, aunque nuestra posición de partida no sea la más favorable ya que los Servicios Sociales ha sido la parte menos desarrollada de nuestro Estado de Bienestar.

El debate sobre la inmigración

Por EQUIPO AICTS / 15 de agosoto de 2018


Desde hace un par de meses, el debate sobre la inmigración ha alcanzado un nueva dimensión en España, aunque no es menos cierto que parece un salto hacia adelante en un proceso más amplio, lamentablemente. Mientras que en parte de Europa ha dado lugar a discursos y medidas de carácter populista y xenófobas, en España habían quedado más soterradas. Pero los acontecimientos de estos últimos meses han despertado el uso político y demagogo de la cuestión migratoria, así como el falseamiento de los datos o su uso incorrecto. Que la situación del Mediterráneo, la frontera sur de la Unión Europea (UE), es insostenible es un hecho. La crisis de los refugiados procedentes de Siria, las rutas migratorias, el escenario en un Estado fallido como Libia, las negociaciones de la UE con el mismo y Turquía, las medidas del gobierno italiano, etc., están acentuando este hecho. Pero, la realidad más evidente es que miles de personas y familias ponen en riesgo su vida para alcanzar un proyecto de vida mejor, huyendo de la pobreza, la precariedad y las zonas de conflicto.

La resolución de la primera crisis humanitaria del Aquarius, con la medida del Gobierno español de aceptar la llegada a puerto de esa embarcación, dio lugar a una serie de discursos en los que se hablaba de "efecto llamada" y de un escenario de insostenibilidad en la frontera sur de España, especialmente en Ceuta y Melilla y las costas de Andalucía. Aunque es cierto que ha habido un incremento de las personas que están entrando por esas vías, debido al cierre de otras rutas migratorias, del relajo de los controles por parte de Marruecos y de procesos más cíclicos, la realidad es que la gran mayoría de las personas que entran en España lo hacen a través de los aeropuertos y que por el litoral representan el 10%, jugándose y perdiendo la vida en pateras y embarcaciones precarias. Además, hay que considerar que para buena parte de la inmigración, España es una etapa de tránsito hacia otros países del norte de Europa. De esta forma, los diferentes indicadores nos muestran cómo no se está produciendo una "crisis migratoria" en nuestro país, a pesar de los discursos del miedo sobre la cuestión. Otro dato interesante sobre la cuestión nos lo muestra el Eurobarómetro y la diferencia entre la percepción del porcentaje de inmigrantes en los diferentes países de la UE y la realidad: en la gran mayoría de los países se piensa que es mayor que el real, por ejemplo en Italia el 24,5% frente al 6,8% real, en España del 23,2% al 8,5%, o en Portugal un 20,6% frente al 6,2%.

Que la inmigración supone un importante reto para nuestros países es una realidad. Que es una situación que afecta al conjunto de Europa y que la frontera sur, el Mediterráneo, es la zona más compleja, también. Pero no debemos olvidar el hecho ya señalado al comienzo de este artículo, la gran mayoría de los inmigrantes toda la decisión de dejar sus países y sociedades en busca de mejores oportunidades de vida, posiblemente las únicas que tienen ante la imposibilidad de llevarlas a cabo en las mismas. En la muchos casos, son personas cualificadas las que dejan estos países, perdiéndose capital humano en sus sociedades de origen. Quedan sujetos a trayectorias de riesgo, en no pocas ocasiones en manos de mafias o a la merced de estados fallidos, jugándose la vida y perdiéndola en no pocas ocasiones. Finalmente, casi todas nuestras sociedades occidentales se encuentran inmersas en crisis demográficas de bajas natalidades y fecundidades, lo que implica que la inmigración es uno de los medios para afrontar esta situación. Levantar vallas y muros en forma de discursos populistas y xenófobos, como está ocurriendo explícitamente en Italia, Polonia, Hungría, etc., y comenzar a hacerlo aquí, generando alarmas no justificadas, es entrar en un camino sin retorno. Esperemos que sea de corto recorrido pero mucho nos tememos que no hay muchas esperanzas en ese sentido.
 

El ascensor social, ¿se reparará?

Por EQUIPO AICTS / 18 de junio 2018


Los medios de comunicación se han hecho eco de un nuevo informe de la OCDE titulado A Broken Social Elevator? How to Promote Mobility, que muestra la movilidad intergeneracional en diferentes países. En el caso español, aunque levemente mejor que la media de la OCDE, la realidad muestra un importante estancamiento de dicha movilidad horizontal y en el que las posiciones se mantienen generación tras generación. Y, lo que es peor, los cambios estructurales que se están dando en nuestras sociedades están dando lugar a una precarización de amplias capas de las mismas así como a la reproducción de dichas posiciones y de la desigualdad. Por lo tanto, los datos que nos muestra la OCDE no son una novedad, pero sí que es cierto que se han recrudecido en la última década, y que han pasado un tanto desapercibidos en la vorágine informativa a la que nos vemos sometidos.

La moviliad social siempre ha sido una de las grandes aspiraciones de los individuos y las familias, así como la esperanza para sus descendientes y futuras generaciones. Promover la mejora de las condiciones de vida y los procesos de igualdad de oportunidades son dos de los principios del Estado de Bienestar, ambos determinantes para la movilidad social. España era un país muy estratificado hasta hace unas pocas décadas en el que dicho ascensor social era prácticamente inamovible. El acceso a la Educación y, especialmente, a la universitaria para amplias capas de las clases medias crecientes y de las clases obreras, que se irían transformando en medias, sería determinante. La Educación era vista como la gran palanca del ascensor social, a través de la misma se lograría una cualificación que permitiría acceder a empleos alejados del trabajo manual, de las fábricas, de la agricultura, etc. Es un proceso que se basó en dos grandes vías, por un lado el gran sacrificio de las familias para permitir que sus descendientes acudiesen a la Universidad y, posteriormente, las políticas públicas del Estado de Bienestar a través de becas, ayudas y de la universalización de la educación obligatoria. Fue un éxito del Estado de Bienestar español, aunque no dejó de tener sus contradicciones y dudas, especialmente porque un significativo contingente de la población no llegaría a superar la educación obligatoria, con importantes tasas de fracaso y abandono escolar.

Esa base de desigualdad y de reproducción de las condiciones de partida no se solucionó nunca y se reproducirían las desigualdades, ya estructurales. Mientras tanto, el acceso a la Universidad y la consecución de un título siguió funcionando como la llave de la movilidad social, a pesar de los síntomas que se observaban de agotamiento. Las exigencias iban subiendo de nivel y, los grupos sociales en situaciones privilegiadas irían cerrando las puertas a través de otras fórmulas que no eran nuevas, por ejemplo formaciones complementarias, costes directos e indirectos, etc. La crisis de 2008 supuso una transformación de la estructura social y el despertar de buena parte de la clase media a la realidad. Ya no es que no se fuesen a cumplir los deseos de movilidad para sus hijos e hijas, sino que para parte de ellos y ellas mismas supondría ver cómo esa movilidad se volvía descendente. Un durísimo golpe para al valor de la Educación, sin duda alguna. Esta década ha supuesto observar cómo la meta se ha puesto cada vez más lejos y que, la carrera a desarrollar, será cada vez más dura y que las condiciones de partida vuelven a ser tan determinantes como hace unas décadas, incluso estaría por ver si no más.

¿Se podrá arreglar el ascensor social?, la pregunta tiene una complicada respuesta por las condiciones estructurales en la que nos encontramos y por la evolución del sistema productivo. Las noticias no son buenas. Hay una disonancia cada vez más clara entre los universos simbólicos interiorizados y la realidad. El nivel de estudios sigue beneficiando el acceso a unos determinados puestos de trabajo y, a menor cualificación, las posibilidades de caer en situaciones de precarización son mayores. Si se contaba con un importante contingente de la sociedad que no tenía posibilidades de coger el ascensor social, en la actualidad se ha ampliado, incluso para parte de las clases medias. El ascensor social no sólo se recuperará a través de las políticas públicas sino con cambios en un modelo productivo marcado por la Globalización y por dinámicas que ya están fuera de la esfera de los Estados. 

 

La importancia de los cuidados 

Por EQUIPO AICTS / 7 de mayo de 2018


El pasado 30 de abril El País publicaba un interesante artículo sobre el papel de los cuidados en nuestra sociedad y su crisis bajo el título No nos cuidamos. A lo largo del mismo, se presentaban algunas investigaciones sobre la cuestión, publicaciones así como algunos indicadores de su situación. Algunos de los mismos son conocidos como el hecho de encontranos en no pocas ocasiones ante tareas no remuneradas, su peso en nuestra sociedad que ni es reconocido ni es visible, el mantenimiento de los roles de género (el peso de los cuidados sigue recayendo principalmente en la mujer), etc. Además, se hacía referencia a un estudio de próxima publicación sobre la cuestión a cargo de María Ángeles Durán que señala que las labores de cuidados, incluidas las tareas domésticas, equivaldrían a 28 millones de puestos de trabajo a tiempo completo. Igualmente, se incidía en la situación de crisis de los cuidados a través de los recortes y ajustes presupuestarios en los las políticas públicas y, especialmente, al individualismo imperante en nuestras sociedades posmodernas.

Desde AICTS, una de nuestras líneas de investigación centrales está vinculada precisamente a la cuestión de los cuidados a través de procesos como el envejecimiento de la población, encabezada por Laura Ponce de León (UNED), y a la importancia de las políticas públicas del Estado de Bienestar. No cabe duda que estamos ante una serie de transformaciones centrales que están afectando a los cuidados y que una serie de procesos, algunos de ellos bien formulados en el artículo señalado. En el mismo se hace también referencia a la externalización de los cuidados debido a la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, pero este hecho nos lleva a dos cuestiones que también hemos planteado en otras ocasiones: la ya señalada en esta entrada sobre la brecha de género en los cuidados y la conciliación de la vida familiar y laboral. Mientras que no se avance, y se han dado muchos pasos positivos, en una corresponsabilidad total entre los dos integrantes de una pareja, las tareas domésticas, los cuidados, etc., seguirán cayendo en mayor medida del lado de la mujer. En cuanto a la conciliación, estamos ante una de las grandes debilidades de nuestra sociedad. No somos una sociedad que concilia de forma acertada la vida laboral y familiar. Al contrario y, además, la conciliación sigue estando más identificada con la mujer que con el hombre, lo que no hace sino reproducir la desigualdad de género en la cuestión de los cuidados. A todo ello hay que añadir los recortes en las políticas públicas, otro factor que contribuye de forma decisiva en esa crisis de los cuidados. Si la conocida como Ley de la Dependencia de 2006 reconocía la función de las cuidadoras y cuidadores, los sucesivos recortes y ajustes se llevaron por delante buena parte de estos avances.

Pero no debemos tampoco olvidar otro de los puntos a los que aludía el artículo: el individualismo de nuestra sociedad. Sin duda alguna nos encontramos ante un hecho en el que profundizar, la relación de esa crisis de los cuidados con los valores imperantes en nuestras sociedades. Las dos últimas décadas han dado lugar al dominio de valores individualistas, consumistas y materialistas. Y aunque la familia ha sido determinante, y continúa desempeñando esa función, al mitigar los efectos de la crisis y al seguir siendo una red de seguridad de primer orden, no es menos cierto que podemos señalar, como hipótesis, que tendrá muchas más dificultades en poder desempeñar esas funciones ya que ha sufrido un desgaste material (sus recursos disponibles y los que tendrán las siguientes generaciones) así como por esos nuevos valores dominantes. Ya no es sólo que esas redes se debiliten sino que parte de nuestra sociedad "compra" recetas de carácter neoliberal, recetas en las que prima el "sálvese quién pueda" y donde la solidaridad pasa ya no a un segundo plano sino a un tercero. Es necesario fortalecer y construir sobre los valores solidarios presentes y ser conscientes que, en un mundo dominado por el individualismo, todos y todas tenemos las de perder. La situación de los cuidados es un indicador más.

La incesante segregación escolar 

Por EQUIPO AICTS / 30 de abril de 2018


Save the Children ha presentado recientemente un interesante y completo informe bajo el título Mézclate conmigo. De la segregación socioeconómica a la educación inclusivaRealizado por Lucía Martínez y Álvaro Ferrer, a través del análisis de diferentes fuentes secundarias y de técnicas cualitativas, el trabajo nos muestra una de las cuestiones más complejas que afectan al sistema educativo como es la segregación educativa y la concentración de una serie de colectivos, especialmente aquellos en situación de riesgo de pobreza y exclusión social, en determinados centros. Los datos no pueden ser más elocuentes ya que, en la actualidad en España, prácticamente la mitad del alumnado estaría escolarizado en centros con concentración de alumnado vulnerable, prácticamente en su totalidad públicos, habiéndose generado "centros guetos". Es decir, nos encontramos ante un hecho de graves consecuencias ya que implica mayores posibilidades de reproducción de la desigualdad social ya que, como bien muestran estudios como PISA entre otros, existe correlación entre el rendimiento académico y el nivel socioeconómico de las familias. Igualmente, no es menos cierto que hechos como el "efecto compañero" o el "efecto Mateo" están muy presentes en la capacidad para aprovechar mejor las oportunidades que ofrece el sistema educativo, siendo los grupos sociales en situaciones más ventajosas los que mejor lo aprovechan.

No es una cuestión novedosa la que se plantea en este informe, al contrario, la Sociología de la Educación tiene en este campo uno de sus objetos de estudio más importantes. Hablar de segregación escolar nos lleva a una paradoja en relación a una de las funciones fundamentales de la educación: la reducción de las desigualdades, la movilidad social y la equidad. En España, la segregación escolar ha sido estudiada por diferentes investigadores, desde Mariano Fernández-Enguita a José Saturnino Martínez García, entrando a considerarse cuestiones como la elección de centro y la capacidad de hacerlo (y aquí no hay que olvidar el Artículo 27.3 de la Constitución de 1978), los capitales (económicos, sociales, culturales) de los que disponen las familias, los costes directos e indirectos, etc. Todo ello conforma un escenario complejo que no cuenta con soluciones sencillas pero en el que tienen un importante peso las políticas educativas.

Aunque fue con el crecimiento del alumnado extranjero en la primera década del siglo XXI cuando se alcanzó una mayor visibilidad de esta cuestión. Fue un fenómeno para el que ni la sociedad ni el sistema educativo estaban preparados, una transformación sin precedentes de la estructura social. El proceso de escolarización de este colectivo se centró mayoritariamente en colegios públicos, el 81% del mismo se encuentra en ellos, generándose a su vez una "salida" del alumnado autóctono hacia otros centros, principalmente concentrados. En los barrios de las ciudades en los que se instalaban los inmigrantes, sus centros escolares se caracterizaban por una mayor heterogeneidad del alumnado así como por mayores necesidades de políticas compensatorias e inclusivas ya que parte del mismo contaba con importantes dificultades para acceder al sistema, desde proceder de modelos educativos diferentes hasta el desconocimiento del idioma. Sin embargo, esta concentración de estudiantes extranjeros, y de segundas generaciones posteriormente, estigmatizó a no pocos colegios.  

No cabe duda que las políticas educativas fallaron al abordar esta cuestión pero no es menos cierto que es un hecho estructural. Es decir, la segregación escolar en España ya estaba presente antes de la llegada del alumnado extranjero. Determinado nuestro sistema educativo por el peso de la Iglesia Católica durante siglos y la escasa inversión en la red pública (exceptuando la experiencia de la Segunda República, este hecho no comienza a corregirse hasta la Ley General de Educación de 1970), la segregación socioeconomómica ya venía dada por la capacidad de ciertos colectivos de elegir determinados centros educativos, que se verá incrementada por las diferencias socioeconómicas entre los diferentes barrios y que, con sl sistema de conciertos educativos, entrará en otra dimensión. Además de esta segregación estructural, no debemos olvidar a un colectivo que primero estuvo excluido del sistema educativo y luego claramente segregado como es el de los gitanos.

A pesar de los avances evidentes del sistema educativo español, de los éxitos cosechados e indiscutibles en las décadas de desarrollo del Estado de Bienestar, con el incremento de los niveles educativos y el acceso de amplios contingentes de las clases trabajadoras y medias a los estudios superiores, no es menos cierto que estos déficits siguen estando presentes y que la segregación escolar es causa y consecuencia de los mismos. No es casualidad que el abandono y el fracaso escolar afecte en mayor medida a colectivos más vulnerables. Además, las políticas de ajuste y recorte de los presupuestos en educación vienen afectando a los programas de educación compensatoria e inclusiva, lo que ha incrementado el escenario de desigualdad para estos grupos. 

La educación tiene numerosas funciones y una de ellas y de las más significativas, como ya hemos señalado, es la lucha contra la desigualdad y la apuesta por la equidad. Sin embargo, y aunque insistimos que el sistema educativo no ha sido nunca plenamente igualitario, las diferencias se han mantenido de forma directa o indirecta, no es menos cierto que estamos en un camino regresivo. Las nuevas tendencias de carácter neoliberal y mercantilizador de la educación, junto con los mencionados recortes y ajustes, están suponiendo un duro golpe a las bases de ese sistema educativo que ha reducido sus transferencias sociales, habiendo aumentado el gasto de las familias en el campo educativo por ese motivo. En este escenario, la segregación escolar no solo tiene todos los números para mantenerse sino para aumentar, teniendo mucho menos margen la educación para cumplir esas funciones asignadas, soportando mayores presiones si cabe en una y otra dirección. 

El papel de los abuelos y abuelas 

Por EQUIPO AICTS / 14 de abril de 2018


En el Blog de AICTS hemos hecho referencia al papel de las personas mayores en nuestra sociedad y a los escenarios que les afectan, destacando la importancia del envejecimiento activo, así como la situación de la estructura social ante las tendencias demográficas que apuntan al envejecimiento de la ponblación, por no olvidar a las pensiones. Por todos estos motivos, adquieren mayor valor los datos del último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente al mes de marzo. Algunas de las preguntas hacían alusión directa al papel de abuelos y abuelas en nuestra sociedad, pero también nos reflejan los cambios que se están produciendo en la misma. Por ejemplo, un 85,6% de los encuestados/as señalaba que tiene o había tenido relación con sus abuelos/as, señalándose las actividades que comparten, o habían compartido con ellos y ellas: reuniones para celebraciones especiales (90,7%), contar historias sobre la familia (84,1%), jugar con ellos/as (69,5%), pasar temporadas o vivir con ellos/as (66%), ayuda económica (29,9%), ayuda en las tareas domésticas (27,4%), ayuda en los estudios (19,45%), ayuda en el cuidado de los hijos/as (13,6%), compartir un grupo de mensajería o red social virtual (5,3%). De estas respuestas se observan dos categorías. Una primera hace referencia a aspectos relacionales, que son los mayoritarias, lo que muestra la importancia de la red familiar en nuestro país, siendo en gran medida intangibles pero con una importante aportación para los individuos y las familias en el plano emocional, psicológico e identitario. El segundo grupo se vincula con contribuciones más directas como las ayudas económicas, en las tareas domésticas, en los estudios y en el cuidado de los hijos, algunas de ellas claves en momentos de crisis, en situaciones de pérdida y precariedad del empleo, o en la conciliación de la vida familiar y laboral que, en no pocas ocasiones, es posible en gran medida gracias a abuelos/as.

Pero hay que destacar de nuevo la percepción de la sociedad española en relación al papel de los abuelos/as. Y es que para los encuestados/as que tienen o han tenido relación con ellos/as su principal contribución a la sociedad es la ayuda económica (37,7%), seguida de mantener la familia unida (25,7%), cuidar de otros miembros de la familia (23,8%), dar apoyo emocional o cariño (23,4%), dar consejos (23,1%), disfrutar de los nietos (18,8%), ayuda en las tareas domésticas (12,8%) y transmitir la historia de la familia (10,7%). De nuevo aparecen elementos tangibles e intangibles pero destacan las diferencias entre la percepción y las respuestas de la pregunta anterior. Uno de cada tres encuestados señala que la principal contribución es la ayuda económica mientras que el porcentaje desciende con respecto a la ayuda doméstica. Pero esta consideración de las aportaciones a la sociedad, así como las relaciones con abuelos y abuelas, vuelve a mostrarnos la importancia de las personas mayores en nuestra sociedad, de las redes familiares y la naturaleza familista de nuestro Estado de Bienestar y de nuestras políticas públicas, situación acrecentada a raíz de la crisis sistémica que comenzó en 2008 pero que era secular. 

Otras preguntas también mostraban valoraciones acerca de la situación de las personas mayores y de la relación entre éstas y los jóvenes. Así, mientras que un 41,8% de los encuestados/as señalaban que los jóvenes trataban a las personas mayores con indiferencia mientras que sólo un 37,2% indicaban respuestas positivas. En cuanto al comportamiento de los mayores con los jóvenes, los valores positivos alcanzaban el 76,1%. Además, un 59,1% indicaba que los hijos e hijas atendían en la actualidad peor que antes a sus padres mayores mientras que sólo un 5,8% señalaba que mejor. Son respuestas que indican, por un lado, algunos cambios en esas relaciones, o al menos en su percepción, pero en las que también puede darse alguna cierta "idealización" del pasado. 

En definitiva, la importancia de las personas mayores en nuestra sociedad es relevante y, dentro de las redes familiares, todavía más determinante. Sin embargo, este colectivo también está sufriendo un elevado desgaste a lo largo de estos años consecuencia de las elevadas tensiones a las que se le está sometiendo. Han sido determinantes, y lo siguen siendo, en los apoyos a sus hijos/as y nietos/as, pero es necesario cuidarlos mucho más y poner en valor su papel, sin olvidar los aspectos más intangibles y emocionales a los que hacíamos referencia anteriormente. Un colectivo, por cierto, que se encuentra en plena reivindicación de sus pensiones, la cual tendría que ser de toda la sociedad. 



Protesta social y Derechos Sociales 

Por EQUIPO AICTS / 19 de marzo de 2018


Las últimas semanas están siendo muy relevantes en las protestas sociales que se están produciendo en España en torno a algunas cuestiones relacionadas con el Estado de Bienestar, las políticas públicas y sociales y las desigualdades. Por un lado, los pensionistas han tomado las calles para protestar por la situación de sus prestaciones y por el poco ascenso de las mismas, situándose por debajo del incremento del coste de la vida. Por otra parte, el 8 de marzo se produjeron movilizaciones que visibilizaron la desigualdad de la mujer, produciéndose huelgas y, especialmente, manifestaciones multitudinarias en toda España. En todo caso, dos movimientos que han sido muy transversales, con la presencia de personas de diferentes ideologías, clases sociales, niveles socioeconómicos, etc. Sin duda alguna, ha sido uno de sus principales valores en ambos casos, pero ambos movimientos nos muestran varios indicadores de la situación actual, con sus diferencias y puntos en común.

Los jubilados son uno de los colectivos que se encuentran en una especial situación de vulnerabilidad. Además, desde el comienzo de la crisis sistémica, una buena parte del mismo ha sido el sustento de sus hijos y nietos que se vieron afectados por las pérdidas de sus empleos, el final de prestaciones o la precarización de los trabajos. El escaso aumento de sus pensiones y la incertidumbre hacia el futuro de las mismas, una vez que la denominada "hucha de las pensiones" se ha agotado y que se está produciendo un cuestionamiento del mismo sistema junto con una indisimulada puesta en valor de otros modelos para el futuro, ha despertado una voz de alarma tanto para el presente como para el futuro. Sin duda alguna, está suponiendo una movilización que es un ejemplo para el resto de generaciones en un contexto cada vez más complejo.

Las reivindicaciones de las mujeres demandando la igualdad no son nuevas, ni mucho menos, pero no habían alcanzado una visibilización tan poderosa como la del 8 de marzo. Las mujeres se encuentran en una posición de desigualdad en relación a los hombres en todos los ámbitos, desde el salario hasta la conciliación de la vida familiar y laboral, sin olvidar situaciones intolerables como la violencia de género. Las mujeres salieron a la calle también a demandar y reivindicar esa igualdad y, a pesar de que se ha avanzado notablemente en las últimas décadas, queda mucho camino por recorrer.

No cabe duda que estos dos movimientos son muy importantes y que tienen una relación directa con el modelo de sociedad que queremos y las políticas públicas de carácter social pero las fuerzas a las que se enfrentan son poderosísimas. No cabe duda que el resto de la sociedad debemos implicarnos en estos movimientos y demandas porque en ellas vamos todos y todas, nos afectan al conjunto de la sociedad y a las generaciones futuras. Sin embargo, las políticas neoliberales se están imponiendo claramente con sus ajustes, recortes y privatizaciones en diferentes ámbitos, y las pensiones están en el ojo de mira. Por otro lado, también hay una parte de la sociedad que no está por la labor y que defienden otros valores y modelos de sociedad. Es un hecho que tampoco debemos olvidar porque están ahí. La labor es dura y complicada pero somos muchos y muchas más y debemos demandar esos Derechos Sociales, los presentes y futuros, que suponen un compromiso con la equidad y la igualdad. Sí, la partida es complicada, nunca fue fácil, pero ahora no hay que rendirse. 



El futuro de la Universidad  

Por EQUIPO AICTS / 22 de enero de 2018


Hace unos días se presentó el estudio ¿Quién financia la Universidad? Comparación entre comunidades autónomas, España, Europa y la OCDE, 2009-2015, a cargo del Observatorio del Sistema Universitario de la Universidad Complutense de Madrid y que ha tenido una importante repercusión en los medios de comunicación. Lo cierto es que dicho informe no puede arrojar un escenario más desalentador en el periodo analizado como consecuencia de los recortes y ajustes presupuestarios: los ingresos no financieros de las universidades descendieron un 20,2% y la financiación pública un 27,7%; las tasas universitarias han aumentado; la diversidad entre Comunidades Autónomas de estas medidas es muy acentuada; estos procesos impactan igualmente en el profesorado y la investigación, precarizándose unas plantillas cada vez más reducidas; y España cada vez se distancia más de los países de su entorno en inversión universitaria, habiéndose situado por debajo de la media de la UE y de la OCDE. 

Pero no es un proceso nuevo sino que responde a una deriva hacia el modelo británico de educación superior en el que el peso de la misma va poniéndose cada vez más del lado del estudiante, que debe costeársela. Y de esta forma se rompe con el valor de un servicio público esencial como es la formación universitaria. Que la universidad española tiene sus deficiencias y fallos es un hecho, pero no es esta la vía para solucionarlas. Los ataques contra esta institución, que vienen de no pocos frentes, encuentran su justificación en la alusión a la calidad de la misma o a su posición en los rankings internacionales, en lo que es una lectura cargada de intencionalidad y con bastantes limitaciones ya que habría que profundizar en cómo se construyen los mismos y en los factores que marcan las valoraciones. Por otra parte, también se hace referencia continuamente a la cuestión de la financiación pero cuyo significado no es otro que el recorte del gasto público. Y no podemos olvidar lugares comunes referidos a la gran cantidad de estudiantes universitarios que existen o a que se estudian carreras que no tienen salida laboral, argumentos de nuevo muy parciales e interesados.

Frente a estas posiciones, cada vez con más peso en una trayectoria más mercantilizada de la educación en todos sus niveles, hay que seguir defendiendo el valor social de la universidad, su importancia para los individuos y sociedades, así como la incidencia de la educación en conseguir una mejor calidad de vida y en la movilidad social, a pesar del impacto de la crisis que comenzó en 2008 en estos procesos. España ha partido de déficits en formación universitaria y en la investigación que, lejos de paliarse, se han incrementado en los últimos años. El exitoso acceso a la educación terciaria de amplias capas de población procedentes de las clases medidas y clases trabajadoras a partir de los años ochenta es uno de los grandes logros del Estado de Bienestar en nuestro país. Pero, parece que hace mucho tiempo que hemos olvidado ponerlo en valor y la deriva del acceso a la Universidad va camino de un retorno al pasado en el que sólo determinados grupos sociales puedan acceder a la misma, hecho que ya se viene dando a medida que se van incrementando los requisitos para acceder a determinados puestos de trabajo y se minusvalora el valor de los títulos: costes directos e indirectos, acceso a estudios de Máster y Doctorado, formación complementaria en idiomas y Nuevas Tecnologías, estancias en el extranjero, etc. 

La Universidad debe seguir insistiendo en su función social, en el valor que tiene para una sociedad y no caer en prácticas mercantilizadoras y elitistas aunque esas tendencias también se ven en su interior y, lamentablemente, están más arraigadas de lo que parecen incluso en cuestiones como la carrera profesional y los sistemas de acreditación como muestran los criterios de acceso a las figuras de Catedrático y Titular de Universidad aprobadas por ANECA recientemente. Cabe recuperar, por lo tanto, ese valor social y no rendirse ante estas fuerzas y tendencias tan poderosas. 



Comienzo de curso y la situación de la Educación  

Por EQUIPO AICTS / 25 de septiembre de 2017


Los comienzos de curso suelen venir acompañados de cifras e indicadores acerca de la situación de la Educación. El inicio del curso 2017/18 no ha sido una excepción y, a lo largo de todo el mes de septiembre, asistimos a la publicación de estudios y su análisis y valoración. A pesar del largo e importante camino recorrido por el sistema educativo español desde hace unas pocas décadas, su universalización ha sido más reciente que en otros países occidentales, no es menos cierto que todavía existen importantes lagunas que se han visto ampliadas por las políticas de recortes que comenzaron hace ya casi una década. El informe Education at a Glace 2017 de la OCDE, entre otros, ha puesto de nuevo de actualidad ciertas realidades del sistema educativo español que, lejos de corregirse, se convierten en estructurales.

Uno de los datos más significativos señalaba que el 35% de los jóvenes entre 25 y 34 años no habían terminado ni el Bachillerato ni su FP equivalente, mientras que la media de la OCDE se situaba en el 16%. Este dato muestra cómo muchos estudiantes salen del sistema educativo, habiendo finalizado la educación obligatoria o no, sin encontrar otras alternativas en el mismo. Además, su impacto se produce también en el acceso al mercado laboral, ya que se situarán en empleos de baja cualificación, precisamente los más precarizados. Igualmente, es un indicador en el que España se encuentra estancada desde hace más de una década.

Por otro lado, la situación de la FP sigue en tasas más bajas que la media de la OCDE. En España, la tasa de escolarización en estos estudios es del 12% frente al 26%. A pesar de los importantes avances también logrados en ese ámbito, la FP sigue estando en cierta medida estigmatizada como unos "estudios secundarios" frente al mayor prestigio del Bachillerato. Aunque las tasas de empleabilidad de la FP mejoran, no hay que olvidar tampoco la situación estructural del sector secundario en España que dificulta experiencias como la FP Dual. 

En lo que sí se han conseguido pasos positivos en los últimos años ha sido en el descenso del abandono escolar temprano (jóvenes de 18 a 24 años que no logran la ESO o que, una vez finalizada, no continúan con sus estudios), situado en el 19%, lo que sigue siendo un dato muy elevado (la media de la UE es del 11%), pero mitigado debido a las transformaciones de la estructura productiva, lo que ha dado lugar a que más jóvenes se mantengan en el sistema educativo frente a los años en los que la "burbuja inmobiliaria", entre otros factores, permitía el acceso fácil al empleo. Pero, aunque el abandono escolar temprano se esté reduciendo, hay que considerar que sigue afectando principalmente a los colectivos más vulnerables, que al descender por otro lado las transferencias sociales cuentan con menos posibilidades de seguir en el sistema educativo. 

Pero, sin duda alguna, otro de los indicadores más relevantes sobre la Educación en España hace referencia al gasto. España sigue contando con una inversión en educación inferior al 2005, 8,2% del total del gasto público en 2014 frente al 9,4% nueve años antes. La situación de nuestro país ya era negativa en relación a la OCDE y a la UE, nunca por debajo del 11% y del 10% respectivamente, pero los recortes del gasto han dado lugar a un escenario estructural, como señalábamos anteriormente, que va contra la equidad y la igualdad de oportunidades. Sin una mayor inversión en Educación no se podrán combatir las situaciones anteriores, provocando que en un entorno todavía más complejo numerosos y crecientes colectivos tengan una situación de partida todavía más complicada. La Educación es uno de los principales pilares de las políticas sociales pero, en los últimos años, se ha producido un retroceso en ciertos aspectos de la universalización que deja, en parte, en manos de los recursos disponibles por parte de las familias el avance en el sistema educativo. Los orígenes de clase social son ahora más determinantes que hace una, dos o tres décadas, y eso no cabe duda que es un importante paso atrás. 

La atención a la dependencia, luces y sombras  

Por EQUIPO AICTS / 03 de septiembre de 2017


La atención a la dependencia es una de las cuestiones que suscita numerosas noticias y debates. España aprobó en 2006 la Ley de Promoción de Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, conocida como la "Ley de Dependencia". Este hecho supuso un hito en el ámbito de los Servicios Sociales en nuestro país y un avance en los Derechos Sociales. Un colectivo tan amplio como el de las personas dependientes, muy heterogéneo y con diferentes circunstancias, así como el de sus cuidadores y cuidadoras, contarían con más recursos y servicios. Importante fue la cuestión del reconocimiento de las personas que se habían encargado del cuidado de dependientes. La gran mayoría de ellos eran mujeres, mujeres que habían sacrificado buena parte de su vida para atender a padres, madres, hijos, hijas, maridos, hermanos, hermanas, etc. El alta en la Seguridad Social suponía un peldaó en la salvaguarda de su futuro.

Pero llegó la crisis y la recesión, los recortes y ajustes. El sistema de atención a la dependencia fue uno de los más afectados. Se perdieron algunas de las conquistas logradas y se regresó en parte al punto de partida anterior, aunque se pudo mantener parte del sistema. De esta forma, la calidad de vida de las personas dependientes y de sus cuidadores y cuidadoras empeoró ya que, a este hecho, había que sumarle la situación de crisis con sus repercusiones en el empleo y en su calidad. En definitiva, menos recursos para la atención a la dependencia, menos transferencias sociales, y las familias dependiendo de unos recursos propios que, en muchos casos, estaban mermando. Y se producía un factor también clave como es la desigualdad entre las diferentes Comunidades Autónomas, porque los recortes no se produjeron de la misma forma en todos los territorios, porque los plazos se alargaban en unas regiones frente a otras, etc.

Pero hay otro elemento sobre el que igualmente se está llamando la atención, a pesar de la supuesta recuperación, como es la calidad de la atención. Y no nos estamos refiriendo a la profesionalidad de todas las personas que se encuentran en ese ámbito sino a sus condiciones de trabajo. Como hemos señalado, la crisis que comenzó en 2008 ha provocado una precarización del empleo y el sector de la atención a la dependencia no iba a ser una excepción. A ello habría que sumarle la Reforma Laboral de 2012 que supuso una flexibilización todavía mayor del mercado de trabajo. Peores condiciones de trabajo, un salario menor, más exigencias, mayor atención de personas en menos tiempo, etc., dan lugar a un escenario muy complicado en el que las trabajadoras, porque estamos hablando también de un sector muy feminizado, y los trabajadores de la atención a la dependencia tienen que hacer un esfuerzo extra para procurar el bienestar de la persona atendida. En definitiva, es fundamental que este colectivo se encuentre en las mejores condiciones posibles para llevar a cabo su trabajo porque los destinatarios del mismo es un colectivo muy vulnerable. Si se incide en el camino contrario, como parece en no pocas ocasiones, no sólo su labor profesional no se dignifica, lo cual es un hecho terrible y censurable, sino que no se presta la atención de calidad que los usuarios precisan.

Un escenario complejo: estrategias de protección de las familias frente a la crisis  

Por EQUIPO AICTS / 09 de julio de 2017


La Fundación FOESSA ha publicado el informe Desprotección Social y Estrategias FamiliaresEl mismo presenta un escenario bastante complejo de la sociedad española, un país en el que los datos macroeconómicos van en positivo desde hace unos años. Tomando en consideración diferentes fuentes secundarias que muestran la realidad de la sociedad española (22,3% de tasa de pobreza, 33,9% de hogares españoles con dificultades para llegar a fin de mes, el indicador AROPE de tasa de riesgo de pobreza y exclusión social europea se sitúa en el 27,9%, 6,4% de hogares en situación de privación material severa, y 648.000 hogares sin ningún tipo de ingreso, según la Encuesta de Condiciones de Vida para datos de 2016), FOESSA incorpora nuevos datos a través de la Encuesta sobre Resiliencia de los Hogares en España que analiza la capacidad de hogares y familias para afrontar el futuro. Sus resultados, muy interesantes, son conocidos pero nos siguen mostrando cómo esa recuperación no ha llegado a la mayoría de la sociedad y la precarización de la vida, a través de la del empleo, es un hecho, lo que nos lleva a afirmar que estamos ante un nuevo modelo de sociedad.

Hay que destacar algunas cuestiones del informe señalado en las que hay que detenerse. En primer lugar, han sido los colectivos más vulnerables los más afectados por la crisis sistémica que comenzó en 2008 y también los que menos han percibido esa recuperación tan publicitada. Y es que si ya sus condiciones de partida eran más complicadas, las consecuencias de la crisis y la precarización también se han cebado en ellos en mayor medida, reproduciéndose la pobreza y la desigualdad en un ciclo que ahora tiene menos posibilidades de romperse al haberse reducido los resortes del Estado de Bienestar. El informe de FOESSA presta atención en una cuestión fundamental, las redes de seguridad de hogares y familias para afrontar esas dificultades. Éstas han sido sin duda uno de los grandes diques de contención de la crisis pero las consecuencias de la misma y el esfuerzo realizado las han dejado muy debilitadas, con especial incidencia en la capacidad de ahorro de los hogares, de hecho un 60% de los mismos no tienen nada ahorrado, hecho determinado obviamente por la precarización del empleo. El debilitamiento de esas redes, del capital social, es menor conforme se reducen las fuentes de ingresos económicos. Las estrategias para la superación de las dificultades por parte de las familias se han centrado en el ahorro del consumo de energía y en la aceptación de trabajos mal pagados o irregulares. Existe una aceptación, una normalización de esa precariedad que se ha llevado por delante la capacidad de resistencia de las familias. Y hay otra serie de indicadores que tienen incidencia en la situación global de las familias, por ejemplo que una de cada diez personas no puede dedicar el tiempo suficiente a su familia por su trabajo o que casi un tercio de los trabajadores piense que su contrato no se va a convertir en estable. A su vez, las redes de protección instituciones no han sido eficaces y han funcionado peor en el caso de los colectivos más vulnerables, que no se sienten representados o que su participación institucional vaya a servir de algo.

Imprescindible el presente informe de FOESSA que vuelve a mostrar el escenario real en el que se desenvuelve buena parte de la sociedad española. Cierto que nuestro país crece en términos de PIB, que desciende el paro a través de empleos precarios, pero la realidad es que es la mayoría de las familias y hogares no percibe ese proceso. La precarización de la sociedad y el que el empleo ya no garantice la salida de la pobreza y la exclusión social nos sitúa ante un nuevo escenario ante el que las respuestas institucionales se han basado en la austeridad y en los recortes. Redes familiares, Tercer Sector y Organizaciones No Gubernamentales han tenido que afrontar responsabilidades que en un pasado reciente caían del lado de las Administraciones. El escenario es más complejo pero es importante reseñar que hablamos del modelo de sociedad que queremos.


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