Pesimismo vs. optimismo

Por EQUIPO AICTS / 15 de agosto de 2022

Vivimos en unas épocas que son un tanto ciclotímicas o incluso disonantes. Por un lado, observamos una realidad con unos indicadores complicados, en relación a las condiciones de vida y a las perspectivas de futuro. Por no hablar del escenario que nos deja el cambio climático y la ola de calor de este verano. Por otro lado hay visiones que muestran cómo el presente y el futuro no son tan negativos, es decir, partiendo de la evolución de nuestras sociedades, en primer lugar, y siguiendo por el hecho de que las crisis que se vienen sucediendo no van a tener tanto impacto en nuestras condiciones de vida. Además, tras dos años de pandemia, el turismo parece haberse recuperado y hay motivos para contar esperanzas en relación al futuro. Nosotros estamos más en la primera línea, en ese pesimismo/realismo que está presente en una buena parte de los diagnósticos, aunque nos tachen de "cenizos". 

En primer lugar, no cabe duda de que las crisis sucesivas están afectando a nuestras condiciones de vida. Seguramente las transformaciones de las sociedades, ojo que hablamos de los países más desarrollados, nos hacen ver ciertos indicadores en relación a estas condiciones de vida que están funcionando correctamente, pero otros no. El periodista de El Confidencial, Héctor García Barnés, recogía en Twitter hace unas semanas un artículo de Max Fisher en el New York Times que tenía por título "No, el mundo no se está cayendo a pedazos". Los argumentos de Fisher en relación a ciertos indicadores, así como el valor de las tecnologías y la digitalización, son interesantes. En cierto sentido, recuerdan también a los de Steven Pinker. Es un optimismo basado en la capacidad de la humanidad para seguir adelante y superar las crisis y retos a los que se enfrenta. En El Confidencial, Javier Jorrín hacía referencia a la desmitificación de las crisis que vienen, señalando que las economías están más preparadas en la actualidad para afrontar los escenarios problemáticos que en 2008, por ejemplo. Un optimismo que se argumenta con indicadores y variables macroeconómicas. Y, finalmente, estos meses también hemos observado la presencia de mensajes políticos e institucionales sobre lo bien que va la economía y el futuro que nos espera.

A comienzos de agosto, un integrante de AICTS se tomó un café con un representante de una entidad del Tercer Sector, de las más especializadas en el trabajo y atención con personas en exclusión social y en riesgo de caer en la misma. Esta persona nos comentó que estaban muy preocupados porque habían visto cómo se estaba incrementando el número de familias y personas a las que les cortan la luz. Igualmente, también indicó que temían la llegada de la campaña escolar en septiembre porque habría muchas familias con dificultades para abordar el inicio del curso y los gastos derivados del mismo. Este hecho es recurrente y, a lo largo de este verano se observan esas imágenes en medios de comunicación y en Redes Sociales de una sociedad en vacaciones, especialmente tras dos años de pandemia, pero también hay que recordar que una de cada tres personas no se puede permitir ni una semana de vacaciones, en parte por dificultades económicas. 

En definitiva, nuestras sociedades están cada vez más desequilibradas y esto supone un riesgo enorme para una cohesión social cada vez más tocada, y con riesgo de empeorar en función de las condiciones que se están generando en los últimos meses. Hay gente a la que le va muy bien, gente a la que le va bien y, cada vez más, gente a la que le iba regular que le puede ir mal. Esto lo vimos en la crisis de 2008, cuando la estructura social sufrió una transformación que se basó en la precarización de condiciones laborales y de vida. En definitiva, tenemos que evitar que estos escenarios se repitan. La evolución de nuestras sociedades, con sus luces y sombras, no debe hacernos dejar de ver que hay condiciones estructuralels que están cambiando. Una de ellas es la situación de los jóvenes en relación a sus generaciones mayores, con un descenso de su nivel de renta, hecho que está más que constatado. Podemos regresar a Héctor García Barnés y su recomendable libro Futurofobia (Plaza Janés, 2022), donde argumenta que se ha roto con la idea de progreso y que la nostalgia se centra en un pasado que percibimios como mejor. 

Queremos ser optimistas, queremos creer que podemos afrontar estos retos y desafíos a partir de una generación de condiciones que permitan que la cohesión social sea una realidad. Que las condiciones de vida sean dignas y no precarizadas. Que los empleos cuenten con buenos salarios, además de los aspectos que podríamos definir como "de calidad". Pero no parecen que los procesos vayan por esos caminos. Al contrario, parece de nuevo que la factura las van a pagar los de siempre. De esta forma, el pesimismo es más bien un realismo. Sí, hay gente a la que le va bien, y muy bien. Pero también hay mucha gente a la que no le va nada bien. Hay que volver a crear proyectos colectivos basados en la cohesión social, la corresponsabilidad, unas políticas públicas que respondan a estos desafíos del presente. Queremos ser optimistas, como decíamos, pero no vemos argumentos. 


 
















Todo va rápido

Por EQUIPO AICTS / 8 de agosto de 2022

Estamos en agosto y seguro que hay personas que leen este blog que piensan que estamos sumidos en el pesimismo. Ya en julio hacíamos referencia al otoño que nos están anunciando. Ciertamente, estamos pesimistas ante la situación en la que nos encontramos. Como señalábamos en entradas anteriores, se ha indicado que en este verano se está aprovechando, por parte de la ciudadanía, para una especie de "disfrute" debido a los dos años de pandemia y a las consecuencias de los dos años y medio casi de pandemia. Que el otoño será muy complicado debido a las condiciones energéticas derivadas de la guerra de Ucrania y de los cambios en los tableros geopolíticos. El aumento de los precios, la inflación, la escasez de ciertas materias primas y el incremento de los tipos de interés por parte del Banco de Europa son indicadores de un futuro inmediato no muy positivo. Al contrario. Y, a todo ello, hay que sumar las consecuencias del cambio climático, más acelerado de lo que se indicaba hace unos pocos años.

Obviamente, estas son consecuencias en parte de la deriva de un sistema como el nuestro, basado en la aceleración del capitalismo neoliberal a través de los caminos que se decidieron para la globalización. Si la segunda mitad del siglo XX en Occidente contó con el modelo de Estado de Bienestar, lo que llevamos del siglo XXI ha ido en otra dirección. Y, en estos momentos, parece que nos encontramos ante una especie de "tormenta perfecta" que dará lugar a un desequilibrio y a unas desigualdades cada vez mayores. Las consecuencias para las distintas cohesiones, comenzando por la social y la territorial, así como para la legitimidad del sistema. Este último hecho también está claramente visibilizado en el aumento de las opciones políticas de corte populista, especialmente de extrema derecha. 

La crisis sistémica de 2008, que se va quedando atrás como una especie de pesadilla pero menor en comparación con la que viene, presentó numerosas contradicciones de nuestro mundo. El peso de la economía financiera frente a la real, la precarización, el descenso de las políticas públicas, la precarización de condiciones laborales... Fue un shock, muy importante, y las medidas que se tomaron para afrontarlo se lanzaron sobre las clases trabajadoras. Luego, llegó una época de recuperación macroeconómica pero aquellas cifras no se veían reflejadas en buena parte de una ciudadanía que se anclaba en la precariedad. Con la pandemia del covid-19, la incertidumbre se ampliaba pero, en parte, las medidas de los organismos nacionales y supranacionales para abordar las consecuencias de la pandemia consistieron en no repetir medidas ortodoxas recientes. De esta forma, parecía que habíamos aprendido la lección de lo ocurrido en 2008. Pero, la pandemia de covid-19 y sus consecuencias también fueron intensificando la precariedad y la pobreza

Cuando la pandemia se fue mitigando debido a los efectos de las vacunas, parecía que podría entrarse en una nueva etapa de mayor optimismo, con una visión política que recuperase parte de los principios que constituyeron unas sociedades más cohesionadas. Pero llegó la guerra de Ucrania, como exponente de crisis más amplias y concatenadas. De esta forma, nuestro escenario es negativo pero es el momento de dar pasos adelante y estos no pueden basarse en recetas que, como hemos visto en las dos últimas décadas, no dan resultado sino que inciden en la desigualdad. Es necesario recuperar sectores económicos, tanto el primario y el secundario, que permita una mayor autonomía territorial. También por mejorar las condiciones materiales de los trabajadores y trabajadoras, un paso decisivo y determinante. Y, obviamente, por una estrategia y una planificación, por tener un plan que implique esa cohesión que hemos venido señalando. Esperemos que no sea tarde. 


 
















Sostenibilidad y digitalización

Por EQUIPO AICTS / 1 de agosto de 2022

Los últimos años están siendo marcados por dos principios que rigen todos los planes y estrategias de nuestras sociedades: sostenibilidad y digitalización. Desde los fondos europeos de los Next Generation hasta los planes de reconstrucción vinculados al impacto de la covid-19, hay un proceso de transformación que está vinculado a estos dos ámbitos. No hay nada que discutir en relación al fondo de la cuestión. Por un lado, la sostenibilidad es una cuestión central y determinante, en sus tres dimensiones: medioambiental, económica y social. La crisis climática es una realidad que se ha acelerado enormemente. Las olas de calor que estamos viviendo en estos veranos, los incendios vinculados a los mismos, los fenómenos metereológicos extremos y las consecuencias de los mismos, están a la orden del día. De esta forma, nuestro mundo precisa de una transformación global pero está lejos de poder darse, y especialmente en un contexto como el actual con la crisis geopolítica derivada de la guerra de Ucrania. Sin embargo, la sostenibilidad es un principio que debe ser central para nuestro presente y futuro, así como para el planeta que dejemos para las siguientes generaciones.

La digitalización también aparece en todos los planes. No cabe duda que nuestro mundo también ha acelerado la misma, especialmente en el contexto de la pandemia covid-19. De esta forma, la implementación en todos los niveles de nuestra vida de lo digital es otra realidad indiscutible. Va teniendo sus ventajas, todos lo hemos podido observar. Nos permitió en su momento teletrabajar, permite reuniones digitales, agiliza no pocos trámites burocráticos y administrativos, entre otras cuestiones. La digitalización, como decíamos, se presenta también como un horizonte necesario y fundamental, en ocasiones también se señala como la solución a no pocos desequilibrios, como los territoriales o la despoblación del medio rural.

De acuerdo pero, ¿hay caras b de estos procesos? Sí, y lo importante es cómo se tienen que evitar las mismas. Que las consecuencias de las medidas tomadas en relación a la sostenibilidad y la digitalización, y las que se vayan a realizar, no afecten negativamente a los colectivos más vulnerables y en posiciones de mayor desigualdad. Y, de nuevo, esa parece la dirección en la que nos encontramos. La digitalización ya está dejando personas y colectivos que se van quedando atrás. Si la brecha digital avanzó del acceso al uso, se consolida en mayor medida en relación a la segunda. De esta forma, lo ocurrido con los servicios bancarios y las personas mayores, que se extiende a la Administración y las sedes electrónicas correspondientes, puede profundizarse. 

En relación a la sostenibilidad, los datos e indicadores también son claros, como lo muestran numerosos estudios e informes. La rentas más bajas son las más perjudicadas por las medidas tomadas en ese sentido, así como se agudizan los desequilibrios territoriales. Y es que no son pocos colectivos y empleos los que se ven más penalizados por ellas, por ejemplo en todo lo relacionado con el transporte y la dependencia de los combustibles fósiles. Es decir, no todas las personas están en la misma posición y situación para abordar este escenario, el cual también se verá intensificado por el aumento de los precios que ya estamos viviendo claramente.

Sostenibilidad y digitalización son los caminos trazados pero hay que ir generando los mecanismos para evitar los impactos de los mismos en los colectivos más vulnerables frente a dichas medidas. De otra forma, se intensificarán las desigualdades y se perderá la legitimidad de ciertas medidas a tomar para una parte de la sociedad. Diagnósticos y planificación son cada vez más necesarios, especialmente ante los escenarios complejos y cambiantes en los que nos encontramos. 



 
















Condiciones de trabajo y tipos de empleo

Por EQUIPO AICTS / 25 de julio de 2022

El pasado 15 de julio por la tarde, en plena ola de calor en España, el barrendero José Antonio González falleció en Madrid por un golpe de calor. Fue una noticia que, durante unos días, estuvo muy presente en los medios de comunicación. No fue el único, lamentablemente a lo largo de los días se fueron conociendo más casos de trabajadores que fallecían en este escenario, además de las personas que perecen debido a las consecuencias de la ola de calor. El caso de José Antonio González escenificaba una serie de cuestiones que hacen referencia a los tipos de empleo y a las condiciones de trabajo. Es decir, nos encontramos en no pocas ocasiones con empleos precarios, con situaciones en las que no se cumplen ciertos requisitos, especialmente en un momento tan complicado como el derivado de las olas de calor que estamos viviendo, y que serán más frecuentes según se indica desde las agencias metereológicas. Hay trabajos que se desarrollan al aire libre, que se encuentran más expuestos a las condiciones climatológicas, pero no es menos cierto que deben ponerse las condiciones para evitar o minimizar esos riesgos. Por ejemplo, la realización de dichas actividades en otras horas del día, así como poner a disposición de los trabajadores los medios necesarios para que esto no ocurra. Pero no es así en un mercado laboral que ha precarizado no pocos empleos de estas características.

Por su parte, en Ethic escribía Ramón Oliver el interesante artículo "Elogio de los trabajadores esenciales". Recordarán cuando, en los momentos más crudos de la pandemia de la covid-19, en la primavera de 2020, la sociedad pareció darse cuenta de los numerosos trabajadores que, con salarios reducidos y condiciones precarias, son determinantes para el funcionamiento de la misma. Limpieza, cajeros y cajeras de los supermercados, entre otros muchos. Oliver hace una crítica sobre cómo nuestro sistema ha ido minusvalorando a los mismos, también relacionándolo con el papel de la meritocracia, en cierto sentido. De lo que no cabe duda es que estos colectivos han ido perdiendo condiciones de trabajo.

Y es que es necesario volver la vista a la evolución de nuestro mercado laboral y a la estructura que se ha ido generando en las últimas décadas. La transformación de esas condiciones laborales en un sentido negativo, la precariedad, los salarios insuficientes, y la falta de perspectivas han generado un escenario dantesco. Este hecho se puede vincular a las transformaciones que también hemos ido señañando en relación a la uberización. Con respecto al primer grupo de trabajadores, se observan procesos como el peso de las subcontratas, la derivación a empresas de servicios que abarcan todo pero que se basan en unos salarios bajos. De hecho, no son pocos los concursos de las Administraciones Públicas donde las mismas encuentran un nicho de mercado rebajando sus propuestas a límites que no son razonables. Además, sus posibilidades en las negociaciones colectivas, e incluso en la posibilidad de articularse de esa forma, se reducen. 

Es lamentable lo que está ocurriendo con las condiciones de trabajo de nuestra sociedad, agudizado en los colectivos que ya se encontraban en condiciones más vulnerables. Pero, la aceleración de este proceso abarca cada vez a más capas y colectivos. No nos engañemos, el sistema va en una dirección de polarización más amplia, con un menor peso de los empleos con buenas condiciones y salarios y un mayor peso de la precariedad, y todavía por debajo queda el grupo más afectado por la uberización y las nuevas formas de empleo. De esta forma, como también hemos venido indicando, se va rompiendo la cohesión social. De esta forma, nuestras sociedades entran en riesgos cada vez más amplios porque los ciudadanos y ciudadanas precisan de estabilidad y de unas buenas condiciones materiales de vida, de tener sus necesidades cubiertas y que sus hijos e hijas cuentan con una perspectiva de porvenir. Todo esto, lamentablemente, cada vez se cumple en menor medida o para menos personas y colectivos. 

 
















El otoño

Por EQUIPO AICTS / 11 de julio de 2022

A día de hoy, 11 de julio, cuando publicamos este post, puede parecer un poco osado hablar del otoño, de septiembre incluso. Un verano en el que se han regresado a los hábitos de hace tres años, tras dos dos "suspendidos" por la pandemia de la covid-19. Un verano en el que han vuelto las vacaciones, en el que numerosas personas y familias han retornado a sus rutinas vacacionales. Bueno, no todo el mundo porque hay un porcentaje nada desdeñable de la población que no se puede permitir las mismas. Solo hay que acudir a los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística que señalan que el 32,7% de la población no podía permitirse irse al menos una semana de vacaciones al año. Las tendencias de los últimos meses no favorecen tampoco, bien porque han impedido a personas disfrutar de dicho derecho, bien porque el endeudamiento será mayor con el incremento de los costes de vida. 

Y, mientras tanto, los pronósticos, tanto los oficiales como los de los expertos, nos muestran un escenario de futuro a corto plazo, otoño, que se complejiza y se hace duro apoyado en las transformaciones geoestratégicas en las que nos encontramos. La Unión Europea, el Gobierno de España, y otros organismos, presentan mensajes que son muy duros en relación a los grandes datos macroeconómicos, por ejemplo la inflación (que vivimos a diario), un menor crecimiento del esperado, la deuda y el déficit, etc. Frente a esta situación, muy compleja, y con el fondo de la crisis de las materias primas y el contexto derivado de la guerra de Ucrania, las soluciones vuelven a situarse en los polos entre un mayor intervencionismo del Estado y una mayor ortodoxia económica que nos devolvería a modelos y parámetros de 2008. Y eso sí que sería un enorme error. Por otra parte, tampoco parece que los fondos de reconstrucción europeos estén dando el impulso necesario, lastrados en parte por una planificación mejorable y en parte por ese contexto derivado de los cambios geoestratégicos.

Por otro lado, y en función de este escenario, no son pocas las voces que alertan de un verano que será como una especie de "vivir el momento" ante lo que venga. Un aprovechar esta oportunidad porque el otoño, y los años venideros, no serán positivos. Aquí se aplicaría un "carpe diem" que también se ve lastrado por lo se ha señalado de la inflación, del aumento de los precios, etc. En definitiva, coger aire porque lo que venga después es de una gran incertidumbre. Y es precisamente ese hecho, la incertidumbre, un escenario que está lastrando las expectativas de unas sociedades y sistemas agotadas. Con una juventud cuyas expectativas de vida son complejas y que van retrasando su inclusión sociolaboral y sus proyectos de vida. Una sociedad en la que las desigualdades son cada vez más estructurales.

Y, frente a esta situación, necesitamos proyectos, planificación, estrategias, pero realistas y que no consistan en "vender humos". Una vez se fue capaz de hacerlo. Como hemos señalado en otros artículos, fue con la creación del Estado de Bienestar. Hay que regresar a la mejora de las condiciones materiales de la población, de las condiciones de trabajo, de unos mecanismos que permitan que las sociedades sean más equitativas y cohesionadas. De acuerdo, no estamos en la segunda mitad del siglo XX, las condiciones son otras, pero hay que retornar a "lo común", como también escribimos hace unas semanas. La cohesión da legitimidad a las sociedades, o contribuye decisivamente a ello, y no nos podemos permitir el lujo, no debemos tampoco, de abandonar ambas cuestiones. Queda claro que los esfuerzos serán de todos, pero no deben caer los mismos en los hombros de los de siempre. De esta forma, nos podemos ir despidiendo de buena parte de lo que tanto costó conquistar y construir. Pero, como se ha señalado, es la hora de los nuevos proyectos que vayan en esa dirección, no en la superficialidad y banalidad de muchas propuestas actuales. Fuimos capaces de hacerlo, hay que repetir. 


 
















Educación y ayudas

Por EQUIPO AICTS / 4 de julio de 2022

Seguro que la polémica por las ayudas del Gobierno de la Comunidad de Madrid en el ámbito educativo no han pasado desapercibidas para casi nadie. El gobierno madrileño ha aumentado el nivel de renta de las familias que pueden optar a ayudas para el estudio en centros privados. De esta forma, familias con rentas superiores a los 100.000 euros van a poder optar a las mismas, cuando anteriormente los límites eran mucho menores, hablamos de 30.000 euros para Bachillerato, 60.000 para Formación Profesional y 75.000 para Educación Infantil. La polémica está siendo elevadísima y las críticas al gobierno de Isabel Díaz Ayuso no se han hecho esperar. Es, sin duda alguna, una noticia que genera una elevada desazón en no pocos ámbitos por lo que supone en relación a la igualdad de oportunidades y la equidad.

El acceso a la Educación ha sido una de las grandes conquistas de nuestras sociedades, universalizando y ampliándose la superior a capas sociales para las que estaban vedadas o cuyo acceso era prácticamente imposible. Sin estos procesos, nuestras sociedades serían muy diferentes. Y para muchas personas procedentes de las clases trabajadoras y de las clases medias aspiracionales no hubiese sido posible llegar a la universidad sin becas y ayudas de las Administraciones Públicas. Becas y ayudas que sirvieron para pagar matrículas, para desplazarse a estudiar a otras ciudades y regiones, para poder elegir la licenciatura o el grado, etc. Becas y ayudas que sirvieron para consolidad una sociedad de clases medias y con un Estado de Bienestar como principio vector. Obviamente, sabemos que este escenario cambió con la crisis de 2008. Pero, la Educación siempre ha tenido como función clave la de la mejora de las oportunidades y, para muchos colectivos, sin ayudas y becas, es imposible, adquiriendo toda su dimensión el valor de lo público y de la corresponsabilidad. 

En los últimos años también se han producido cuestionamientos del sistema desde otros ámbitos, especialmente desde una parte de la izquierda, que cuestiona la meritocracia. También sabemos que la misma no existe, que ha sido una ilusión, o que incluso encierra no pocos mitos. Pero no cabe duda que muchas personas lograron sus objetivos a partir de premisas meritocráticas, en un contexto muy diferente. Posiblemente no podamos llamar al mismo ni siquiera meritocracia pero sí que el esfuerzo estuvo ahí y sus resultados. Que la meritocracia no existe es una realidad. Lo mismo que el esfuerzo también está presente para lograr una movilidad social cada día más complicada, más difícil, y con un ascensor social claramente roto. Son épocas muy diferentes, como decimos, y a nadie se le escapa que las condiciones de partida socioeconómicas son cada vez más importantes. Lo mismo que tampoco tenemos que dejar de lado la importancia de estudiar y formarse, claramente reflejado en las estadísticas e indicadores que muestran el impacto del nivel de estudios en el acceso al mercado de trabajo. 

De esta forma, la medida del gobierno madrileño lanza un mensaje muy negativo. Si a estas personas y familias, que ya parten de unas condiciones socioeconómicas favorables, se les beneficia todavía más con unas becas y ayudas que, en principio, tendrían que estar destinadas a otros colectivos, los cuales las necesitan sin duda alguna, el escenario que se genera ahonda en la desigualdad. No sabemos cuántas familias de esos niveles llegarán a solicitar ayudas y becas y les serán concedidas, el daño ya está hecho. Como decíamos, un mensaje que incide en la pérdida de la cohesión social y de la legitimidad y que va en contra de las premisas del Estado de Bienestar. Un modelo de sociedad que nos dio la fortaleza y que se está dinamitando en un contexto de cambio geoestratégico. Una pena. 

 
















La formación de adultos

Por EQUIPO AICTS / 27 de junio de 2022

El escritor Guillermo Aguirre, que acaba de publicar su novela Un tal Cangrejo (Sexto Piso), hacía la siguiente reflexión en una entrevista con Manuel Jabois en El País: "erradicar eso de “fracaso escolar”, que no sé cuánto daño hace. Sin llegar a la tontería de dejar de corregir con rotulador rojo para no ofender a los alumnos. No es un punto de no retorno dejar el colegio, entre otras razones porque siempre hay un camino de vuelta, siempre hay un momento en que puedes volver y sacar la ESO, hacer el Bachillerato, matricularte en una carrera. Pero eso no te lo cuentan, no sea que dejes de estudiar todavía antes". Dicha respuesta venía motivada por el tema abordado en su sugerente novela, que leeremos cuando sea posible, una historia en cierto punto autobiográfica que retrata el Bilbao de la década de los noventa del siglo XX, con unos protagonistas, él incluido, que habían abandonado los estudios, en parte por las circunstancias y los orígenes sociales que les rodeaban. Además, Aguirre argumentaba de forma crítica el papel de diferentes programas, hacía referencia a los extintos Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI), que son los que él conoció, así como había vuelto a estudiar, sacarse la Secundaria y el Bachillerato, e iniciar la carrera de Filología. Como decíamos, una novela muy sugerente que abre muchos debates, al menos en relación a lo leído en la interesante entrevista con el autor.

El mismo diario recogía en su Blog "Escuelas en Red" un artículo de Rodrigo J. García, también coordinador de dicho blog, bajo el título "Historias de superación en un centro de formación de adultos en Ceuta". También es una lectura muy recomendable ya que aborda cómo numerosas personas, en un contexto como el de la Ciudad Autónoma de Ceuta, pertenecientes a diferentes colectivos en los que se cruzan variables que inciden en su vulnerabilidad, exclusión y desigualdad, han logrado aprender competencias básicas, las cuales son determinantes para el acceso a un empleo y para desenvolverse en sociedad, logrando así una mejor inclusión laboral y social. En relación a la primera, hemos reflexionado en el Blog de AICTS en numerosas ocasiones sobre el papel que el trabajo tiene en nuestras sociedades.

Valgan estas dos muestras para reflejar la importancia de la formación de adultos y seguir insistiendo en la misma, especialmente en un contexto como el actual en el que hay unas mayores necesidades en ese sentido. Por un lado, tal y como indicaba Aguirre, porque las trayectorias están lejos de ser lineales. Tiene razón en la carga estigmatizadora del "fracaso escolar" y que luego se pueden producir retornos al sistema educativo, como es su caso, entre muchos. Obviamente, no son la mayoría, lamentablemente, porque se van generando dinámicas que rompen dichas posibilidades y, como bien apunta el propio Aguirre, tampoco en ocasiones el sistema opera para ello. Pero, no es menos cierto, que entre la formación de adultos se encuentran también la adquisición de la titulación en Secundaria, por ejemplo, y otras vías que tendrían que abordarse en mayor profundidad. Por otra parte, para no pocos colectivos es una vía de acceso a la ya señalada inclusión laboral y social. Sin la misma, sus opciones serían mucho menores. Además de las certificaciones básicas educativas, también se destaca el aprendizaje del idioma español y/o del resto de los oficiales del Estado en los distintos territorios, las TIC, otros idiomas, etc., tanto de forma reglada como no reglada. 

Finalmente, ya hemos recogido en AICTS la labor de investigación y trabajo en estas cuestiones que desarrolla el grupo GRASE (Grup de Recerca i Anàlisi Social i Educativa) de la Universitat de Lleida, liderado por Jordi Garreta i Bochaca. El año pasado, Núria Llevot Calvet y Olga Bernad Cavero, integrantes del mismo y de la propia Universitat de Lleida, junto con Gabriella Aleandri, de la Università degli Studi Roma Tre, coordinaron Experiencias y aprendizajes a lo largo de la vida. Italia y España, publicación que recoge diferentes trabajos de especialistas sobre la cuestión, fundamentamente en los dos países señalados. También GRASE y la Universitat de Lleida retoman este año 2022 el Seminari: Immigració i educació d'adults d'origen estranger: experiències singulars, en la que será su cuarta edición tras el parón generado por la pandemia covid-19 en los años 2020 y 2021, siendo el último celebrado en 2019. El 9 de noviembre de 2022 es la fecha elegida para retomar esta interesante iniciativa que permite seguir analizando y reflexionando, así como poniendo en valor la necesaria formación de adultos. 



 
















El trabajo y sus cambios

Por EQUIPO AICTS / 20 de junio de 2022

Nunca dejamos de hablar del trabajo y de las circunstancias que lo rodean debido, obviamente, a la posición central que ocupa en nuestras sociedades y en nuestras vidas. Los debates sobre la cuestión son recurrentes y relevantes, y seguirán siéndolo, especialmente en relación a todos los cambios que vienen acaeciendo y que están haciendo hincapié en precarizaciones y vulnerabilidades o en cómo se transforman unas condiciones que dan lugar a esos escenarios de inestabilidad. Seguramente, las generaciones de más edad nos hayamos socializado en un concepto del trabajo muy vinculado a los términos de Sennett, al que volveremos, de carrera y biografía. Esas trayectorias que estaban definidas y marcadas por unos pasos claros. Formación, empleo con una cierta estabilidad y jubilación. Los trabajos temporales, los cambios frecuentes, etc., no eran para muchas personas lo habitual sino periodos excepcionales. Lo mismo ocurría con el desempleo y con la economía informal, aunque no es menos cierto que en España estos escenarios han sido más estructurales, afectando especialmente a colectivos vulnerables y reproduciéndose las desigualdades y la estructura social. Además, y no menos importante, el empleo es que permite el acceso a ciertos Derechos Sociales. Igualmente, este modelo de sociedad se germinó con un Estado de Bienestar poderoso que entró en crisis en la década de los setenta con la llegada de las corrientes neoliberales. Y un escenario en el que no era menor la importancia de los procesos de negociación colectiva, con un papel determinante de los sindicatos.

En los últimos veinte años, este modelo ha cambiado y, como hemos señalado, las tendencias son diferentes. Ya no es posible una carrera en muchos casos. Ese concepto del "trabajo para toda la vida" ha desaparecido prácticamente, salvo que se entre como trabajor público, y la inestabilidad es la regla. La crisis de 2008 contribuyó decisivamente a cambiar las condiciones laborales de buena parte de la población. Antes, ya el papel de los sindicatos había descendido alarmantemente, la negociación colectiva perdía valor, y las nuevas formas de empleo iban apareciendo. Con las "economías del contenedor" y las plataformas tecnológicas, se daba paso a nuevos modelos de empleo, de autoempleo y de servicio a demanda. La "uberización" se fue institucionalizando y nuestro paisaje laboral mutó. Además, la siempre presente amenaza de la automatización, y los cambios acaciedos en todos los sectores vinculados a la misma, también sigue siendo un elemento de inestabilidad. Junto a todo ello, hemos asistido a una serie de discursos, lanzados desde diferentes ámbitos, especialmente económicos, que han incidido en el emprendimiento y en ciertos aspectos relacionados con el uso del tiempo, de la realización, etc. Sin embargo, en no pocos casos hay muchas trampas detrás de estos discursos. Igualmente, la presión por la productividad y los resultados, cada vez más medidos, el temor a perder el empleo, etc., ha dado lugar a un incremento de las cargas de trabajo, sin olvidar que ha habido también ajustes y despidos que han reducido plantillas. En definitiva, nos encontramos con un mercado de trabajo cada vez más polarizado en el que una cada vez menor cantidad de empleos de calidad están disponibles y, el resto, van entrando en diferentes grados de precarización, más presente en unos sectores o ámbitos que otros. Además, esos empleos de calidad estarán disponibles para determinados grupos sociales, aquellos que cuenten con los diferentes capitales (económicos, sociales, culturales y relacionales) para acceder a los mismos. Lo estamos viendo en muchos ámbitos y el universitario es uno de ellos.

En este contexto, cabe señalar el movimiento que se ha denominado como "la gran dimisión", que ha comenzado en Estados Unidos y que hace referencia a trabajadores que no están dispuestos a aguantar determinadas condiciones laborales que están minando su salud y vida personal. Es interesante analizar estos procesos aunque también conviene delimitarlos. Por un lado, porque pueden hacer referencia a determinados sectores, cualificados, en la que existen personas que se pueden permitir esa "dimisión" o "renuncia". Es decir, en una sociedad como la nuestra, en la que el trabajo es central, ¿cuántas personas pueden dar este paso? En segundo lugar, también se ha vinculado en el caso español con la situación de la hostelería, un sector que tiene un déficit de empleados y que, en España, es determinante por el valor del turismo y del propio sector hostelero. Pero la situación de la hostelería ya era precaria antes de la pandemia, hecho que también ha sido determinante para la aceleración de esta tendencia. Un sector que se había deterioriado también en sus condiciones de trabajo y que precisa de una puesta en valor y de reconocimiento, tanto de sus condiciones como socialmente. 

Para finalizar, dos entrevistas interesantes aparecidas en El País recientemente. En una de ellas, Richard Sennett, al que regresamos, analiza el escenario actual y cómo la economía se ha impuesto a la política. El autor del imprescindible La corrosión del carácter, un clásico, incide en esos puntos que deberían ser claves para la cohesión social. Estamos en un tiempo complejísimo y las tendencias no son precisamente positivas. En otra entrevista, Guy Standing, que conceptualizó esa transformación del mundo del trabajo en esa nueva clase social que llamó el "precariado", insiste en que estos procesos se han acentuado y postula como propuesta la renta básica. Unas apreciaciones sumamente interesantes que están en el centro del debate. 
















La construcción de lo común

Por EQUIPO AICTS / 6 de junio de 2022

Durante estas dos últimas décadas, las tendencias de nuestras sociedades se han tornado más individualistas y priorizando cierto tipo de valores. Este hecho no se puede separar de la propia evolución del sistema capitalista dentro de un contexto neoliberal y globalizado. Sobre estas cuestiones se ha teorizado, escrito, debatido y hablado especialmente en los momentos de crisis que nos han acontecido en este periodo, pero también como un aspecto transversal que ha ido configurando nuestra sociedades. De esta forma, una de las cuestiones que suelen vincularse con el escenario vivido es la dificultad de articular un concepto de "lo común", como proyecto colectivo en nuestras sociedades, apelando a un "nosotros" pero desde un punto de vista de la corresponsabilidad y no enfocándolo en otros aspectos como los que se apuntan desde proyectos políticos excluyentes. Las reflexiones de este artículo también vienen marcadas por la lectura del recomendable Futurofobia de Héctor García Barnés, publicado por Plaza Janés y del que dimos cuenta en nuestras "Lecturas recomendadas". En la obra de García Barnés aparece también la cuestión de cómo imaginar un futuro con proyectos comunes, hecho que en estas décadas parece haber quedado en un segundo plano, o incluso más allá.

No se entenderían modelos de sociedades como las basadas en el Estado de Bienestar sin la consideración de "lo común", de la construcción de unas sociedades más igualitarias con principios como los de la corresponsabilidad, la cohesión social y la equidad. En tiempos como los actuales, basados en un importante cinismo, "lo común" parece algo lejano. Pero no es menos cierto que se utiliza "lo común" constantemente, aunque en no pocas ocasiones como un mantra banalizado para el que no se articuan los mecanismos que impliquen avanzar en el mismo. Las debilidades de nuestro sistema y las crisis sucesivas han ido abriendo la puerta a otros discursos que tiran de lo común desde una forma excluyente, trazando una línea clara entre "los unos" y "los otros". Sin embargo, la cohesión social no puede estar más lejos de estos discursos y visiones y fue precisamente el Estado de Bienestar el que se encargó en buena medida de canalizar ese "lo común", entre otros factores. Unas sociedades que tenían como objetivos la reducción de las desigualdades, la equidad, la garantía de Derechos Sociales a través de su accesibilidad, la corresponsabilidad, etc., consiguieron avanzar en esos caminos. Con sus debilidades y contradicciones, que existen obviamente, estuvieron ahí. Lamentablemente, en las dos últimas décadas esas visiones se han ido debilitando, aunque las causas hay que encontrarlas décadas antes, ya a partir de la década de los setenta del siglo XX. 

En la actualidad, nuestros debates están trazados por numerosas cuestiones vinculadas a estas políticas y a "lo común". Se debate sobre la viabilidad de estas políticas públicas, ya debilitadas. Se debate sobre las pensiones. Se analiza el papel de la educación, del ascensor social y se entra en la meritocracia, algo que todo el mundo tiene claro que no existe pero también se conoce que es a través de la educación y de ciertas políticas sociales a partir de las cuales se puede avanzar en una mayor equidad. Y todo ello sin olvidar todo lo relacionado con las respuestas a las crisis, como la del covid-19, tan diferentes a las llevadas a cabo en 2008. En este contexto, ha sido sin duda alguna retomar unas líneas estratégicas y medidas más vinculadas a esas visiones relacionadas con el Estado de Bienestar las que han permitido una respuesta más eficiente.

Pero, retornando a nuestra reflexión inicial, y siguiendo con el libro de Héctor García Barnés, se observa que hay una ausencia de un proyecto colectivo que pase por ese "lo común", desde ese punto de vista de igualdad y de equidad. Ciertamente, nuestro tiempo ofrece muchas ventajas y avances inimiginables hace poco tiempo. Pero también un escenario en el que nos hemos instalados, en el de la negatividad en relación al futuro, en el de no ser capaces de imaginarlo de otra forma que no sea una pérdida de las conquistas logradas en el pasado, las cuales se están produciendo a través también de una precarización de la vida. García Barnés acierta en el diagnóstico y en la solución, en pensar que si hemos conseguido y logrado llegar hasta aquí, también podemos pensar en los cambios que tenemos que hacer en nuestros sistemas y sociedades para que esos futuros no sean tan pesimistas. Sí, somos conscientes de que los factores y las corrientes no juegan a favor de los mismos, pero algo habrá que hacer. 













Sobre las pensiones

Por EQUIPO AICTS / 30 de mayo de 2022

La cuestión de las pensiones es una de las que suele aparecer recurrentemente en los medios de comunicación. Sin embargo, en los dos últimos años, con la crisis de la pandemia covid-19, había quedado en un segundo plano, al menos de cara a la opinión pública, debido a la urgencia de la situación que se estaba viviendo. Pero, en los últimos meses han ido apareciendo nuevas noticias sobre las pensiones, vinculadas a la reforma de las mismas. Y todo ello bajo la mirada atenta de Bruselas que observa el escenario de la economía española, marcado por no pocas incertidumbres, comunes al conjunto de la Unión Europea pero también con sus especificidades. Recientemente, el Banco de España señaló que las pensiones eran el principal reto para las cuentas públicas españolas. Obviamente, este es un debate que, como señalábamos anteriormente, es estructural.

No cabe duda que el sistema de pensiones es uno de los principales pilares de las políticas sociales vinculadas al Estado de Bienestar. De hecho, es una de las bases del nacimiento y evolución de dichas políticas que darían lugar, décadas después, al señalado Estado de Bienestar. Las pensiones garantizaban que los trabajadores contarían con un sustento tras su jubilación. Las pensiones se fueron ampliando a diferentes ámbitos, aunque las mismas dependen de la cotización durante la vida laboral de los trabajadores y hay pensiones, como por ejemplo las no contributivas o las que reciben los autónomos, que no son muy elevadas. En el caso español, las pensiones están institucionalizadas desde hace décadas como una de las grandes conquistas sociales y acontecimientos como el Pacto de Toledo de 1995, clave en la configuración del sistema actual, contó con el acuerdo de las fuerzas políticas y sociales. 

Pero las pensiones también están sujetas a los cambios de los tiempos. Como le ocurre al conjunto del Estado de Bienestar, son hijas de su tiempo y es un sistema que parte de unas condiciones que han ido transformándose. Sin duda alguna es uno de los principales retos de este modelo tan necesario, cómo adaptarse a esos cambios, y es una de las reflexiones más profundas que se tienen que hacer, evitando caer en las tendencias neoliberales que tiran de la cuerda hacia otros modelos de sociedad más individualistas, con menor cohesión social y corresponsabilidad. Sobre las pensiones se apunta a su sostenibilidad. Como todos los servicios contributivos, y esto se puede ampliar a cuestiones como los impuestos, depende en buena medida tanto de las rentas del trabajo como de los impuestos indirectos, y de nuevo entramos en esa rueda en la que vuelven a ser determinantes las condiciones materiales. Además, a este escenario se une la situación de la estructura demográfica. Es decir, unas sociedades envejecidas con una población que llega a edades más avanzadas y en mejores condiciones, un logro fundamental, pero con una natalidad estancada que implica que hay cohortes futuras menores, con la implicación en las cuentas públicas y en el conjunto de las dimensiones económicas. Y si unimos precariedad del empleo, crisis, etc... un escenario complejo.

Sin embargo, hay que articular mecanismos que permitan el mantenimiento de este sistema y su mejora. No hay que caer en determinismos y pesimismos vinculados a un escenario complejísimo, reconociendo la realidad obviamente. En estos momentos, el trabajo por las pensiones, como por el conjunto de las políticas sociales, es determinante. En la actualidad, las pensiones representan el 12% del Producto Interior Bruto de España, pero las pensiones tienen que ir adaptándose a los cambios señalados. No son pocas las voces que insisten en nuevos pactos sociales en relación a la cuestión, los cuales son necesarios, especialmente en estos tiempos tan polarizados en los que los grandes acuerdos son casi la excepción. Algunas cuestiones deberían estar por encima de ideologías y de determinadas posiciones, acordándose los puntos básicos y mínimos que garanticen, en el caso de las pensiones, esa sostenibilidad. En caso contrario, seguiremos por los caminos que nos llevan a casillas de salida. 














Ciudades, barrios y condiciones de vida

Por EQUIPO AICTS / 23 de mayo de 2022

A lo largo de numerosas entradas del Blog que realiza el Equipo AICTS hemos hecho referencia a las circunstancias que los entornos tienen en las condiciones de vida y en las posibilidades de alcanzar unos niveles u otros de bienestar. Algo totalmente lógico y analizado continuamente. De hecho, con la pandemia de la covid-19 se hizo especial hincapié también a las condiciones ambientales y a los lugares de residencia en sus diferentes dimensiones, especialmente en el caso de los confinamientos y de las posibilidades que suponía estar viviendo en unos determinados barrios, dentro de las ciudades, y en unas clases de viviendas u otras. Obvio. Pero, en no pocas ocasiones parece que hemos perdido, especialmente en nuestras sociedades donde ciertos niveles de bienestar se dan por seguros, el reconocimiento de la importancia de esas condiciones medioambientales y del papel de los lugares de residencia. Insistimos, en el caso de nuestras sociedades occidentales ya que todavía en el mundo quedan numerosos lugares en los que faltan los servicios básicos, los cuales no dejan de ser derechos. 

Por estos motivos, nos resulta especialmente interesante el reciente artículo de El País "Salud urbana: el barrio determina tu bienestar o tus enfermedades", publicado en la sección Salud y Bienestar. Dicho artículo presenta ejemplos de estudios y de datos e indicadores que muestran esa correlación entre el bienestar, las enfermedades y los lugares de residencia en las ciudades. Lógicamente, esa relación también viene determinada por los niveles de renta y por el acceso tanto a los servicios básicos como a otros complementarios que pueden hacer que se incremente el nivel de bienestar o se reduzcan las variables medioambientales que pueden hacer que se incrementen los riesgos de enfermedades. Por ejemplo, la esperanza de vida entre diferentes barrios de Madrid varía en diez años, se incrementa a los dieciséis en Baltimore y llega a los dieciocho en Santiago de Chile. Lógicamente, estas diferencias serán mayores en países con mayores segregaciones sociales, las cuales tienen su reflejo social. El entorno, la disponibilidad de zonas verdes, parques, y también otros aspectos vinculados a la contaminación, etc., son señalados como determinantes. Insistimos, no es ninguna novedad. Y aquí tienen un papel relevante las políticas públicas, que tienen que hacer un esfuerzo mayor para generar entornos más saludables. Recordemos también cómo en los últimos meses se le está dando una importante relevancia a la cuestión de salud mental, que también tendría su dimensión espacial, geográfica y ambiental.

Dentro de las variables señaladas, otro informe ha mostrado cómo la contaminación ambiental causa nueve millones de fallecidos prematuros al año. Es una cifra elevadísima que muestra cómo esas condiciones medioambientales son determinantes y que, en función de los lugares de residencia, los riesgos para la salud son más elevados. A esta variable también se añade el impacto del cambio climático, con un aumento de las temperaturas y de condiciones extremas que ya está dejándose notar en las condiciones de vida. Retos y desafíos que cada vez adquieren una mayor relevancia y que, como en tantas otras ocasiones, afectan en mayor medida a los colectivos más vulnerables.