¿Quién puede tener hijos?

Por EQUIPO AICTS / 22 de marzo 2021

Hace unas semanas se publicaron los datos estadísticos de la natalidad en los meses de diciembre de 2020 y enero de 2021, es decir, cuando se podría observar el impacto del confinamiento de hace un año en los nacimientos. Y los datos han sido los esperados, un descenso de 23% con respecto a los datos de un año antes, hecho que se producía en los países del entorno. De esta forma, se producía un impacto añadido en las tendencias regresivas de los nacimientos que ya es estructural. Es una cuestión que se viene analizando desde hace mucho tiempo, haciéndose hincapié en una serie de factores u otros para explicar este proceso. La natalidad en el caso de España se ha estabilizado en unos niveles que implican un crecimiento vegetativo negativo, nacimientos menos defunciones, que se ha visto mitigado en ocasiones gracias a la llegada de la inmigración. La evolución de los indicadores demográficos están relacionados con variables sociales, culturales, económicas, políticas, etc., y en el caso de la natalidad se dejan ver en la transformación de los roles sexuales, en los cambios en la familia y en el papel de los hijos. Es decir, se pasó de una "obligación" de tener hijos a una elección personal. Estas transformaciones estuvieron también vinculadas al desarrollo de los procesos de control de la natalidad a través de los métodos anticonceptivos. De la misma forma, si tener hijos dejaba de ser ese "deber", también descendía el número de hijos de las parejas, lo que tenía sus consecuencias en otros ámbitos. Lejos iban quedando las imágenes del "baby boom" de las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX. Se imponía un modelo basado en "hijos de calidad", es decir, se transformaban una serie de valores vinculados a tener hijos en los que se incidía en la atención y en la consecución de una serie de hitos, una estabilidad (en el caso de España, una trayectoria profesional consolidada, una vivienda, etc.), que también era vista como un requisito imprescindible. Esta serie de cambios daban lugar a esos descensos de la natalidad que en el caso de España se vieron ya en los ochenta del siglo XX. 

Tener hijos era una elección e implicaba una serie de pasos previos. Sin embargo, nuevos cambios sociales también iban produciendo una transformación en el proceso. Además de que esos pasos previos señalados iban retrasando ese camino, consolidar una carrera laboral y adquirir una vivienda no se hacía de la noche a la mañana, también se producía una postergación porque se consideraba que, primero, había que disfrutar de otras etapas como por ejemplo viajar, etc. El retraso de la edad del primer hijo tenía sus consecuencias en que el segundo ya era más difícil que llegase por una cuestión de edad. De esta forma, se comenzaba a alertar de las consecuencias en la pirámide de población y en la estructura social de estos procesos y se comenzaba a hablar de política de fomento de la natalidad. Mientras tanto, el proceso migratorio de la primera década del siglo XXI rejuvenecía nuestro país. Pero, la llegada de la crisis de 2008 supuso un nuevo impacto en los factores que determinan la natalidad, con un fuerte impacto en los jóvenes que veían retrasarse sus proyectos de vida debido al aumento de la inseguridad y la precariedad laboral. En un país como España, además, el acceso a la vivienda seguía siendo complejo, especialmente para unos trabajadores que cada vez tenían un acceso más complejo al mercado laboral y con unos alquileres que no mitigaban el escenario. 

La pandemia covid-19 tiene unas consecuencias determinantes en todo este escenario al añadir una mayor precariedad e inseguridad a las condiciones de vida. Es decir, si las bases que determinan la natalidad ya implicaban unas importantes dificultades, la situación actual y la que venga en los próximos años no va a operar en favor de un aumento de la misma. Se suele hacer hincapié en esas decisiones personales y el cambio de valores, pero también hay indicadores que muestran cómo la fecundidad deseada está en dos hijos cuando la tasa de fecundidad apenas supera el uno, siendo necesaria 2,1 para asegurar la tasa de reemplazo. En definitiva, todavía hay muchas personas que quieren tener hijos, y no uno. Las políticas de formento de la natalidad en un país como España, con un Estado de Bienestar de carácter familista, no han funcionado ya que se han pasado en medidas poco incentivadoras, tipo el "cheque bebé" de su momento, o en no haber incidido en redes públicas de guarderías, o en haber puesto el foco en los abuelos y abuelas como cuidadores. Sin olvidar que hay un escenario más amplio como es la situación del mercado laboral y las condiciones de vida. Habrá gente que diga que en otros lugares tienen hijos en situaciones de precariedad, o que antes se hacía así, pero no es la respuesta debido a que se han dado esos cambios que hemos comentado. Se van intentando poner soluciones, surgen medidas, pero tampoco se avanza en cuestiones como la conciliación tanto como sería deseable y necesario. Y, mientras tanto, parece que en nuestro mundo y circunstancias tener un hijo es un lujo ante el que no pocas personas y parejas se ven en una situación de difícil acceso. La cuestión de la natalidad sigue siendo central pero esa sensación de que no se consigue avanzar en la solución, en un fomento real y efectivo, nos pone ante tesituras complejas.













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