Más desigualdad

Por EQUIPO AICTS / 15 de marzo 2021

Se ha cumplido un año de la declaración del estado de alarma. Fue el 14 de marzo de 2020, era un sábado cuando Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, comunicó este hecho y entramos en un confinamiento de casi dos meses que dio lugar a medidas que se iba endureciendo y alargando en función de la situación de la pandemia. Afortunadamente, y a pesar del riesgo derivado del aumento de los contagios en varias olas, no hemos vuelto a ese durísimo escenario. Es cierto que hemos vivido momentos de cierre de actividades no esenciales, de limitaciones de la movilidad, y que todavía estamos en ellas. Las Comunidades Autónomas se cierran perimetralmente, existen toques de queda y el estado de alarma está vigente hasta el 9 de mayo de 2021, por lo menos. No queda otra para combatir un virus que ha transformado nuestras vidas. Mientras tanto, las vacunas van con un avance lento y se establecen en el horizonte nuevas expectativas, aunque no cabe duda que a esto le queda un largo camino. 

El 14 de marzo de 2020, nos enfrentábamos a una realidad que desconocíamos. Habíamos pasado en una semana de ver aquel virus extraño en algo lejano a tenerlo en la puerta de nuestras casas. Aquella incertidumbre se transformó en una crisis sanitaria sin precedentes recientes. En un drama con decenas de miles de fallecidos. En un angustioso recuento de los mismos y de los infectados, en una dramática situación de los hospitales. Con las actividades paradas o a medio gas, el siguiente estadio de análisis era el impacto económico y social. Aquí ya alertamos de las consecuencias en esta dirección, una transformación de nuestras estructuras pero que no iría precisamente hacia una mejora de las mismas sino hacia una intensificación de tendencias que ya venían de atrás. Y, lamentablemente, la desigualdad aumentaría y sería una característica de lo que vendría. Posiblemente, puede que no se visualizase tan a corto plazo por determinadas medidas que se fueron tomando desde las Administraciones Públicas, pero a medio y largo plazo las cosas seguramente vayan a peor. En un país con una estructura económica tan endeble, desde el punto de vista de los sectores productivos predominantes, como es España, una crisis de estas características se puede llevar por delante muchas cosas. El sector turístico y de los servicios no cualificados vinculado al ocio ha sido uno de los más damnificados, con sus consecuencias en el empleo. Dentro de los mismos, además, también había colectivos que ya estaban en situación de precariedad y vulnerabilidad, con trabajos inestables, de temporada, con salarios en ocasiones muy bajos, etc. Pero, además, el impacto de esta situación también se verá reflejado en las cuentas públicas, en los ingresos del Estado a través de los impuestos, que descenderán. Al tener que hacer un mayor esfuerzo para afrontar esta situación. Y en un endeudamiento y aumento del déficit para ello, lo que tendrá consecuencias a medio y largo plazo porque será un dinero que habrá que devolver y con sus intereses. Ahí habrá que estar atentos para que nuestro Estado de Bienestar no se vea todavía más reducido.

Pero la desigualdad creciente ya está aquí. Cáritas ha presentado unos datos ilustrativos. Más de medio millón de personas han tenido que acudir a sus servicios por primera vez, o han precisado de los mismos cuando hacía mucho tiempo que no tenían necesidad de ellos, desde marzo de 2020. Un dato muy significativo y que muestra ese impacto de las consecuencias económicas y sociales de la pandemia, a pesar de las actuaciones de las Administraciones Públicas, que a tener de estos datos se muestran también insuficientes. Por otra parte, ya hay indicadores que también van mostrando cómo esa desigualdad va a aumentar y que hacen referencia a los puntos y bases de partida. A la desigualdad se le suma la desigualdad creciente, y esto va a ser la norma en este contexto de pandemia. Para finalizar, otra muestra de lo que está viniendo es la situación de los jóvenes, ya señalada en este blog, que han visto crecer su desempleo, retrasarse su emancipación, retorno a los hogares familiares, y un parón en sus proyectos de vida. Son muestras que están ya muy presentes pero que, sin duda alguna, nos recuerdan a lo que comenzamos a vivir con la crisis de 2008, aunque está vez con un impacto todavía mayor. ¿Estaremos a la altura de las respuestas o cometeremos los mismos errores que entonces?













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