Brechas digitales

Por EQUIPO AICTS / 19 de febrero de 2017


Recogía el Catedrático de Sociología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Fernández-Enguita, en su muy recomendable blog Cuaderno de Campo hace unas semanas el impacto de la brecha digital en la Educación mediante el artículo “La brecha digital es ya una brecha escolar”, que había publicado en ElEconomista.es. Como en numerosas ocasiones, Fernández Enguita acierta al señalar algunos de los aspectos vinculados a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) y las desigualdades que pueden generar: “pero el acceso es solo una parte: la otra es el uso, en el que vemos una brecha de segundo orden o secundaria. No es lo mismo utilizar la tecnología para crear que para consumir cultura, no es igual aprender a programar que tontear en las redes sociales”.

Fernández-Enguita muestra cómo se está produciendo una brecha digital en esa dirección y que tiene tanto un carácter individual como colectivo. En el segundo caso, las desigualdades vienen marcadas por el centro en el que uno esté estudiante que, como bien sabemos, en parte viene determinado por el origen económico y social de las familias y el “efecto compañero”. En relación a las TICs, volvemos a ver esa reproducción de las desigualdades y la generación de nuevas que se van generando a una gran velocidad. Y es que no todas las personas y colectivos van a estar en las misma disposición ya no sólo del acceso, que está muy universalizado, sino del tipo de uso que van a llevar a cabo como indica Fernández-Enguita.

En no pocas ocasiones, el foco de la brecha digital se ha puesto en la accesibilidad. Es un hecho que hay colectivos que no cuentan con la misma, estableciéndose categorías como “nativos digitales”, “inmigrantes digitales”, etc. Pero, en la actualidad, la gran mayoría de los hogares cuentan con teléfonos móviles y ordenadores. El esfuerzo y el autoaprendizaje de no pocas personas que nunca pensaron que aprenderían a manejar estos dispositivos es una realidad. Pero también encontramos como todavía hay gente que no sabe acceder a una plataforma de una empresa para remitir un currículum. Y en ese sentido aparece también qué hacemos con las TICs y para qué las empleamos. Redes Sociales, remitir un correo electrónico, Skype u otras aplicaciones son utilizadas por la mayoría sin dificultades. Pero el problema de fondo es mucho mayor. No contar con las herramientas de aprendizaje para sacar el partido posible a las TICs, el que otros le están sacando, crea una brecha digital muy amplia que está en interrelación con el resto. Y es que las desigualdades nunca van solas, se complementan y retroalimentan. Por eso, posiblemente tengamos ya que no hablar de una brecha digital sino de brechas digitales, las cuales no son independientes las unas de las otras.

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