Sobre la clase media

Por EQUIPO AICTS / 30 de enero de 2023

Hace unas semanas, Sergio C. Fanjul publicaba en El País un extenso y muy interesante artículo bajo el título "No llegamos a fin de mes. La clase media no era esto". En el mismo, Fanjul analizaba el devenir de las clases medias, o de la clase media, en la última década cuando, como se viene analizando, las mismas han cogido un camino de vuelta en la estructura social. Es decir, una movilidad social descendente con la precarización del mundo del trabajo, el aumento de los costes de vida, el no funcionamiento de cierto indicadores de estatus que permitían coger el ascensor social, habiéndose quebrado este último. Es decir, una serie de factores interrelacionados que, a partir de la crisis de 2008, se intensificaron. Sin embargo, como hemos señalado en otros procesos vinculados a la estructura social y a las clases sociales, había signos que indicaban que este escenario era plausible.

No cabe duda de que la evolución de las clases medias es uno de los objetos de estudio de la Sociología más destacados en la última década y media. Como decíamos anteriormente, la clase media a partir de la crisis de 2008 comienza un retroceso que viene marcado por la ruptura de la "promesa" de progreso. Es decir, esa movilidad social en la que se sustentaba la estructura social se rompe y la misma sigue siendo vertical pero en un sentido descendente. Sobre la clase media siempre ha pesado una dificultad de conceptualización debido a su heterogeneidad y a la bifurcación entre dos variables como son el nivel económico y los signos de estatus. La clase media, además, tampoco puede sustraerse a la construcción de sociedades basadas en el Estado de Bienestar y que fundamentaban parte de su cohesión social en ese proceso. De esta forma, el acceso a un nivel de estudios superior, la consecución de ciertos signos de estatus y un nivel socioeconómico que permitía el acceso a estos últimos era determinante para la construcción de esas clases medias. Pero, con la crisis de 2008 se consolida una ruptura que, además, siendo en no pocas ocasiones aspiracional y autorreferencial, genera una disonancia entre la precarización creciente de la vida, los signos de estatus y el hecho de poseer algunos de ellos, por ejemplo una formación cualificada o incluso un empleo de esas características, y no entrar en esa categoría de clase media. 

Junto a la ya comentada dificultad de conceptualización, se unen algunas miradas sobre las clases medias que apuntan a su función como desactivadora de los movimientos obreros y de partidos situados en el extremo de la izquierda en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los países europeos occidentales de la posguerra. Una visión compartida desde diferentes ámbitos que obvia la complejidad de un fenómeno que, paradójicamente, ha sido clave para la formación de unas clases medias y medias altas basadas en signos de estatus y de pertenencia con ideología de izquierda. Este mismo hecho, que sería digno de analizar, se puede también vincular al conservadurismo de esta clase media que en buena medida también se da. Obviamente, conservadurismo que implica "conservar" lo que se ha conseguido o se tiene. Pero ese conservadurismo también se ha vinculado, con razón, al voto a tendencias más de centro - derecha y de derecha. En definitiva, en este punto hay muchos aspectos que se dan pero también no pocas contradicciones y ambiguedades. 

El escenario del mayor grupo de población de la estructura social, autocategorizado (no lo olvidemos), es cada vez más complejo, más difícil en sus condiciones socieconómicas, como el de la mayor parte de la sociedad, comenzando por los colectivos más vulnerables y ubicados en el riesgo de exclusión social. Colectivos que podían contar con la aspiración de ser clases medias y cuyo ascensor se ha roto. Pero, como hemos señalado anteriormente, estamos ante un fenómeno que es muy complejo. De lo que no cabe duda es de que, la precarización de las clases medias supone un impacto en la cohesión social ya que nuestros modelos se basan, en buena medida, en ciertos consensos que pasan por esa movilidad, o el cumplimiento en parte de la promesa de movilidad. Otra cuestión es que tengamos que debatir también sobre "movilidad hacia dónde" o qué entendemos por "progreso". El camino hacia otros modelos de sociedad ya está muy avanzado y los signos son evidentes, por ejemplo los datos sobre la estructura social en un país como Alemania. Hace ya unos años, se publicó en la revista EHQUIDAD "Sociedad outlet - sociedad low cost: la clase media vuelve a casa", del integrante de AICTS y profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja Sergio Andrés Cabello, donde se analizaban algunos de estos procesos. Lamentablemente, casi una década después, estos se han acelerado. Un reto para nuestras sociedades y para los modelos de cohesión social que nos llevan a buscar nuevos mecanismos para conseguir la misma. 





 



 
















Costes indirectos en Educación y desigualdad, segunda fase

Por EQUIPO AICTS / 23 de enero de 2023

En las últimas semanas, los medios de comunicación y las Redes Sociales han prestado una especial atención al nuevo estudio de ESADE sobre la denominada "Educación en la sombra", o lo que es lo mismo, cómo a través de los costes indirectos en Educación se van ampliando las desigualdades y generando otras. Este fenómeno viene marcado por los estudios que realiza ESADE sobre Educación y, específicamente, sobre las desigualdades en Educación. Hay que reconocer el mérito de ESADE en este análisis y en poner el foco en la cuestión, ya tratada por otros especialistas en el ámbito de las desigualdades en Educación. De esta forma, el nuevo y recomendable informe lleva por título Educación en la Sombra en España: Una radiografía del mercado de clases particulares por estapa escolar, capacidad económica de los hogares, titularidad de centro y Comunidad Autónoma, llevado a cabo por Juan Manuel Moreno y Ángel Martínez Jorge. De hecho, este trabajo es una continuación del desarrollado hace un año, que también tuvo un gran impacto en medios de comunicación, y del que escribimos en este Blog, igualmente encabezado por Moreno, de la UNED.

El impacto en los medios de comunicación ha sido igual de amplio, de hecho El País tituló la noticia sobre el informe como "El auge de las clases particulares: los ricos las usan para diferenciar a sus hijos, los pobres para que no se queden atrás". El estudio pone de manifiesto un fenómeno muy estructural que hace referencia a cómo se articulan las diferencias sociales y cómo determinados grupos y colectivos están en una posición de ventaja para aprovechar las posibilidades que el sistema ofrece. Y, cuando el mismo no llega, siempre hay otros caminos. En realidad, todo está ya inventado. Hace unas pocas generaciones, acudir a clases particulares estaba reservado a las clases más privilegiadas, que se podían pagar una academia, un profesor particular o la formación en idiomas, concretamente en Inglés. Estas posibilidades, para la mayoría de las generaciones socializadas en los setenta y ochenta, eran posibles solo cuando no quedaba otro remedio, y haciendo un gran esfuerzo, como veremos posteriormente. Es decir, habías suspendido asignaturas y tenías que recuperar en verano. Era la realidad.

El análisis de los costes indirectos en Educación es necesario, y trabajos como los de ESADE se hacen necesarios. Como hemos señalado en no pocas ocasiones, hay una accesibilidad universal y gratuita a la Educación obligatoria de los seis a los dieciséis años, ampliable de tres a seis, que permite que nuestro sistema educativo funcione más de lo que solemos pensar, o de lo que muchos agentes creen. Es decir, y como demuestran informes de la OCDE y otros estudios, es un sistema educativo con mayor grado de equidad que la mayoría de los de su entorno. Eso no quiere decir que no existan desigualdades, al contrario. Ni que existan centros de difícil desempeño, especialmente en la pública, que concentran un mayor porcentaje de alumnado en situación de desventaja o vulnerabilidad social. Al contrario, es una situación que se produce constantemente y que cuenta con una muy difícil solución. La capacidad de elección de centro, y no hablamos de redes sino de una tipología de centros con un alumnado específico, pueden ser públicos y concertados; el papel de las familias y su implicación; y el origen socioeconómico que tanto condiciona, son variables centrales e interrelacionadas. Y, obviamente, esos costes indirectos en los que se incluyen esas clases particulares, en el sentido de quiénes pueden acceder a ellas, a cuáles, y cómo.

El sistema educativo español, a través de la descentralización en sus Comunidades Autónomas, ha realizado un gran esfuerzo en el ámbito de la lucha contra las desigualdades y por la equidad, que no es suficiente. El caso de las clases particulares es una muestra de ello, a pesar de cómo se han articulado numerosos programas de apoyos en las distintas regiones. Pero, como siempre, hay mecanismos y caminos para seguir manteniendo, y ampliando, las brechas sociales. Pero, también tendríamos que hacer una reflexión necesaria sobre cómo nuestro sistema educativo igual, decimos igual, está fallando en la garantización de ciertos contenidos y competencias, lo que da lugar, de forma indirecta, a la generación de nuevas desigualdades. Además, también debemos tener en consideración el papel de las familias, de padres y madres, que toman decisiones sobre las trayectorias educativas de sus hijos. De esta forma, el artículo de El País sobre familias que se quitaban de gastos, incluso de la cesta de la compra, por dar oportunidades educativas complementarias a sus hijos e hijas también era para destacar. 

Pero, aunque parezca en ocasiones lo contrario, no es una novedad. Ha ocurrido siempre. De hecho, la movilidad social se ha sustentado en esfuerzos y sacrificios de las familias para dar las mejores oportunidades a sus hijos e hijas. Ahora se centran también en esta formación complementaria, porque no queda otro remedio en el contexto en el que nos desenvolvemos. Sí, no cabe duda, si vienes de ciertas clases sociales, partes y tienes ventaja. Pero, la movilidad social se basa en una serie de premisas y promesas que, en buena parte, se han roto. Pero, hasta que alguien nos demuestre lo contrario, no parece que haya otro camino. En ocasiones, muchas, caemos en contradicciones, pero hay que tener en cuenta el papel de las familias, sus apuestas y esfuerzos. Miremos a lo que el sistema no puede llegar y tratemos de corregirlo, siempre habrá margen de maniobra, pero todo esto no es nuevo y es más complejo. 



 



 
















En la cuerda floja

Por EQUIPO AICTS / 16 de enero de 2023

En otras ocasiones hemos escrito que vivimos en sociedades y escenarios un tanto disonantes. Por una parte, hay indicadores y datos que nos muestran situaciones positivas, que dan lugar a que el vaso lo veamos medio lleno. A la vez, en otros momentos vemos cómo se torna diferente la situación y el pesimismo nos invade. Además, no es infrecuente que una cosa es lo que digan los datos y los indicadores y otra lo que se palpa en la calle y en la sociedad. El año que terminó, 2022, ha sido un auténtico sube y baja en este sentido. Si comenzaba en una situación de optimismo por la salida de la pandemia, por unas perspectivas positivas alrededor de los fondos europeos que nos iban a lanzar a una recuperación sin precedentes. Pero, en breve la invasión de Ucrania por parte de Rusia y la guerra consiguiente, los cambios geopolíticos, el aumento de la inflación, de los carburantes, de los tipos de interés, etc., dieron lugar a un encarecimiento de la vida que afectó a la economía de la mayor parte de los ciudadanos y ciudadanas. De esta forma, por ejemplo, la cesta de la compra se disparaba, llenar el depósito del coche se iba haciendo más cuesta arriba, y las hipotecas con interés variable se encarecían, suponiendo un esfuerzo extra para millones de familias.

Decíamos que parecía que el escenario iba a ir a peor. Por un lado, había medidas que intentaban mitigar este escenario, a través de acciones de los gobiernos. Por otro lado, se veía con optimismo la evolución de la economía. En este sentido, las visiones más apocalípticas se iban reduciendo, o se permitía mirar al futuro con un escepticismo menor. Se paraba la inflación, que era alta, lo mismo que el tema de los carburantes, aunque no bajaban. Y la cuestión de los tipos de interés, bueno, eso parece que no tiene solución y se indica que seguirán creciendo. De esta forma, el escenario se dulcificaba un poco. 

Pero no debemos bajar la guardia y es que los datos e indicadores no dejan lugar a dudas. Nada más comenzar el año, El País recogía la noticia de que más de 24 millones de españoles han perdido poder adquisitivo en el año 2022. Este es un dato, sin duda alguna, determinante. La inflación del año sería del 8,4%, mientras que la revalorización de salarios quedaría alejada de esta cifra. Son indicadores que nos devolvían, como hemos señalado en otros artículos del Blog, a otras décadas en las que la inflación era una amenaza constante. El mismo diario insistía en que el comienzo de año traería un aumento de los precios, a pesar de las medidas del gobierno, lo que va a incidir en mayores dificultades para las economías domésticas. El Confidencial incidía en esta cuestión, alargando incluso la tan temida "cuesta de enero" a tres meses. Además, este artículo insistía en que las familias se iban quedando sin colchón para afrontar gastos. Es una de las cuestiones que se van viendo en las encuestas sobre la calidad y el nivel de vida. Hay que tener en cuenta que hay familias que hace mucho tiempo que viven al día, este hecho se intensificó a partir de la crisis de 2008, pero la década y media posterior ha acentuado esta tendencia.

En el lado contrario, lo que señalábamos, habrá indicadores que muestran tendencias positivas, pero no debe ocurrirnos lo que pasó con el comienzo de la recuperación de la crisis de 2008, cuando lo que mejoraron fueron únicamente los indicadores macroeconómicos mientras que los salarios se quedaban en unos niveles bajos. Habrá personas que digan que exageramos, que somos muy negativos, pero muchas personas viven en la "cuerda floja". Y, si no, solo hay que palpar la situación de la calle y la percepción de los ciudadanos que sienten cómo su nivel de vida ha empeorado y que no les llega con su salario, teniendo que hacer auténticas birguerías para llegar a fin de mes. Es la realidad que tenemos, lamentablemente. 


 



 
















Una carrera de fondo...

Por EQUIPO AICTS / 9 de enero de 2023

Hace menos de dos décadas, parecía que con la formación universitaria, entonces licenciatura (cinco cursos) o diplomatura (tres cursos) se terminaba prácticamente la etapa formativa de una persona. Obviamente, podría darse el caso de que alguien lo hubiese complementado con idiomas o, en aquel entonces, todo lo relacionado con las tecnologías. De hecho, el aprendizaje del inglés ya era una necesidad para muchas profesiones, aunque no alcanzaba el escenario actual. En relación a lo que podría denominarse como posgrado, másteres y demás, no había una demanda elevada. Y, con respecto a los estudios de Doctorado, eran también excepcionales para la mayor parte de las personas que terminaban una carrera. De esta forma, buena parte de las personas que iniciaban esa senda lo hacían porque tenían como perspectiva la carrera académica.

Este hecho ha cambiado en la última década, ya no tiene nada que ver y las generaciones de graduados universitarios cada vez tienen más claro que su formación no se limita a la carrera estudiada. Al contrario. De esta forma, el seguir estudiando un máster es para muchos casos una obligación. Y no hacemos referencia únicamente a los másteres habilitantes, que son necesarios para desarrollar una profesión como el de profesorado o el de la abogacía, sino en todos aquellos que representan una formación complementaria y que sirven para certificar una mayor cualificación. De esta forma, se cumple el valor relativo de los títulos académicos que tienen su importancia en relación a los que tengan el resto de candidatos a un puesto de trabajo, por ejemplo. 

Hace unas semanas, El Confidencial recogía datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que mostraba cómo, para los egresados en el curso 2013-14, un 80,1% de los que lo había hecho en una carrera de la rama de Ciencias había cursado algún máster en los siguientes cinco años. En el caso de las Artes y Humanidades, descendía al 71,3%; en Ciencias de la Salud un 53,2%; 43,1% en Ingeniería y Arquitectura y 40,9% en Ciencias Sociales y Jurídicas. El dato es muy relevante porque muestra el diagnóstico que señalábamos en el primer párrafo del presente artículo. Además, incide en algunas carreras y formaciones que están vinculadas, igualmente, a las que tienen mejores condiciones laborales y salariales. En definitiva, no vale con estudiar un grado universitario sino que el máster se hace prácticamente obligatorio.

Conviene recordar que, en buena medida, nuestras sociedades se han construido bajo la premisa de un progreso basado en el acceso a la Educación y, en definitiva, a estadios superiores. Antes, llegar a la Universidad era algo propio de las clases medias - altas y altas, y solamente a través de becas y ayudas algunas personas de las clases trabajadoras podían llegar a esos niveles. Con el Estado de Bienestar se produce un crecimiento del acceso a la educación superior de los hijos e hijas de las clases trabajadoras, de las procedentes del éxodo rural, que se convierten en clases medias y que logran llegar a puestos de trabajo cualificados. Este proceso se da en España en los años ochenta y noventa del siglo XX, apoyado también en un sistema de becas y ayudas que hizo que numerosas personas pudiesen incluso ir a estudiar en universidades de fuera de sus localidades de origen, en no pocos casos porque no contaban en las mismas con esos estudios. También en esas décadas se crean nuevas universidades que irán incrementando la oferta formativa. Como decíamos al principio, en aquellos años no se planteaba casi nadie la necesidad de estudiar un máster o de hacer el Doctorado.

Las siguientes generaciones, o buena parte de las mismas, van a interiorizar el ir a la Universidad como algo "natural", exceptuando colectivos que todavía la veían muy lejos por el origen socioeconómico. Si las anteriores lo veían desde el punto de vista aspiracional, las siguientes lo harán como el camino a seguir. Pero la evolución de la sociedad y la crisis de 2008 rompen con este proceso y, además, se rompe la ilusión meritocrática. En este contexto es en el que se va a observar la necesidad de completar la formación con los másteres y, de nuevo, el origen socioeconómico será determinante ya que no todas las personas estarán en las mismas condiciones de afrontarlo. No solo el capital económico disponible será fundamental, especialmente con el precio de esta formación y con el aumento de las universidades privadas que la ofertan, sino también otros factores más sociales y culturales. En la actualidad, no son pocas las personas que realizan enormes esfuerzos de compatibilizar trabajo y estudios de Máster, así como incluso de conciliación de la vida familiar y laboral.

Lamentablemente, nuestras sociedades son cada vez más exigentes y competitivas, lanzándonos a unos frente a otros. Lo que está ocurriendo con la formación superior tras la realización de un grado universitario es un ejemplo. El origen socioeconómico cobre más importancia y se rompen algunos aspectos de la equidad. De esta forma, se reproduce una estructura social desigual en la que las bases de la misma se van quedando más atrás. Si antes decíamos que hay colectivos para los que la Universidad queda lejos, por motivos socioeconómicos, ni nos podemos imaginar dónde queda un Máster. El problema también es que, para más estudiantes que terminan un grado, el Máster también va quedando lejos. 



 



 
















Los jóvenes y la salud mental

Por EQUIPO AICTS / 2 de enero de 2023

No es la primera vez en la que aludimos a la salud mental de los jóvenes en el Blog de AICTS. A lo largo de los dos últimos años, y especialmente con el impacto de la pandemia del covid-19, se ha prestado una mayor atención a la cuestión de la salud mental del conjunto de la sociedad. No es una cuestión menor, ni mucho menos, al contrario, a pesar de que durante muchísimo tiempo haya ocupado un lugar secundario e incluso estigmatizado. De hecho, valoraciones y estigmas sobre la salud mental siguen estando presentes y pesando en nuestras sociedades, a pesar de todos los avances que se han producido. Pero, a pesar de ello, la salud mental ocupa lugares en las agendas públicas y en los medios de comunicación que antes no eran visibles.

Como decíamos, en parte este hecho se ha producido por el impacto de la pandemia del covid-19. Las consecuencias en forma de pérdidas humanas y enfermedades, los meses de confinamiento y las incertidumbres de los años siguientes fueron generando un escenario en el que la salud mental de muchas personas se vio resentida. Había suficientes motivos para que esto fuese así, aunque no afectaba a todas las personas y grupos sociales de forma similar. La pandemia tuvo unas consecuencias muy negativas sobre la salud mental pero no debemos achacar la situación de la misma, en el conjunto de la sociedad, únicamente a la pandemia.

Y es que vivimos en un mundo acelerado y con numerosas presiones que está también provocando estragos en la salud mental. Y esto ya era así desde antes de la pandemia del covid-19. Nuestras sociedades entraron en unas dinámicas basadas en la competitividad, la productividad y la imagen personal como marca. Ayudado este proceso por las tecnologías y las Redes Sociales, por la situación de mercado de trabajo y las incertidumbres de nuestro tiempo, especialmente vinculado al mundo laboral, se ha generado una situación en la que personas y colectivos cuentan con enormes presiones en todos los ámbitos de sus vidas. La pandemia fue un punto más en este escenario, un punto determinante y clave, obviamente.

Uno de los grupos sociales en los que se observa un aumento importante de problemas vinculados a la salud mental es el de los jóvenes. Hace unas semanas, se produjo el impactante dato de que, en España, el número de suicidios en 2021 había sido de 4.003 personas, un 10% más que en 2020, según las cifras recogidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El aumento más amplio, un 134%, se había dado entre los jóvenes de 10 a 14 años. Nos encontramos ante un colectivo enormemente vulnerable que se ha visto sometido a una situación como la de la pandemia, por la que han perdido una parte de la socialización que les corresponde a sus edades, así como la presión de las Redes Sociales y del mundo que nos rodea también les hace mella. Los centros educativos hace tiempo que han dado la voz de alarma para indicar que se ha producido un deterioro de la salud mental de jóvenes y que no solamente se puede relacionar con la pandemia. El mundo de los jóvenes se ha vuelto más complicado si cabe y la adolescencia es una etapa en la que se están sufriendo numerosas presiones y ante las cuales no todo el mundo cuenta con las mismas herramientas.

Prestar atención a todo lo que está ocurriendo en este sentido es una necesidad para dar lugar a unos diagnósticos certeros y poner en marcha las medidas de atención y apoyo necesarias. Hace falta un trabajo integral, el cual en no pocos casos ya se produce, en el que se tengan en consideración los distintos ámbitos en los que se desenvuelven los jóvenes, desde la familia a los centros educativos, pasando por el relacional. No cabe duda, como decíamos, que las situaciones son variables y que hay factores que inciden en unos casos y en otros no, pero el escenario está ahí y las voces de alarma hace tiempo que están sonando. 





 



 
















Rendimiento escolar y origen socioeconómico

Por EQUIPO AICTS / 26 de diciembre de 2022

En nuestra anterior entrada, la realizada el 19 de diciembre acerca de la pobreza infantil y las desigualdades, hacíamos referencia a un estudio que había publicado El País sobre el estrés académico y cómo este afectaba en mayor medida al alumnado procedente de los grupos sociales con un nivel socioeconómico más reducido. Este trabajo se había desarrollado con una muestra de 6.000 estudiantes de 10 y 11 años y sus resultados mostraban cómo los niños y niñas de entornos socioeconómicos con menos ingresos mostraban una mayor preocupación a la hora de realizar exámenes, hacer tareas y tener errores en la escuela que los que procedeían de contextos más favorecidos. Además, estos estudiantes tenían notas más bajas en Matemáticas y Lectura. Una de las explicaciones clave que daban los responsables del estudio ante estos resultados era que, en definitiva, los niños y niñas de entornos más favorecidos podían contar a su disposición con una serie de recursos, tanto de clases particulares como de apoyo familiar, que los colectivos más vulnerables no contaban, o que no lo hacían en la misma manera. Además, la escasez de recursos materiales, las dificultades en el hogar o incluso las expectativas que las familias podían poner en la educación como medio de salida de la situación en la que se encontraban, en definitiva el ascensor social, también podían provocar este estrés académico. Los resultados fueron publicados en Maternal and Child Health Journal, estando disponible en este enlace

Obviamente, estos resultados están lejos de ser una sorpresa, al contrario, pero ofrecen una mirada y una perspectiva en la que ahondaremos más adelante. Si el mítico Informe Coleman en 1966 supuso un punto de inflexión acerca del impacto del origen socioeconómico y étnico en el aprendizaje y el aprovechamiento escolar, desde entonces el impacto de las desigualdades en Educación y cómo las desigualdades sociales se transmutan en educativas, y surgen desigualdades también dentro del propio sistema educativo, intrincándose unas con otras y relacionándose, como no podía ser de otra manera, en la actualidad no hemos dejado de analizar estos procesos. En el fondo subyace el valor otorgado a la Educación y la función que desempeña la misma. Por un lado, a la Educación le pedimos que sea capaz de garantizar la igualdad de oportunidades y la equidad, y que genere mecanismos de progreso y movilidad social a partir del "ascensor social". Pero, por otra parte, tiene una enorme capacidad de reproducir las desigualdades y de generar otras. De esta forma, la Educación se situaría en una posición paradójica ya que, en todo caso, es la única capaz de garantizar esa movilidad social que, por otra parte, aparece en la última década y media cada vez más rota. En este sentido aparecen los críticos de una meritocracia que podía funcionar en otras épocas pero que, en las condiciones actuales, parece imposible. Lo cual tampoco debe llevar a deslegitimar a la Educación como una herramienta fundamental para crear sociedades más cohesionadas y justas, como a veces se deduce de algunos discursos, ya que a mayor nivel educativo menos posibilidades de caer en la exclusión social.

De lo que no cabe duda tampoco es que el origen socioeconómico sigue teniendo un importante peso en los resultados académicos y que no todos los colectivos, familias y estudiantes están en las mismas posiciones para sacar el provecho de unos sistemas educativos en los que, lamentablemente, se producen mecanismos de reproducción de las desigualdades sociales. Pero no es culpa del mismo, o no debe caer toda la culpa sobre este ya que se realizan esfuerzos ingentes para evitarlos, sino de unas sociedades que se han vuelto más desiguales. En un contexto en el que, como bien se observaba en el estudio norteamericano señalado, hay más posibilidades, especialmente fuera del sistema educativo que dentro, para unos colectivos que otros, la desigualdad se cronifica. El peso de los costes indirectos, las posibilidades de apoyo, el papel de las familias pero no en un sentido culpabilizador sino de posibilidades, etc., son determinantes. La pandemia covid-19, con el cierre de los centros educativos especialmente, mostró algunas de estas debilidades.

Al sistema educativo le corresponde una tarea ingente pero no debemos hacer caer sobre el mismo toda la responsabilidad. Siempre le pedimos a la Educación que solucione todos los males de nuestras sociedades, y la desigualdad es una de ellas. Hay un papel determinante y fundamental pero cometemos un error de bulto si pensamos que solo con la Educación se conseguirá. A veces parece que es así. La Educación tiene que garantizar todas las oportunidades posibles, tiene que incidir en la equidad y la inclusión, y corregir y superar aquellas situaciones internas que generan desigualdades. También evitar disfuncionalidades que contribuyen a la reproducción de la estructura social. Son caminos ya andados que no conviene olvidar porque, como hemos señalado, las desigualdades se dejan sentir en los rendimientos académicos, y en más aspectos de la vida escolar. 






 



 
















Pobreza infantil y desigualdades

Por EQUIPO AICTS / 19 de diciembre de 2022

Nuestras sociedades, cada vez más desiguales, en un proceso de cronificación de las mismas, cuentan con cada vez más grupos sociales en situaciones de precariedad o sin apenas expectativas. Son las clases que tradicionalmente calificábamos, o seguimos haciendo porque estas categorías han ido cambiando, como medias, fundamentalmente las aspiracionales, las clases trabajadoras y, por supuesto, los colectivos vulnerables y en situación de exclusión social. Desde el Blog de AICTS, el cambio de la estructura social es una de las temáticas más recurrentes y en la que más hacemos hincapié. Tras la crisis de 2008, el escenario de las clases sociales fue cambiando y, en un contexto paradójico, la situación se hace más complicada. En todo caso, lo que no cabe duda es que la brecha entre grupos sociales y el peso del origen socioeconómico es muy importante, siempre lo fue, con la importancia de los capitales económicos, sociales y culturales, en términos de Pierre Bourdieu. En este mundo en el que nos encontramos, las perspectivas de progreso se apagan para muchas familias y personas. Obviamente, los críticos de la meritocracia insistirán en que esta es una falsa ilusión, en que no ha existido y en que legitima las desigualdades. Y parte de ello hay, pero no hay que olvidar el peso de la educación y el acceso a los estudios superiores de personas que, procediendo de las bases de la estructura social, llegaron a otros niveles socioeconómicos. Olvidamos frecuentemente que estamos hablando de otras épocas y situaciones, de otros momentos en los que, por ejemplo en el caso de España, pero en sus inspiradores también, se estaba construyendo un Estado de Bienestar, se generó una estructura pública y privada que precisabe de trabajadores cualificados que encontraron en ella su lugar. Y tampoco hay que olvidar que, en la actualidad, empleos que contaban con una mayor seguridad y mejores condiciones, tanto laborales como de remuneración, o bien han desaparecido o se han precarizado.

Sirva este largo párrafo introductorio para insistir en la reproducción de las desigualdades, de la pobreza y la exclusión social, hecho que implica, aunque se olvide en no pocos casos, que se produce una reproducción de la riqueza y de las posiciones de privilegio en la estructura social. Además, son estas últimas clases sociales las que tienen esa capacidad para mantener, reproducir y ampliar brechas y distancias con un resto cada vez más amplio. Niños y jóvenes son colectivos que están en una gran situación de indefensión, dependiendo de su origen socioeconómico. En los estudios que realizamos en el ámbito educativo, se observa el mismo como un elemento determinante del rendimiento escolar, al que luego nos referiremos. Pero ahora hay que recordar un informe de Save the Children que indicaba hace unas semanas el perfil de las familias usuarias de sus servicios. Un colectivo que contaba con muy bajos ingresos al mes y que no tenían acceso a cuestiones básicas como una alimentación equlibrada y diversa, especialmente verduras y pescado, así como las dificultades para contar con calefacción o la imposibilidad de ir al dentista, entre algunos indicadores que se señalaban en dicho informe. Son colectivos que, a pesar de las ayudas en diversos ámbitos del Estado de Bienestar, insuficientes, tiene muy difícil salir de ese círculo de pobreza y exclusión social. 

En relación al papel de las Administraciones Públicas, Marta García Aller lanzaba en su columna de El Confidencial el contundente titular de "La gran vergüenza de la que olvidó indignarse el Congreso". En dicho artículo, García Aller incidía en los riesgos de pobreza y exclusión social para niños y jóvenes y que estos eran cada vez más elevados e indicaba que los partidos políticos no hacían esfuerzos suficientes en esa dirección y que centraban sus discursos en otras cuestiones. En este sentido, volvemos a una situación que se puede señalar como estructural y que avanza a gran velocidad, con las diferencias de salarios y rentas que muestran otros informes, como el que mencionaba el propio El Confidencial que indicaba que las rentas altas cobran 11,5 veces el sueldo medio, partiendo de datos de Hacienda. De esta forma, los esfuerzos que deben hacerse desde las Administraciones Públicas deben ser muy integrales y transversales, teniendo en consideración todos los ámbitos que afectan a las políticas públicas. Y es la Educación, como hemos señalado en no pocas ocasiones, una de ellas. Un estudio en Estados Unidos mostraba cómo la presión por los resultados académicos también tenía una correlación con la clase social, afectando más el estrés académico, como hacía referencia el mismo, a los grupos más vulnerables. Sin duda alguna, es un factor a tener en consideración ya que las posiciones sociales inciden en los resultados académicos y escolares y en las posibilidades de aprovechar las posibilidades que ofrece el sistema educativo.

En definitiva, una pobreza infantil y juvenil que viene marcada por una estructura social desigual y por los orígenes socioeconómicos que cada vez son más determinantes. Un escenario que se va haciendo más explícito pero que se reproduce en no pocas ocasiones de forma sutil. Niños y jóvenes que pasan dificultades y carencias, lo que afecta a su salud, bienestar y rendimiento escolar, lo que va a reproducir esa desigualdad. En consecuencia, son necesarias más medidas para abordar un asunto que tendría que estar en los primeros puestos de las agendas políticas. 




 



 
















Los trabajos del pasado sin un futuro

Por EQUIPO AICTS / 12 de diciembre de 2022

Llevamos décadas con un mantra que nunca cesa: "los trabajos del futuro no han sido inventados". No sabríamos poner autor o autora a la cita porque esto lo llevamos escuchando tan reiteradamente que es algo que se da de forma continuada. Los que firmamos este Blog, desde la década de los noventa del siglo XX. Casi nada. Es obvio que los cambios del sistema productivo, las revoluciones tecnológicas, la automatización, el descenso de la Industria... y así podríamos seguir, iban a reconfigurar este mundo. Pero, por otra parte, nos encontramos numerosas disonancias y paradojas, fruto del mundo en el que nos movemos. Hace mucho que las certezas del pasado, vinculadas a la formación, la posibilidad de realizar una carrera, etc., se fueron. Ya lo escribieron muy bien Richard Sennett o Zygmunt Bauman, entre otros muchos. Ahora, y especiallmente para los grupos más jóvenes, pero no únicamente para ellos, la inclusión en el mercado laboral se ha hecho más complicada con situaciones de precariedad, incertidumbre, desempleo, etc. Lo que en el pasado se veía como una excepción o, cuando se daba, que también ocurría, como una etapa coyuntural, ahora es más estructural. Nuestro sistema productivo se ha ido terciarizando a gran velocidad, pero lo ha hecho en un sentido vinculado a la precarización de los salarios y de las condiciones laborales. De esta forma, lo que tendría que haber sido un avance en la dirección contraria, mejorar la situación de estos empleos... pero nada. 

Así, llevamos tres décadas por lo menos "viniéndonos arriba" con aquello de los trabajos del futuro que no han sido inventados. Vinculados no pocos de ellos al avance tecnológico, se pueden rastrear en numerosos artículos y reportajes. No es baladí que, además, al sistema educativo y formativo se le eche en cara continuamente que no forma a las personas para ese mercado laboral del futuro o del presente, que cada uno decida, ya que sus contenidos no responden a las demandas del mercado... Por cierto, que en estos mensajes también hay un contenido utilitarista pero eso es otra cuestión. En definitiva, trabajos que no han ido apareciendo, por mucho que en determinados ámbitos, por ejemplo la Formación Profesional y las ramas y familias que se han ido desarrollando, se esté produciendo una respuesta a esas necesidades de la sociedad. Y también desde la Universidad, pero a un ritmo más lento. Sin embargo, en esa visión que se nos muestra aparecen situaciones en las que no parece que vaya a ser muy necesaria una elevada cantidad de trabajadores y trabajadoras. Al contrario, con los procesos de automatización estos tienen cada vez una menor cabida, no habiéndose encontrado respuestas a esta situación. En consecuencia, los trabajos del futuro quedan lejos y no parecen que vayan a ser tantos como los necesarios.

Por otro lado, las nuevas formas de trabajo, el papel de las plataformas, la flexibilización y la inestabilidad van generando una precariedad e inestabilidad cada vez más amplia y que afecta a un mayor número de trabajadores y trabajadoras. Por un lado, la situación de los autónomos, convertidos hace tiempo en emprendedores. Se suele prestar atención a este colectivo de nuevo a partir de mensajes paradójicos y disonantes. Tras la visión del emprendimiento como un mantra de nuestro tiempo quedan escenarios de precariedad, de proyectos que no salen adelante, etc. Y qué decir de las plataformas, la "uberización" de empleos y sus consecuencias en todos los sentidos. Al final, la desigualdad se va acrecentando y va afectando a más capas sociales, especialmente como decíamos a unos jóvenes que tienen cada vez una situación más compleja para la inclusión laboral. O a los que les cuesta mucho más que antes llegar a una estabilidad que les permita un proyecto de vida.

Como decíamos al comienzo del artículo, los empleos del futuro nos están esperando pero no llegan y, si lo hacen, será para unos pocos. Unos pocos, precisamente, que cuenten con los medios para formase y con los capitales sociales y relacionales, para acceder a ellos. Necesitamos una sociedad que pueda ofrecer unas condiciones de trabajo dignas y que permitan proyectos de vida. En nuestras realidades, este escenario va cada vez en un mayor retroceso, afectando negativamente a la cohesión social. No cabe duda de que tenemos que imaginar un futuro mejor, y no solo imaginarlo, sino construirlo, pero hay condiciones estructurales que no ayudan. 






 



 
















Las caras de la inmigración

Por EQUIPO AICTS / 5 de diciembre de 2022

Las terribles y tremendas imágenes de la avalancha de inmigrantes en el puesto fronterizo entre Nador y Melilla el 24 de junio han mostrado cómo estos no recibieron asistencia sanitaria ni por Marruecos ni por España. Imágenes durísimas que tuvieron como fatal consecuencia el fallecimiento de al menos 23 personas y la demostración, una vez más, de cómo nuestro mundo tiene en este colectivo a uno de los más vulnerables. Como ocurre con tantas y tantas noticias, las referidas a inmigrantes, tanto refugiados como aquellos que no salen de sus países por causas vinculadas a una guerra, como es el caso de Ucrania, o a una catástrofe medioambiental, vemos la inmigración con una cierta distancia que nos lleva a olvidar la tragedia que puede darse en una frontera, como es el caso, en una patera que se hunde, o en las condiciones de los campamentos de Lesbos y otros muchos lugares. Nos encontramos, sin duda alguna, ante gravísimas vulneraciones de los Derechos Humanos.

Nuestras sociedades se han ido haciendo más diversas a medida que las migraciones, que siempre han estado presentes, se han intensificado. En un mundo cada vez más interconectado y globalizado, también muy marcado por las desigualdades, es lógico que individuos y familias tengan como objetivo mejorar sus condiciones de vida y poder construir proyectos vitales con un futuro más positivo que en sus lugares de origen, marcados por la pobreza o los conflictos y escenarios negativos vinculados a las condiciones naturales. Son personas y familias que llegan a nuestros países de formas muy diversas. Muchos de ellos lo hacen a través de largas y peligrosas travesías, atravesando el Sáhara y llegando a las costas mediterráneas para, en no pocas ocasiones, caer en manos de mafias que se aprovechan de esa situación de vulnerabilidad. Muchos de ellos y ellas no llegan a su destino, personas de todas las edades que perecen en el intento. 

Este es el primer punto en el que deberíamos mirar la inmigración, en el de personas que tratan de buscar un futuro mejor, un derecho fundamental e innegable. En el otro lado, las visiones que se centran en posiciones negativas, amenazantes, que utilizan a la inmigración como un "chivo expiatorio" y que enarbolan discursos racistas y xenófobos. Lamentablemente, nuestras sociedades, cada vez más diversas, también están sujetas a que estos discursos estén presentes, especialmente en contextos más complejos. No cabe duda de que la inmigración y la diversidad genera sus retos y desafíos y no debemos ignorarlos, al contrario, solo desde la comprensión de los mismos podremos darles una salida o solución. Queda mucho camino por recorrer.

La inmigración es una riqueza para nuestras sociedades, en todos los sentidos. Un reciente artículo de El País ponía el foco en qué ocurriría en España de no contar con los más de cinco millones de personas que han llegado del extranjero en las dos últimas décadas. Los datos, no por desconocidos, muestran el peso de este colectivo en sectores como la Agricultura, la Hostelería, la Industria Manufacturera o el Empleo en el Hogar. En definitiva, y como indica el artículo, el país se quedaría paralizado. Pero tampoco debemos quedarnos ahí porque, en no pocas ocasiones parece que a la inmigración la buscamos por una necesidad, porque precisamos de un tipo de trabajadores, porque nuestras tasas de natalidad son tan bajas que el crecimiento vegetativo es negativo... No es la única mirada que debe tenerse de la inmigración, aunque no somos inocentes porque también es la que se ha utilizado en no pocas ocasiones, y porque es la que también se ha empleado desde las instituciones.

En definitiva, la inmigración es un fenómeno complejo, obviamente. Un fenómeno que está protagonizado por personas, por hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes, que buscan un futuro mejor y que asumen muchos riesgos para encontrarlo. No es fácil tampoco la integración, la inclusión y la creación de sociedades interculturales, al contrario, presenta grandes retos en los que hay choques culturales y piezas que tienen que encajar. Pero hay que luchar contra los discursos xenófobos y racistas, así como no tenemos que ver a la inmigración únicamente como fuerza de trabajo o la que nos cuadrará las tasas demográficas. En definitiva, muchas caras en todos los sentidos, pero nos quedamos con las de las personas, personas que buscan un futuro mejor. Es un Derecho. 






 



 
















Las brechas de la desigualdad

Por EQUIPO AICTS / 28 de noviembre de 2022

María José Romero Ródenas, Catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Castilla - La Mancha, participó en el Curso de Otoño de la Universidad de La Rioja La información y formación en Derechos Humanos en el mes de noviembre. Romero Ródenas incidió en el valor del Artículo 1 del Título Preliminar de la Constitución Española de 1978 que indica que "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político". Romero Ródenas hacía hincapié en esa naturaleza social del Estado español, en el sentido de su relación con los Derechos Sociales y la vinculación de los mismos con el concepto de ciudadanía. En este sentido, hay que destacar el papel de los modelos de sociedad basados en el Estado de Bienestar. Sin embargo, y como señalaba Romero Ródenas, se olvida casi siempre ese adjetivo "social" vinculado al modelo de Estado y de sociedad.

En el Blog de AICTS hacemos referencia continuamente a las desigualdades en sus diferentes vertientes y ámbitos. La desigualdad es muy estructural en nuestras sociedades, existiendo condiciones que las crean y reproducen. Sin duda alguna, una de ellas es el modelo económico y productivo que se ha intensificado en las dos últimas décadas a través de la Globalización y de la evolución del capitalismo de corte neoliberal. Estas desigualdades se han reducido a nivel global, aunque las brechas siguen siendo inabarcables, y se han incrementado en las sociedades occidentales. Precisamente, en estas se institucionalizaron modelos de sociedad basados en el Estado de Bienestar y en la corresponsabilidad para generar una cohesión social. Cubrir las necesidades básicas y garantizar el acceso a derechos básicos como la Educación o la Sanidad son logros que se consiguieron con elevados esfuerzos. Sin embargo, la crisis de 1973, el cuestionamiento del Estado de Bienestar, la llegada de modelos neoliberales a todos los ámbitos, etc., han puesto en crisis permanente al mismo, destacando los esfuerzos por mantenerlo o reparar ciertas costuras. Pero, y como se ha demostrado en la última década, el impacto de las crisis está siendo elevado. De esta forma, crecen las desigualdades, se cronifican las brechas y las perspectivas de futuro no son positivas aunque nos gustaría tener un horizonte más optimista, y para eso también trabajamos.

Las desigualdades que se cronifican afectan, principalmente, a los colectivos situados en un escenario de vulnerabilidad y de riesgo de exclusión social. En el caso de España, estos grupos se encontraban identificados y casi se podría señalar que había una continuidad en los mismos, principalmente grupos de población de origen trabajadora que se localizaban en barrios populares de las grandes ciudades. La inmigración a partir del comienzo del siglo XXI incorporó un contingente de personas y familias en esta situación, debido a las condiciones socioeconómicas principalmente. Como hemos señalado en otras ocasiones, la crisis sistémica de 2008 provocó que la precarización del mundo del trabajo, y en consecuencia de las condiciones de vida, impactase de forma desconocida hasta la fecha en las clases medias, mostrando ciertas contradicciones ya detectadas en la sociedad. De esta forma, otros colectivos se hicieron más visibles, lo cual no quiere decir que no existiesen antes, como fueron los hogares monoparentales, generalmente encabezados por mujeres, y los parados de larga duración. En este último caso, numerosas personas mayores de 45 años que se vieron expulsados del mercado laboral y que no han podido encontrar un nuevo empleo, con todas las consecuencias habidas y por haber en todos los sentidos, desde las condiciones de vida hasta la salud mental.

Por otra parte, Cáritas ha publicado el informe El coste de la vida y estrategias familiares para abordarlo. Este trabajo es una buena muestra de cuál está siendo el impacto del incremento de precios en general, del coste de la energía y del aumento de los tipos de interés y sus consecuencias en las familias, condicionado por su punto de partida. De esta forma, seis millones de hogares no contarían con los ingresos suficientes para abordar los gastos en vivienda, energía, educación y alimentos. Es decir, uno de cada tres hogares del conjunto del país. El País recogía testimonios sobre la cuestión, destacando cuestiones como la vivienda, hecho que también se ha encarecido tanto en el acceso en propiedad, cada vez más difícil para no pocos colectivos y familias, como en alquiler, también incrementado hasta límites insospechados. Y, ante escenario, y con la combinación de crisis de 2008, de la que no se había salido del todo ni se iba a hacerlo por su carácter estructural, impacto de la pandemia del Covid-19, y todo el contexto geopolítico surgido a partir de 2021, se observa un cambio de modelo de sociedad que incidirá en la desigualdad, aumentándola.

Retomamos en este cierre del artículo las palabras de María José Romero Ródenas sobre el carácter social del Estado español, recogido en nuestra Constitución. Es necesario incidir en este punto, como bien señalaba Romero Ródenas, ya que sobre esa base descansan los principios que nos llevan a sociedades más equitativas y cohesionadas. Es cierto, hay que insistir de nuevo, en que el contexto actual no se parece en muchos sentidos al que alumbró el Estado de Bienestar y su modelo de sociedad, pero no es menos cierto que los retos a los que nos enfrentamos son similares y debe incidirse en esa naturaleza social y en el papel de las políticas públicas para abordarla. 




 



 
















El difícil reto del sistema educativo y las desigualdades

Por EQUIPO AICTS / 21 de noviembre de 2022

Regresamos en el Blog de AICTS de nuevo a una de las temáticas en las que más nos centramos como es el ámbito de las desigualdades, y lo hacemos en el caso de la Educación, uno de los ámbitos más relevantes y sensibles tanto a las mismas como a su función en su reducción a través de políticas equitativas. El escenario sigue siendo complejo, especialmente con el impacto de las sucesivas crisis y cambios que se vienen produciendo en la sociedad. Y es que, el sistema educativo tiene la difícil función de abordar las mismas, y reducirlas, pero a la vez también se reproducen las desigualdades sociales ya que en el mismo se dan esas desigualdades, en ocasiones de forma directa y en otras, las más, de manera indirecta y sutil. No cabe duda de que el avance en la Educación es uno de los grandes logros que se ha producido en el mundo, aunque todavía las desigualdades siguen siendo evidentes y existen millones de niños y niñas, especialmente niñas, que no tienen garantizado el acceso a la misma o lo hacen en condiciones precarias. En nuestro caso, las sociedades occidentales, muchas de ellas evolucionadas bajo el paraguas del Estado de Bienestar y de las políticas públicas, damos por supuesto esa accesibilidad, universalidad y gratuidad en la mayor parte de los casos, ya que la Educación es un Derecho Social, uno de los más importantes porque numerosos factores ya señalados en otros artículos de este Blog.

Sin embargo, las desigualdades en Educación, manifiestas y latentes, atraviesan todo el sistema educativo y se deben a variables de diverso índole. El origen socioeconómico del alumnado y sus familias es, sin duda alguna, el más relevante, pero también aparecen la dimensión étnica, el valor de las familias otorgado a la Educación, el peso de las políticas públicas y la inversión en el sistema educativo, la localización de los centros educativos, etc. Estas variables, entre otras, impactan de manera directa e indirecta en la posibilidad de aprovechar los recursos y posibilidades que otorga el sistema educativo y es un hecho constatado que son las familias de clases medias y con mejor formación las que cuentan con más ventajas para ello. Las corrientes más críticas con la relación entre sistema educativo y desigualdades inciden en que la escuela legitima y reproduce estas desigualdades sociales, en contraposición a otras más estructurales como las funcionalista que ponían el foco en el capital humano y la igualdad de oportunidades. De esta forma, la crítica a la meritocracia, una ilusión para las primeras teorías, es precisa pero también olvida las posibilidades de la Educación y deja de lado no pocas casuísticas.

Nuevas noticias sobre este escenario se han producido en los últimos días, recogidas por el diario El País. Que la pandemia iba a tener un impacto negativo en las desigualdades en Educación y que iban a ser los grupos más vulnerables y en situación de exclusión social los más perjudicados no es una novedad. No había otra posibilidad cuando, debido a confinamientos y restricciones en los cursos 2019/20 y 2020/21 no había otra posibilidad. El acceso y el uso de las TIC y la pérdida de oportunidades que la escuela y el sistema educativo proporciona fueron algunas cuestiones que están en el primer orden de este escenario. De esta forma, y en un extenso artículo, se constata cómo ha afectado este proceso en algunos países y cómo se está dando en el aprendizaje, a través de retrasos y déficits que se acumulan. 

Otros dos artículos de elevado interés ponen el foco en los recursos y ayudas que proporciona el sistema educativo a las rentas más bajas y a los alumnos y familias en situación de desventaja social y educativa. Interesante es el artículo que recoge el hecho de que el 13,5% de las familias con rentas bajas no pide beca comedor porque desconoce los mecanismos para hacerlo, según un estudio de la ONG Educo. Este hecho es muy relevante por el papel que desempeñan estos servicios complementarios no solamente en el ámbito educativo sino también en el de la salud, social, inclusión, etc. El acceso a determinados recursos y medios no está mediado únicamente por las posibilidades sino también por la capacidad para saber llegar a ellos. Y, en este caso, se constata cómo hay numerosas barreras pero se da un desconocimiento de cuáles son los procedimientos para esa parte de esas familias. Por otro laldo, en Navarra se da el caso de que existe el mayor porcentaje de alumnos con necesidades educativas de todas las regiones españolas, un 30%. La explicación viene motivada por el impacto en esa cifra de los estudiantes con ayudas debido a las condiciones socioeconómica. Es una política en la que se tiene en cuenta este factor especialmente, lo que implica ese reconocimiento al papel de la escuela en esa función de equidad. 

Por lo tanto, las desigualdades en Educación seguirán siendo un elemento clave en su relación con las desigualdades en general y con la estructura social. En un contexto de cambio y crisis, en un escenario en el que las diferencias socioeconómicas tienen un impacto más importante en Educación, especialmente tras la crisis de 2008 y los cambios de paradigmas que se han producido, corresponde a los sistemas educativos ser más conscientes de esta situación y tratar de evitar procesos que generen más desigualdades.