Sobre becas

Por EQUIPO AICTS / 19 de abril 2021

En las últimas semanas han surgido algunas noticias en relación a las ayudas al estudio y a las becas universitarias. Se incide en aspectos como las cuantías, el descenso de la nota media de 6,5 a 5 en los máster habilitantes, y en el aumento de los universitarios con becas completas, de 90.000 a 215.000 en tres años. Es importante pararse a reflexionar en el papel de estas ayudas y becas, especialmente en unos contextos como los actuales. Recordemos que, dentro de las políticas de igualdad de oportunidades y equidad vinculadas al Estado de Bienestar, las becas y ayudas al estudio han sido determinantes en el aumento de la formación y la cualificación de la sociedad. Si la universalización y la gratuidad de la educación obligatoria fue un avance clave, no lo fue menos el hecho de que muchas personas de orígenes de clases trabajadoras y de clases medias pudiesen acceder a los estudios universitarios gracias a las becas. Además de las elecciones personales, los esfuerzos personales y familiares, las becas eran claves y, en no pocas ocasiones, podían determinar la balanza entre seguir estudiando o no, como ahora. En la década de los ochenta y de los noventa del siglo XX, muchas personas pudieron ir a universidades, tanto en sus localidades como en otras ciudades, a cursar sus estudios lo que tuvo su incidencia en una estructura social que se configuraba de clases medias. Las becas universitarias fueron en gran medida exitosas, aunque no es menos cierto que había colectivos que se quedaban fuera del sistema porque ni se planteaban que podían acudir a la Universidad. Los hijos e hijas, nietos y nietas, del éxodo rural, de los barrios de clase trabajadora, vivían el ascensor social y la movilidad gracias en gran medida a este proceso. 

El aumento de universitarios y universitarias en España ha sido uno de los grandes logros del Estado de Bienestar, un hecho que gracias a las becas permitía que el origen socioeconómico tuviese un peso menor, aunque seguía estando ahí. Sin embargo, el siglo XXI, y especialmente las políticas de recortes de gasto público y de corte neoliberal, vieron una transformación de los sistemas de becas. Sí, es cierto que había más estudiantes con becas pero no es menos cierto que los importes cada vez cubrían menos gastos. Unos gastos que también se incrementaban con el aumento del coste de la vida y de las tasas universitarias, además de las dificultades para poder acceder a viviendas de alquiler accesibles especialmente en las grandes ciudades, Madrid y Barcelona, pero también en el resto. De esta forma, el sistema seguía manteniendo una cierta sensación de equidad pero otros factores estaban operando en su contra, más sutiles e indirectos. Un proceso que también se daba en la sociedad y en su transformación, especialmente con la crisis sistémica de 2008.

En algunas investigaciones que han realizado integrantes de AICTS, todavía pendientes de publicación y difusión, hemos constatado algunos aspectos claves sobre estos procesos. Por una parte, en un estudio sobre desigualdades en educación, en la fase cualitativa con estudiantes procedentes de entornos con dificultades económicas, se constató en sus relatos que no percibían la desigualdad en las etapas obligatorias, ya que la gratuidad de la educación, el acceso a los libros y materiales, y el apoyo del sistema (formal e informalmente), hacía que esas desigualdades no fuesen tan evidentes. Sin embargo, cuando llegaban a los niveles superiores, especialmente los universitarios, sí que constababan claramente que se encontraban en posición de desventaja con respecto a sus compañeros y compañeras de otros orígenes socioeconómicos. El impacto en la elección de estudios, no poder elegir una carrera en otra localidad diferente a la suya por ejemplo; en el acceso a libros y recursos; en tener que trabajar y estudiar a la vez, etc., eran aspectos frecuentes en estos perfiles. Las becas desempeñan un papel central para ellos pero sus cuantías no cubren todas las necesidades, además de las exigencias en nota para conseguirlas y el retraso en sus pagos. Estos aspectos se vieron refrendados en otro estudio cuantitativo con universitarios y cualitativo con especialistas y expertos del mundo universitario. Las becas eran fundamentales para unos colectivos que, sin ellas, tendrían difícil acceder a los estudios superiores pero sus importes no eran suficientes y los requisitos de nota eran muy duros. Hecho que se complicaba en los ya señalados másters habilitantes.

Como venimos señalando desde hace más de un año, la crisis derivada de la pandemia covid-19 va a tener un impacto sobresaliente en estos procesos. La educación ya estaba en crisis desde antes, en el sentido de que se dan mecanismos de reproducción de desigualdades sociales que operan de diferentes maneras, a pesar del enorme esfuerzo del sistema educativo que, obviamente, no tiene la culpa de toda esta situación, ni mucho menos. Al contrario, en no pocas ocasiones olvidamos las potencialidades y éxitos del mismo. Pero, con lo ocurrido desde 2008, con sus bases en la década anterior, la ruptura de la movilidad y del ascensor social, el cuestionamiento de la meritocracia, también la infravalorización de la propia Universidad (en no pocas ocasiones por motivos ideológicos y por intereses contrarios a sistemas cohesionados socialmente), y la precariedad del mercado de trabajo, se ha producido una especie de "tormenta perfecta". Bienvenidos sean todos los cambios a favor de las becas y ayudas, tanto de forma cuantitativa como cualitativa, pero seguramente sean insuficientes y no cubran todas las necesidades presentes y futuras que, lamentablemente, serán más amplias. No podemos hacer maquillajes de la situación, no se pueden poner parches, sino revisar un sistema que debe ser clave en la igualdad de oportunidades y la equidad. 















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