Un escenario complejo: estrategias de protección de las familias frente a la crisis  

Por EQUIPO AICTS / 09 de julio de 2017


La Fundación FOESSA ha publicado el informe Desprotección Social y Estrategias FamiliaresEl mismo presenta un escenario bastante complejo de la sociedad española, un país en el que los datos macroeconómicos van en positivo desde hace unos años. Tomando en consideración diferentes fuentes secundarias que muestran la realidad de la sociedad española (22,3% de tasa de pobreza, 33,9% de hogares españoles con dificultades para llegar a fin de mes, el indicador AROPE de tasa de riesgo de pobreza y exclusión social europea se sitúa en el 27,9%, 6,4% de hogares en situación de privación material severa, y 648.000 hogares sin ningún tipo de ingreso, según la Encuesta de Condiciones de Vida para datos de 2016), FOESSA incorpora nuevos datos a través de la Encuesta sobre Resiliencia de los Hogares en España que analiza la capacidad de hogares y familias para afrontar el futuro. Sus resultados, muy interesantes, son conocidos pero nos siguen mostrando cómo esa recuperación no ha llegado a la mayoría de la sociedad y la precarización de la vida, a través de la del empleo, es un hecho, lo que nos lleva a afirmar que estamos ante un nuevo modelo de sociedad.

Hay que destacar algunas cuestiones del informe señalado en las que hay que detenerse. En primer lugar, han sido los colectivos más vulnerables los más afectados por la crisis sistémica que comenzó en 2008 y también los que menos han percibido esa recuperación tan publicitada. Y es que si ya sus condiciones de partida eran más complicadas, las consecuencias de la crisis y la precarización también se han cebado en ellos en mayor medida, reproduciéndose la pobreza y la desigualdad en un ciclo que ahora tiene menos posibilidades de romperse al haberse reducido los resortes del Estado de Bienestar. El informe de FOESSA presta atención en una cuestión fundamental, las redes de seguridad de hogares y familias para afrontar esas dificultades. Éstas han sido sin duda uno de los grandes diques de contención de la crisis pero las consecuencias de la misma y el esfuerzo realizado las han dejado muy debilitadas, con especial incidencia en la capacidad de ahorro de los hogares, de hecho un 60% de los mismos no tienen nada ahorrado, hecho determinado obviamente por la precarización del empleo. El debilitamiento de esas redes, del capital social, es menor conforme se reducen las fuentes de ingresos económicos. Las estrategias para la superación de las dificultades por parte de las familias se han centrado en el ahorro del consumo de energía y en la aceptación de trabajos mal pagados o irregulares. Existe una aceptación, una normalización de esa precariedad que se ha llevado por delante la capacidad de resistencia de las familias. Y hay otra serie de indicadores que tienen incidencia en la situación global de las familias, por ejemplo que una de cada diez personas no puede dedicar el tiempo suficiente a su familia por su trabajo o que casi un tercio de los trabajadores piense que su contrato no se va a convertir en estable. A su vez, las redes de protección instituciones no han sido eficaces y han funcionado peor en el caso de los colectivos más vulnerables, que no se sienten representados o que su participación institucional vaya a servir de algo.

Imprescindible el presente informe de FOESSA que vuelve a mostrar el escenario real en el que se desenvuelve buena parte de la sociedad española. Cierto que nuestro país crece en términos de PIB, que desciende el paro a través de empleos precarios, pero la realidad es que es la mayoría de las familias y hogares no percibe ese proceso. La precarización de la sociedad y el que el empleo ya no garantice la salida de la pobreza y la exclusión social nos sitúa ante un nuevo escenario ante el que las respuestas institucionales se han basado en la austeridad y en los recortes. Redes familiares, Tercer Sector y Organizaciones No Gubernamentales han tenido que afrontar responsabilidades que en un pasado reciente caían del lado de las Administraciones. El escenario es más complejo pero es importante reseñar que hablamos del modelo de sociedad que queremos.


El papel de los abuelos  

Por EQUIPO AICTS / 16 de junio de 2017


Hace unos días, el periodista Héctor G. Barnés publicaba en El Confidencial el interesante artículo "Ni las empresas ni el Gobierno, quien está sacando adelante a España son los abuelos". Barnés analizaba el peso de los abuelos no solamente como un sustento económico, incrementado con la crisis sistémica de 2008, sino también en otros aspectos relativos al cuidado de los nietos. Barnés también situaba el foco en las características de nuestro Estado de Bienestar y cómo los abuelos cubrían una serie de carencias que no afrontaban las administraciones. El artículo reflejaba una realidad muy evidente y muy clara, la del peso de la solidaridad familiar para afrontar determinadas situaciones.

Y es que nuestro Estado de Bienestar se corresponde con los del sur de Europa o los denominados "familistas", caracterizados precisamente por el hecho de que lo que no cubren los servicios públicos lo hace la familia. La importancia de la familia y la tradición católica marcan en gran medida ese escenario, que se ve especialmente reflejado en situaciones como el cuidado de los dependientes, donde las mujeres han sido las grandes sacrificadas para hacerse cargo de sus familiares. En este sentido, la Ley de Dependencia de 2006 suponía un reconocimiento a este colectivo olvidado pero los recortes y ajustes derivados de la crisis sistémica supusieron un durísimo golpe para esas medidas. Igualmente, es muy importante el papel que han desempeñado, y lo han incrementado, los abuelos en el cuidado de los nietos. En un mundo laboral inestable, en un mundo en el que la conciliación no deja de ser una quimera, en un mundo en el que los horarios se flexibilizan, los abuelos han aumentado su papel como cuidadores de sus nietos en las edades más tempranas. Esta situación podría ser cubierta por una red de guarderías públicas accesibles y una mayor apuesta por la conciliación, pero de nuevo es un hecho que parece casi irreal.

El apoyo económico sin duda alguna es uno de los más visibles. En un contexto en el numerosas familias se vieron inmersas, y siguen estando, en un escenario de empobrecimiento y reducción de su nivel de vida por la pérdida de empleos o la precarización del existente, han sido de nuevo los abuelos los que han acudido en su ayuda. Nos encontramos ante un colectivo que, en parte, han podido ahorrar y contar con buenas pensiones que les han permitido afrontar esta situación. Podemos hablar de grandes cantidades, como afrontar el pago de las letras de las hipotecas, pero también de pequeños gastos cotidianos como los de los colegios, como hemos podido comprobar en nuestras investigaciones. Pero también hay una parte de este colectivo que se ha visto muy perjudicado por la situación, personas que eran avalistas de las viviendas de sus hijos y nietos y que han perdido la suya; personas que estaban en residencias y que han sido sacadas de ellas porque sus pensiones era la única fuente de ingresos de muchas familias, con los cambios en sus condiciones de vida.

El artículo de Héctor G. Barnés acierta en su planteamiento y pone el foco de nuevo en las limitaciones de nuestro Estado de Bienestar. Además, hay que añadir que esta generación de abuelos que están pudiendo ayudar a sus hijos y nietos posiblemente sea la última que pueda hacerlo. Las siguientes ya han accedido a un mercado laboral diferente, más inestable e inseguro, parte de las mismas se mueven en la precariedad, no han podido ahorrar porque han destinado buena parte de sus ingresos a la adquisición de una vivienda, y prácticamente tienen que vivir al día. Y, no cabe duda que estos escenarios están generando tensiones que afectan a una institución, la familiar, que lamentablemente en España no tiene el mismo peso en las ayudas y en las políticas públicas que en otros países de nuestro entorno europeo. 




Pobreza infantil, vulnerabilidad y cuestiones de agenda  

Por EQUIPO AICTS / 4 de junio de 2017


La ONG Educo acaba de presentar un nuevo informe en el que se señala que en torno a 580.000 niños y niñas de toda España pasarán solos las tardes del verano. Los encargados de dicho estudio han indicado que el motivo se debe que sus padres y madres pertenecen al colectivo de los "trabajadores pobres" que no cuentan con recursos para poder pagar actividades extraescolares para sus hijos e hijas. Además, estos trabajadores y trabajadoras también cuentan con mayores posibilidades de encontrar empleo en el periodo estival dentro del sector turístico no cualificado, especialmente. Educo también indica que este grupo de niños y niñas en esa situación ha aumentado desde 2009, prácticamente se ha duplicado, y que son las redes familiares las que han mitigado el escenario. Además, también pone el acento en los denominados "niños de la llave", que a partir de los 11 o 12 años reciben la llave de su domicilio y están solos con los riesgos que supone en relación a conductas de riesgo vinculadas al alcohol y las drogas, la mala alimentación o la exposición a determinados contenidos en Internet.

Es evidente que en ocasiones se minusvalora el impacto en la infancia y los adolescentes de la falta de acceso a determinados recursos o actividades. Las familias de muchos niños y niñas en riesgo de pobreza y exclusión social no pueden permitirse el irse al menos una semana de vacaciones, o el participar en determinadas actividades extraescolares. Este hecho tiene un impacto en el proceso social del niño/a que, en otro orden cosas, nos lleva también a cuestiones vinculadas a los capitales sociales y culturales. Es interesante también constatar la situación de vulnerabilidad en la que quedan estos niños y niñas, estos adolescentes, que en ocasiones pasan mucho tiempo en soledad. Además, indicadores como el AROPE hacen hincapié en el peso de determinadas variables en las situaciones de exclusión social, entre ellas el poder irse de vacaciones al menos una semana al año o la diversidad de la alimentación.

Pero estos indicadores, y los procesos en los que ponen el acento entidades como Educo, Save the Children o Unicef, nos llevan a reflexionar sobre la cuestión de la pobreza infantil y su visibilidad. En un país como España en el que uno de cada tres niños se encuentra en esa situación, según datos de estos organismos, la pobreza infantil aparece en la agenda a partir de situaciones o datos como los publicados estos días por Educo, o también cuando se hizo hincapié en que muchos niños y niñas no iban a poder contar con una alimentación adecuada por el cierre de los comedores escolares en verano. La pobreza infantil es una de las principales problemáticas de nuestra sociedad porque este colectivo es vulnerable y absolutamente dependiente. Los niños y niñas dependen de la situación de su hogar, no cuentan con los medios para salir por sí solos de esa situación, al contrario. La crisis ha precarizado las condiciones de vida de buena parte de la sociedad, especialmente los colectivos que ya estaban en situación de vulnerabilidad antes de la crisis. Además, el recorte de las transferencias sociales supone la reducción de oportunidades de mitigar o corregir esa situación.

Es necesario retomar el papel de las políticas públicas para afrontar este escenario, teniendo en cuenta que la desigualdad, como la vulnerabilidad, genera más desigualdad y vulnerabilidad. No prestar la atención necesaria a este escenario, o hacerlo en un momento puntual cuando aparece una noticia alarmanente o impactante, es un grave error y también una muestra del tipo de sociedad que se está institucionalizando. Que también parte de la acción para luchar contra estos procesos quede en manos del Tercer Sector o las ONGs es un indicador de los tiempos que estamos viviendo. La presencia en la agenda pública de estas cuestiones debe ser constante y, aunque estemos "bombardeados" de datos e indicadores sobre ellas, aunque incluso ya las veamos como "lágrimas en la lluvia", no debemos dejar de prestar atención, analizar la situación, denunciarla y buscar soluciones.

Desigualdad cronificada  

Por EQUIPO AICTS / 27 de abril de 2017


El Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de publicar los datos relativos a 2015 de la "Encuesta de las Condiciones de Vida". Los mismos no muestran ninguna novedad sino que confirman las tendencias observadas desde el comienzo de la crisis sistémica en 2008. España ha visto cómo se ha cronificado la desigualdad a través de unos indicadores de pobreza y exclusión social que son alarmantes pero que ya no sorprenden porque llevamos casi una década en esta dirección. En 2015, el 5,8% de la población española se encontraba en una situación de pobreza severa, reduciéndose este porcentaje en relación con años anteriores, mientras que el 22,3% de los hogares se encontraba en una situación de riesgo de pobreza. Lo que también se constata es que la mejora de los indicadores macroeconómicos no han supuesto un gran avance en las condiciones de vida de buena parte de la sociedad y que el acceso al empleo, y dependiendo de las condiciones del mismo, no garantiza no encontrarse en riesgo de pobreza y exclusión social. 

Pero también hay que significar como esta desigualdad cronificada también tiene sus diferentes impactos. De esta forma, la tasa de riesgo de pobreza crece si hay niños en el hogar lo que sitúa en un escenario de vulnerabilidad mayor a los menores. La cuestión se torna todavía más complicada en el caso de los hogares monoparentales, generalmente encabezados por mujeres, en el que llega al 42,2%. El 48,5% de los parados también se encuentran en esa situación, especialmente en un momento en el que, como hemos visto en otros estudios, buena parte de los mismos ya han agotado todas sus prestaciones. Y de nuevo el nivel de estudios sigue siendo un indicador claramente diferenciador ya que los colectivos con menor formación cuentan con mayor riesgo. De hecho, el 10,3% de los que poseen educación superior se encuentran en esa situación frente al 29,2% de los que únicamente complementaron la primera etapa de Educación Secundaria. La población extranjera también es más vulnerable, un 52,1% del resto del mundo y un 40,3% de los procedentes de la Unión Europea, frente al 18,8% en el conjunto de los españoles. Finalmente, una de las grandes brechas de la desigualdad aparece una vez más a nivel regional. Mientras que en el norte y el eje del valle del Ebro sólo Aragón supera el 15% y País Vasco y Navarra se sitúan por debajo del 10%, seguidos de La Rioja con el 11,9%, en el sur de España la tasa de riesgo de pobreza se dispara superando el 30% en Castilla La Mancha, Islas Canarias, Extremadura, Andalucía y Ceuta, en estas dos últimas por encima del 35%, También Murcia y la Comunidad Valenciana están por encima de la media nacional. Estas diferencias obedecen, sin duda, a cuestiones estructurales de compleja o casi imposible solución.

En definitiva, nuevos datos sobre la situación de nuestra sociedad. Una sociedad cada vez más desigual y dualizada, una sociedad que ha ido perdiendo calidad de vida así como transferencias sociales a través de los recortes y ajustes de las políticas del Estado de Bienestar. Una sociedad en la que las bases de las futuras desigualdades cada vez son más fuertes y en la que las condiciones de partida son más determinantes, existiendo además menos elementos correctores a través de las señaladas políticas sociales. Nuevos indicadores con las mismas lecturas, nuevos datos que llamarán la atención un día o dos y que pasarán a la lista, a los archivos o a los trabajos de los investigadores que nos dedicamos a estas cuestiones, pero que ya se han normalizado. Una de las peores impresiones que podíamos tener.

Personas mayores solas 

Por EQUIPO AICTS / 17 de abril de 2017


Recientemente se ha publicado la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) y la misma, en sus datos relativos a 2016, ha confirmado el aumento de los hogares unipersonales en España. Es una tendencia continuada fruto de las transformaciones de la estructura demográfica y de los cambios en la sociedad. Nuestra pirámide de población va creciendo en su cúspide a medida que aumenta la esperanza de vida y mayores contingentes de la población alcanzan edades más avanzadas. Regresando al estudio del INE, en 2016 los hogares unipersonales fueron el tipo de hogar que más creció con respecto a 2015, un 1,2%, representando el 10,1% de los mismos. Es decir, uno de cada diez españoles/as vive solo/a, y el 41,7% de esos hogares correspondía a personas de 65 años o más, en mayor medida mujeres.

La tendencia se mantendrá en esta línea y ese hecho lleva a plantear numerosas cuestiones. En primer lugar, y como hemos mantenido en otros artículos, el colectivo de personas mayores es heterogéneo, presentando una diversidad de situaciones. Su estado de salud varía y no es lo mismo contar con 65 años que con 85. También son diversas las situaciones en función de variables socioeconómicas puesto que parte de este colectivo ha llegado a la edad de jubilación con unas pensiones y ahorros que les pueden garantizar por ese lado una buena calidad de vida, pero otra parte del colectivo no cuenta con ellas y se encuentra en riesgo de exclusión social, especialmente de nuevo las mujeres o las personas con pensiones no contributivas. 

Regresando a la situación de soledad de las personas mayores, no cabe duda que es un factor de vulnerabilidad de primer orden. La soledad y el aislamiento juegan en su contra y pueden generar situaciones de depresión, de desatención, de no relacionarse con su entorno, de alejarse de los familiares caso que no vivan en la misma localidad (un hecho que se puede dar especialmente en el medio rural), de no recibir la atención necesaria en situaciones de enfermedad o de accidentes, etc. Es cierto que los Servicios Sociales han avanzado en prevenir esas situaciones de soledad y aislamiento, aunque seguramente en menor medida de la necesaria. Además, servicios como la Ayuda a Domilicio, entre otros, también se han visto afectados por las políticas de recortes y ajustes. Pero no cabe duda que nos encontramos ante un escenario complejo al que es necesario profundizar en sus soluciones. Los hogares unipersonales compuestos por personas de 65 años y más van a continuar creciendo y debe actuarse en la prevención de esa soledad y aislamiento que puede darse en parte de este colectivo, heterogéneo y diverso por otra parte.

La situación del medio rural 

Por EQUIPO AICTS / 26 de marzo de 2017


No es la primera vez que abordamos la situación del medio rural en España y otros lugares en este blog de AICTS. Sin embargo, el medio rural español y su situación, o al menos una buena parte del mismo, ha adquirido una nueva dimensión en el último año. La publicación de dos libros como son el excelente La España vacía. Viaje por un país que nunca fue de Sergio del Molino (Turner, 2016) y Los últimos. Voces de la Laponia española (Pepitas de Calabaza, 2017) de Paco Cerdá han supuesto una especie de punto de inflexión que ha dado lugar a decenas de reportajes, artículos, programas de televisión acerca del despoblamiento que sufren zonas de sierra en el interior peninsular. Además, este hecho también ha puesto en valor iniciativas como el proyecto Serranía Celtibérica que, desde hace años, viene trabajando en visibilizar y concienciar sobre esta situación, entre otros muchos proyectos y acciones de territorios, municipios, asociaciones, etc.

Sin duda alguna, debemos valorar como algo positivo que se haya desplazado el foco hacia una situación que ha convertido en un desierto demográfico amplias zonas del interior peninsular de Castilla y León, Aragón, La Rioja, Castilla - La Mancha, etc., aunque son realidades heterogéneas y con diferencias entre ellas. A lo largo de décadas, incluso más de un siglo, el éxodo rural y las políticas que se han desarrollado en el conjunto del país, han ido despoblando esos territorios que se han ido quedando en una especie de olvido o limbo. La desaparición de los tejidos productivos, tanto primarios como secundarios, la dificultad de generar nuevas oportunidades de empleo en el terciario y la dejación de las autoridades durante décadas (y afortunadamente el Estado Autonómico supuso un cambio en ese sentido frente al centralista franquista, sin olvidar el peso de las ayudas europeas desde el ingreso de España en la Unión Europea en 1986) han dado lugar a una situación insostenible. De esta forma, desarrollar un proyecto de vida en estos territorios se hace muy difícil cuando no prácticamente insostenible.

Y es que nos encontramos ante una situación secular que tiene una muy difícil solución. La primera pregunta que cabría hacerse es "¿qué se quiere hacer con el medio rural?", que tiene una respuesta compleja. La segunda, como garantizar la sostenibilidad demográfica de estos territorios y cómo no dar lugar a situaciones de desigualdad en el acceso a los servicios públicos, siempre desde unos criterios racionales. En cuanto a la primera pregunta, en no pocas ocasiones las respuestas no han llegado desde el ámbito rural sino desde el urbano, donde están los centros de poder, lo que implica la necesidad de empoderar a esos colectivos. En cuanto a la segunda, la desigualdad es un hecho ya que, siguiendo el indicador AROPE de EAPN, el 35% de la población del medio rural español está en riesgo de pobreza y exclusión social. Nos encontramos con un colectivo que está marcado en primer lugar por el envejecimiento de su población, con todas las consecuencias que ello conlleva y con una mayor necesidad de determinados servicios que en no pocas ocasiones no son accesibles. En este sentido, no pocos profesionales del Trabajo Social y los Servicios Sociales han puesto de manifiesto y denunciado la situación. Pero no es el único factor ya que, además, nos encontramos con una población con menores posibilidades de acceso al mercado de trabajo en un contexto en el que se ha reducido el empleo en el sector primario y prácticamente desaparecido en el secundario. En cuanto al terciario, en no pocas ocasiones vinculado al Turismo, también cuenta con un importante componente de precarización.

En definitiva, los retos a los que se enfrenta una buena parte del medio rural en España son enormes y, lamentablemente, podemos decir que es una situación estructural cuya solución es muy compleja. Hay que partir de garantizar la igualdad de los servicios públicos para los habitantes de estas zonas y resolver aquellas situaciones de desigualdad que generan riesgo de pobreza y exclusión social. 

Proyectos sociales, inclusión y acción social 

Por EQUIPO AICTS / 12 de marzo de 2017


El sábado 11 de marzo tuvo lugar en UNED Madrid la primera sesión presencial del Máster Elaboración, Gestión y Evaluación de Proyectos Sociales en Trabajo Social que dirige la profesora de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED, e integrante de AICTS, Laura Ponce de León Romero. Este Máster multidisciplinar aborda todo el proceso de los proyectos sociales como una herramienta para la acción y la inclusión social. La intervención en las diferentes problemáticas sociales precisa de una capacidad de adaptación a un entorno cambiante así como abordar aspectos que hasta la fecha han estado en un segundo plano, como por ejemplo el valor de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), Internet y las Redes Sociales, o la constitución de asociaciones, la generación de autoempleo, etc. En esta tercera edición, el presente Máster está profundizando en estas cuestiones. 

La primera sesión presencial contó con la presencia de la propia Laura Ponce de León y del profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja, y miembro de AICTS, Sergio Andrés Cabello, así como de varios estudiantes del Máster, tanto en la propia Facultad de Derecho de la UNED Madrid como virtualmente. Ponce de León y Andrés Cabello abordaron la situación del Estado de Bienestar, cuáles son sus retos y las problematicas sociales, antiguas y nuevas que deben abordar las políticas públicas, así como el valor de las Redes Sociales como una herramienta de visibilidad, concienciación y de acción. El debate giró en torno a dos ámbitos: la deriva de la sociedad ante una crisis sistémica y la pérdida de valores de la misma, con la implatanción de un individualismo que atenta contra la solidaridad y la cohesión social, y cómo responder antes este desafío a través de las herramientas digitales.

En torno a la primera cuestión, se reflexionó acerca de los recortes sufridos por las políticas públicas que afectan a los pilares del Estado de Bienestar (Educación, Sanidad, Servicios Sociales y pensiones) y se señaló la falta de referentes y de medidas que hayan podido mitigar estos efectos, dando lugar a un incremento de la desigualdad y de la exclusión social. Con respecto a las Redes Sociales, se señaló que eran muy importantes para visibilizar y concienciar a la población acerca de las problemáticas sociales, pero también se indicó que se corría el riesgo de que se convirtiesen en un fin en sí mismas y no en un medio, así como el hecho de que se produzca una cierta banalización en su uso. Sin embargo, los asistentes sí que consideraron el valor y su importancia pero se indicó la importancia de pasar de procesos micro a otros más macro y que se pueda articular una acción social transformadora.

Finalmente, Laura Ponce de León insistió en la viabilidad de una herramienta como son los proyectos sociales, en la importancia de la evaluación de los mismos como una garantía de eficiencia y de constante mejora. En este sentido, estudiantes presentes expusieron sus experiencias en ese sentido y se indicó la necesidad de profundizar en los procesos de evaluación en todas las etapas de los proyectos sociales.

La dramática situación de los cuidadores no profesionales 

Por EQUIPO AICTS / 06 de marzo de 2017


Cuando en diciembre de 2006 se aprobó la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia, conocida como "Ley de Dependencia", España se sitúo a la vanguardia de las medidas para atender a este colectivo, especialmente vulnerable. Una de las medidas más importantes de esta legislación era el reconocimiento a la labor desempeñada por los cuidadores y cuidadoras de las personas dependientes, personas que habían sacrificado su vida para atender a sus familiares. El hecho de darles de alta en la Seguridad Social suponía una salvaguarda de sus derechos y poder acceder a las prestaciones de jubilación. Estamos hablando de un colectivo invisible, formado en su gran mayoría por mujeres. Cuando llegó la crisis sistémica de 2008 y comenzaron a aplicarse las medidas de recortes y ajustes presupuestarios en las políticas públicas, la "Ley de Dependencia" fue una de las más afectadas, variando las situaciones en función de las Comunidades Autónomas.

En los últimos días se ha publicado la noticia que señala que el 94% de los cuidadores no profesionales no cotiza. El dato es demoledor y sobran los comentarios que se puedan añadir. La diferencia es abismal, si en diciembre de 2011 había más de 170.000 cuidadores no profesionales cotizando a la Seguridad Social, en la actualidad son menos de 10.000 los que se encuentran en esa situación y el descenso ha sido similar en todas las regiones. Los recortes presupuestarios han afectado directamente a la "Ley de Dependencia" y en 2012, los cuidadores no profesionales tuvieron que optar por mantenerse en el convenio especial suscrito por los cuidadores no profesionales. La gran mayoría, como hemos visto, no pudo afrontarlo y se dieron de baja. Sin duda alguna, las consecuencias de este hecho es una regresión al pasado, cuando de nuevo estas personas tienen que sacrificar sus vidas para cuidar a sus dependientes, que también han visto empeorar sus condiciones de vida debido a los recortes presupuestarios.

Y es que el colectivo de las personas dependientes, como indicábamos anteriormente, es uno de los que se encuentran en una situación más elevada de vulnerabilidad. Partiendo de la heterogeneidad de situaciones, los indicadores constantemente nos muestran sus dificultades y los recortes en las políticas públicas no hacen sino agravar su situación. A ello se suma lo que implica para sus familias que, gracias a la "Ley de Dependencia", habían logrado también ciertos reconocimientos y apoyos y ayudas. Sin duda alguna, nos encontramos con un escenario que tiene que ver con la vulneración de los derechos y con la desigualdad, un hecho que no hay que dejar de denunciar constantemente. 

Brechas digitales

Por EQUIPO AICTS / 19 de febrero de 2017


Recogía el Catedrático de Sociología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Fernández-Enguita, en su muy recomendable blog Cuaderno de Campo hace unas semanas el impacto de la brecha digital en la Educación mediante el artículo “La brecha digital es ya una brecha escolar”, que había publicado en ElEconomista.es. Como en numerosas ocasiones, Fernández Enguita acierta al señalar algunos de los aspectos vinculados a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) y las desigualdades que pueden generar: “pero el acceso es solo una parte: la otra es el uso, en el que vemos una brecha de segundo orden o secundaria. No es lo mismo utilizar la tecnología para crear que para consumir cultura, no es igual aprender a programar que tontear en las redes sociales”.

Fernández-Enguita muestra cómo se está produciendo una brecha digital en esa dirección y que tiene tanto un carácter individual como colectivo. En el segundo caso, las desigualdades vienen marcadas por el centro en el que uno esté estudiante que, como bien sabemos, en parte viene determinado por el origen económico y social de las familias y el “efecto compañero”. En relación a las TICs, volvemos a ver esa reproducción de las desigualdades y la generación de nuevas que se van generando a una gran velocidad. Y es que no todas las personas y colectivos van a estar en las misma disposición ya no sólo del acceso, que está muy universalizado, sino del tipo de uso que van a llevar a cabo como indica Fernández-Enguita.

En no pocas ocasiones, el foco de la brecha digital se ha puesto en la accesibilidad. Es un hecho que hay colectivos que no cuentan con la misma, estableciéndose categorías como “nativos digitales”, “inmigrantes digitales”, etc. Pero, en la actualidad, la gran mayoría de los hogares cuentan con teléfonos móviles y ordenadores. El esfuerzo y el autoaprendizaje de no pocas personas que nunca pensaron que aprenderían a manejar estos dispositivos es una realidad. Pero también encontramos como todavía hay gente que no sabe acceder a una plataforma de una empresa para remitir un currículum. Y en ese sentido aparece también qué hacemos con las TICs y para qué las empleamos. Redes Sociales, remitir un correo electrónico, Skype u otras aplicaciones son utilizadas por la mayoría sin dificultades. Pero el problema de fondo es mucho mayor. No contar con las herramientas de aprendizaje para sacar el partido posible a las TICs, el que otros le están sacando, crea una brecha digital muy amplia que está en interrelación con el resto. Y es que las desigualdades nunca van solas, se complementan y retroalimentan. Por eso, posiblemente tengamos ya que no hablar de una brecha digital sino de brechas digitales, las cuales no son independientes las unas de las otras.

Como lágrimas en la lluvia...o sobre la Encuesta de las Finanzas de las Familias

Por EQUIPO AICTS / 29 de enero de 2017


Hace unos días se presentaron los resultados de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) que realiza el Banco de España, correspondiente al año 2014. Desde un punto de vista metodológico, cuenta con una muestra de 6.120 hogares y se han realizado cinco ediciones con una periodicidad de cada tres años, entrevistándose a familias que han colaborado en las anteriores lo que permite ver la evolución de sus rentas disponibles. Los resultados de esta encuesta han confirmado una realidad de sobra conocida: el empobrecimiento de buena parte de la sociedad, el crecimiento de la desigualdad y la enorme dificultad de los jóvenes para conformar un proyecto de vida. Insistimos en el punto de que son datos de sobra conocidos, que llevamos varios años viendo y analizando diferentes estudios, informes, investigaciones, etc., que nos muestran una realidad frente al espejo, pero que, desgraciadamente, ya nos hemos acostumbrado a ellos. A la vez, las transformaciones estructurales de nuestras sociedades, aceleradas desde 2008, han generado un escenario en el que parece que la única opción es asumir la situación. Un indicador muy evidente de este proceso y de la generación de un cierto pensamiento es el mercado laboral y su precarización. Pero sobre estas cuestiones hablaremos al final de estas líneas, vayamos primero con los resultados de la encuesta.

Y es que los medios de comunicación se han hecho eco de los mismos como en pocas ocasiones en los dos últimos años. Hubo un tiempo, especialmente de 2010 a 2013, en los que los datos sobre el empobrecimiento de la población ocupaban muchas más portadas y noticias, hasta que ya dejaron de ser una novedad o de provocar extrañeza. La encuesta nos muestra que la renta mediana de los hogares descendió en 2014 un 9,7% con respecto a los datos de 2011. Todos los grupos la han sufrido, excepto los hogares mayores de 64 años que mejoran su posición relativa, destacando la reducción de los más jóvenes con un 22,5, es decir, estos hogares perdieron más de una quinta parte de su renta disponible. La EFF también refleja cómo la riqueza neta de los hogares, un indicador basado en la suma de los activos reales más lo financieros a la que se restan las deudas, descendió un 22,1%, siendo más acusada la caída, no podía ser de otra manera, en los hogares más jóvenes y en los que tienen menor nivel de riqueza, que han sido los más afectados por la crisis.

Como decíamos anteriormente, unos datos que realmente no nos descubren nada nuevo, sólo la constatación una vez más de un escenario de empobrecimiento de la mayoría de la sociedad. La situación de los jóvenes se manifiesta todavía más compleja si cabe. No es la primera vez que analizamos este hecho, y tampoco que el ser joven en España nunca ha sido fácil, debido a características estructurales de nuestro país vinculadas al acceso al mercado de trabajo y a las condiciones en que se accede. Con la crisis, las mismas se han precarizado todavía mucho más condenando a los jóvenes, independientemente de su nivel de cualificación, o bien a acceder a empleos muy precarios y temporales, o bien a alargar su formación (si es posible, porque en gran medida dependerá de la renta familiar disponible), entrando en un amargo proceso de procrastinación. Las posibilidades de realizar un proyecto de vida, que en nuestra sociedad se centra en la emancipación, se han reducido y, en el caso de ser querido, formar una familia se vuelve casi una misión imposible.

La EFF también nos muestra la difícil situación de los hogares más jóvenes. Estos han tenido que asumir más cargas financieras, centradas en la adquisición de una vivienda, a la par que la precarización de su trabajo o directamente su pérdida generaban una situación angustiosa. El apoyo familiar ha sido determinante para paliar o salvar directamente la misma, pero es que los trabajadores jóvenes también han contado con menos opciones ante ese escenario, ya que su acceso al mercado laboral no se había realizado en buenas condiciones. En todo caso, estos indicadores también reflejan cómo se están poniendo las bases para las futuras desigualdades. 

En resumen, nuevos datos e indicadores sobre la situación económica de la población que se suman a la larga lista de los existentes. Necesarios para llamar la atención, una vez más, sobre el escenario que se ha generado y la transformación de la sociedad que se está llevando a cabo, y que es de carácter estructural. El problema es que, cuando aparezcan nuevos datos e indicadores, nos volverán a llamar la atención pero, mientras tanto, esas condiciones estructurales siguen su camino y nadie apunta soluciones, aunque los datos macroeconómicos siguen creciendo pero ya vemos a costa de quién, y la redistribución de la riqueza se convierte en una quimera. 

La era TRUMP o el nuevo escenario

Por EQUIPO AICTS / 22 de enero de 2017


Ya es oficial, Donald Trump se ha convertido en el presidente número cuarenta y cinco de los Estados Unidos. Todas las alarmas se han disparado en lo que no deja de ser un indicador de la deriva de nuestro mundo. Por un lado, el avance de los populismos de derechas en toda Europa continental, fortaleciéndose por momentos en Francia y Alemania, en el primer caso muy consolidados. Por otro lado, el Brexit, todo un proceso que sin duda reconfigurará el marco de relaciones europeas. Y, finalmente, la victoria de Trump en las elecciones de noviembre de 2016 tras una carrera presidencial basada en un discurso populista, xenófobo y que supera lo “políticamente correcto”. Pero tampoco debemos dejarnos llevar por lecturas superficiales ni reduccionistas de la situación, al contrario, son mucho más complejas.

Que cada una de las situaciones obedece tanto a causas externas como internas es un hecho. Entre las primeras, los impactos de una globalización que ha puesto en jaque los sistemas de valores de Occidente, y con numerosos colectivos situados en el bando de los perdedores, precisamente aquellos que se pensaban en el de los ganadores. Pero esto tiene más lecturas, como bien explica Esteban Hernández en Los límites del deseo. Instrucciones de uso de capitalismo en el siglo XXI (Clave Intelectual, 2016), como son las derivadas de unas élites que se han quitado la “careta” y se muestran más voraces que nunca. Con la deriva de un capitalismo desregularizado y globalizado, estos colectivos se han impuesto y una de sus consecuencias más claras es el aumento constante e imparable de la desigualdad.

En clave interna, Trump ha articulado un discurso que contaba con estructuras de plausibilidad en una buena parte de la sociedad tan diversa como la norteamericana, y en donde el racismo y la xenofobia, junto a la desigualdad, están muy arraigados. Pero también otros colectivos, especialmente los trabajadores y las clases medias blancas, han sido en buena parte perdedoras de la globalización, con lo que su discurso ha calado fuerte. En este sentido, es muy interesante el completo análisis que realiza Marcos Reguera (Universidad del País Vasco) en Contexto y Acción (ctxt.es) y en el que aborda tanto el “American Dream” y el “American Way of Life”, entre numerosas cuestiones. Pero es fundamental comprender cómo encaja el eslogan de su campaña, “Make America Great Again” y cómo ha sido respaldado por una parte del electorado. Sí, ya sabemos que Hillary Clinton ganó el voto popular, pero el sistema electoral norteamericano no funciona así.

Salvando el hecho paradójico, no lo debatiremos aquí aunque es muy interesante, de cómo un representante tan claro del “establishment” se ha convertido en la voz del “pueblo”, así como el análisis de las personas que forman su equipo, el discurso de Trump ejemplifica cómo estamos en un proceso de regresión de un sistema de valores que se pretendía universalizar. Los populismos de derechas, Trump y el Brexit muestran lo peor de la identificación nacionalista y de culpabilización de “otro” que es visto como responsable en parte de las situaciones negativas contra las que estos movimientos se rebelan. El inmigrante, el extranjero, el diferente, se convierte de facto en el objetivo de los mismos. Con más de cuarenta millones de personas no nacidas en Estados Unidos residiendo en este país, Trump ha articulado parte de su argumentario en la “lucha” contra este colectivo, en parte señalado como “culpable” de la pérdida de empleos de los norteamericanos, junto con las empresas deslocalizadoras, y promete devolver “Norteamérica a los norteamericanos”. Nada nuevo, sólo que Trump cuenta entre sus medidas estrellas la contención de la inmigración y la construcción de un muro en la frontera mexicana. Además, Trump también ha dado paso a que esa parte de la sociedad de Estados Unidos que comulga con su discurso se vea legitimada para expresarlo.

¿Detendrán estas medidas, así como lo que está ocurriendo en Europa, a la inmigración?, rotundamente no. En un mundo más globalizado, más desigual y con menos oportunidades en buena parte del mismo, esas personas, familias y colectivos buscarán las formas, correrán todavía más riesgos, para alcanzar un destino que les aleje de la pobreza, el hambre, la violencia o la guerra. Lo estamos viendo en el Mediterráneo. Miles de personas se arriesgan para buscar nuevas y legítimas oportunidades y un futuro que se antoja imposible en sus lugares de origen. Por el camino, lamentablemente, muchos de ellos pierden la vida.

Y dentro de las cuestiones que abordamos en este Blog no debemos tampoco dejar de señalar cómo Trump ha indicado que retirará el “Obamacare”. La situación del Sistema de Salud en Estados Unidos, una cuestión pendiente, es uno de los principales factores de desigualdad social. El acceso a una cartera de servicios para los colectivos menos favorecidos, aunque lejos de sus objetivos iniciales, había sido un gran logro de la Administración Obama. Sin embargo, no es menos cierto que para parte del electorado ha pesado el coste del “Obamacare”, en un país donde la concepción de los servicios públicos es muy diferente. Los costes sanitarios, la imposibilidad de prevención y las dificultades de acceso de numerosos colectivos suponen un gran riesgo para una parte de la población. La derogación del “Obamacare” es, sin duda, una muy mala noticia y un indicador de lo que está por venir.

La victoria de Trump, de los populismos de derechas, del Brexit, etc., es el triunfo de los discursos menos solidarios  y de una visión de la sociedad cerrada en sí misma. Es un repliegue en busca de una seguridad perdida pero sobre unas bases que esconden esas nuevas formas de dominación y desigualdad, lo que seguramente dará lugar a más desigualdad. Los grandes grupos de poder van ganando ampliamente la partida, con unas lógicas y prácticas que ya estaban presentes y que se aceleraron a partir de la crisis sistémica de 2008. El neoliberalismo ya estaba imponiéndose antes pero ahora se muestra más seguro y fuerte. Y, mientras tanto, como señala Hernández, hay que buscar nuevas formas de resistencia ante un escenario diferente.

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