La vivienda (una vez más)

Por EQUIPO AICTS / 08 de abril de 2024

Hay cuestiones recurrentes, temáticas y problemáticas a las que regresamos continuamente. Seguramente, sobre la vivienda hemos escrito en el Blog de AICTS numerosas entradas en los años que llevamos reflexionando sobre temas de actualidad, que afectan a nuestras sociedades y sus ciudadanos y ciudadanas. El acceso a la vivienda, no solo una necesidad sino también un Derecho, lleva décadas sin encontrar una salida en condiciones para buena parte de la sociedad en un país como España. Este hecho ha marcado, y sigue haciéndolo, cuestiones como la emancipación o la renta disponible de no pocos colectivos. El País publicaba un reportaje, firmado por José Luis Aranda, bajo el título "Vivienda, emergencia total", en el que exponía, con toda la crudeza, la situación de acceso a la vivienda, así como escenarios específicos que se están dando en la actualidad.

Hay que partir de la trayectoria que ha llevado la vivienda en España, hecho que también cuenta con dimensiones sociológicas y culturales. Se ha señalado en no pocas ocasiones que, España, es un "país de propietarios". Es decir, el adquirir una vivienda en propiedad se veía como un hecho vinculado a la seguridad y a la movilidad social. El acceso a la vivienda era uno de los pasos más a dar en los procesos de construcción de un proyecto de vida, junto a la formación, la llegada al mercado de trabajo y el matrimonio. Además, en España el alquiler siempre contó con una menor consideración, habiéndose interiorizado que era una forma de "tirar el dinero", ya que implicaba que no se contase con una propiedad. Esta cuestión sí que era una diferencia clave con las sociedades de nuestro entorno y, en la década de los noventa del siglo XX, sería determinante para que una serie de generaciones aplazasen su emancipación hasta que pudiesen contar con una vivienda en propiedad.

La señalada segunda mitad de la década de los noventa del siglo XX es un momento determinante. Es cuando no pocas personas van a acceder a dicho mercado de la vivienda en propiedad, comenzando la "burbuja inmobiliaria". Como decíamos, serán generaciones marcadas por una visión sobre la vivienda muy interiorizada acerca de la propiedad, y también por el crecimiento de las ciudades, a través de nuevos barrios residenciales, que Jorge Dioni Lópe denomimará acertadamente años después como el modelo PAU, en su imprescindible La España de las piscinas (ARPA, 2021). Serán generaciones que irán saliendo, en buena medida, de los barrios obreros de las ciudadades hacia esos nuevos barrios, entre los que también habrá sus diferencias. Lo que ocurrirá ya en el siglo XXI, con la mencionada "burbuja inmobiliaria" pasa a la Historia de nuestro país por su impacto estructural. La construcción de viviendas, el incremento de la demanda, de los precios y la accesibilidad al crédito bancario darán lugar a una especie de tormenta perfecta que estallará a partir de 2008. Pero, la cuestión de la accesibilidad de la vivienda, especialmente para los jóvenes, ya estaba muy presente. El incremento de los precios daba lugar a unos grandes esfuerzos para poder adquirir la misma para no pocos colectivos. Se firmaban hipotecas a cuarenta años, por ejemplo. El alquiler, accesible en aquellos momentos, era una opción no contemplada por la mayor parte de la sociedad, instalada en los universos simbólicos ya indicados. Hay que recordar también los sorteos para el acceso a Viviendas de Protección Oficial, que incluso tenían su presencia en los medios de comunicación.

La crisis de 2008, y sus consecuencias, tendrían que habernos enseñado algunas cuestiones claves sobre la vivienda. La primera, por supuesto, garantizar la accesibilidad. La segunda, el enorme stock de vivienda disponible, consecuencia de una fiebre desmedida. Sin embargo, como casi siempre, los aprendizajes no se dan y, en la actualidad, la cuestión de la vivienda ha ido a peor, lo cual parecía imposible. Además, se están dando procesos de cambios que inciden en esta problemática. Primero, el alquiler ya no es inferior a la compra, por lo que acceder a una vivienda en alquiler también se ha convertido en una quimera en no pocas ocasiones. El segundo, la tensión en las ciudadades que se está dando con la transformación del mercado de la vivienda a través de gentrificaciones y llegadas de fondos de inversión, junto al boom de los pisos turísticos. Todo ello ha provocado situaciones inimaginables como el hecho de que trabajadores y trabajadoras vivan muy alejadas de sus lugares de trabajo, por no poder acceder a una vivienda, o que en lugares como Islas Baleares, incluso funcionarios y funcionarias, con un empleo estable, no puedan acceder a viviendas en alquiler o propiedad por sus precios. Los jóvenes se ven inmersos en una rueda sin fin en la que, emanciparse, se convierte en una estación lejana. Y el acceso al crédito bancario se ha limitado enormemente, todo ello en un contexto de precariedad laboral.

En definitiva, la cuestión de la vivienda es central en una sociedad como la nuestra, aunque ya hemos interiorizado, como en otras ocasiones, una situación estructural que hace referencia a su cada vez mayor dificultad de acceso para más colectivos y personas. Si en la década de los noventa del siglo XX nos hubiesen dicho que esta problemática iba a ir a peor, no lo hubiésemos creído. Si nos lo hubiesen dicho en la primera década del siglo XXI, nuestra reacción todavía habría sido de más incredulidad, por las lecciones no aprendidas. Pues en esas estamos, y las políticas públicas sobre vivienda siguen sin funcionar. 











































 

 

 


 



 

 
















Colectivos muy vulnerables

Por EQUIPO AICTS / 01 de abril de 2024

Las sociedades en las que nos desenvolvemos se están caracterizando por un aumento de la desigualdad. En el otro lado de la balanza, no faltan las visiones que inciden en que nuestros mundos son los que han logrado un mayor desarrollo y bienestar. De esta forma, sobran los indicadores, es un hecho, que inciden en que ha aumentado la esperanza de vida, se ha reducido la mortalidad infantil, hay niveles de bienestar desconocidos a lo largo de la Historia, etc. Todo ello es cierto, no se puede negar, y forma parte de los logros de nuestras sociedades. Y, especialmente, en la constitución de un modelo basado en el Estado de Bienestar y los Derechos Sociales, en la redistribución de recursos. Sin embargo, este camino parece ir tocando a su fin y la curva de una mejora del bienestar, alcista hasta el comienzo del siglo XXI, se ha detenido. Ese mantra de que "los hijos vivirán mejor que los padres", que ha sido una realidad durante décadas, ahora ya no se va a cumplir. Y, todo ello, en un contexto paradójico porque, aunque los niveles mínimos de bienestar se pueden cumplir, no es menos cierto que depende cada vez más del origen socioeconómico alcanzar ciertos niveles de vida. De esta forma, lo que se trataba de conseguir con los modelos de sociedad basados en la igualdad de oportunidades y la equidad, se va deteriorando. 

Ciertamente, en las dos últimas décadas, y como resultado de las sucesivas crisis en las que estamos insertos, hecho que da lugar a señalar que estamos en un escenario de crisis estructural, numerosos estudios y buena parte del debate se ha centrado en las clases medias. Categoría controvertida y heterogénea, difícil de definir en no pocas ocasiones, ha estado condicionada precisamente por su carácter aspiracional, el cual dependía en buena medida del Estado de Bienestar y de las transferencias sociales. Sin embargo, la crisis del 2008 implicó que la clase media regresase a sus orígenes, que eran las condiciones de las denominadas clases trabajadoras, otra categoría que, como veremos, también tiene dificultades de conceptualización en el momento actual. Clases medias que, de la misma forma que hemos visto en artículos anteriores, tiene enormes problemas para llegar a fin de mes. Pero esta es una situación que afecta en mayor medida a los colectivos que están por debajo en la estructura social, sujetos a una mayor incertidumbre y vulnerabilidad.

Si nos centramos en el caso de España, somos un país que ha tenido siempre una elevada presencia de colectivos en situación de exclusión social. De hecho, los diferentes estudios, desde los institucionales a través del Instituto Nacional de Estadística (INE), hasta los que llevan a cabo entidades del Tercer Sector, como por ejemplo Cáritas o EAPN, muestran cómo alrededor de un 20% de la población española está en situación de riesgo de exclusión social. Hay que tener en consideración que, a lo largo de estas décadas, también ha cambiado el umbral que marca este escenario, lo que da lugar a que haya colectivos que entren y salgan del mismo. Pero, la realidad, es que hay grupos sociales, familias y personas que están en una situación de vulnerabilidad más complicada.

De esta forma, este hecho nos llevaría también a la dificultad de categorizar a la denominada clase trabajadora u obrera. Obviamente, se han producido tantos cambios en su composición y estructura que no se sabe en no pocas ocasiones a qué nos estamos refiriendo. Hay una elevada cantidad de trabajadores y trabajadoras que se encuentran en empleos precarios y no cualificados, del sector Servicios, así como los que están vinculados a los empleos derivados de plataformas y de la "economía del contenedor" que, posiblemente, la definición más acertada sea la del periodista de El Confidencial, Esteban Hernández, que denominaba a estos colectivos como "lumpen proletariado". De la misma forma, aunque muy marcada por el contexto de la época, la crisis de 2008, no podemos olvidarnos del concepto de Guy Standing, "precariado", que también definió a un amplio conjunto de personas y colectivos. De esta forma, nos encontramos con una parte de la población cuya vulnerabilidad es mayor todavía.

Pero, todavía en nuestras estructuras sociales, hay otra categoría que se encuentra en una situación más inestable y vulnerable. Partiendo de la propuesta teórica y metodológica del sociólogo de la Universidad del País Vasco, Gabriel Gatti, que aborda la situación de numerosos colectivos en la sociedad mediante el concepto de "desaparecido", nos encontramos con situaciones que se vuelven invisibles a nuestros ojos. Son personas y colectivos que estarían incluso fuera del sistema. Uno de los ejemplos más evidentes de esta situación son los temporeros y temporeras extranjeros que trabajan en la agricultura. Es un colectivo que es vital y necesario para un sector como el primario. Con enormes diferencias entre regiones, hay noticias que muestran cómo estas situaciones de invisibilidad y de precariedad siguen siendo una realidad. El pasado 18 de marzo, El País publicaba un reportaje de Nacho Sánchez sobre los campamentos de trabajadores y trabajadoras en el campo de Almería. Una realidad durísima que nos muestra de qué manera existen colectivos ya no en los márgenes del sistema, sino fuera de los mismos. 









































 

 

 


 



 

 
















Agotamiento

Por EQUIPO AICTS / 25 de marzo de 2024

En nuestra última entrada en el Blog de AICTS, hace una semana, nos centrábamos en un aspecto clave como son las condiciones de vida. Este es uno de los temas que más abordamos en estas publicaciones, como consecuencia de las transformaciones de nuestras sociedades, especialmente en las dos últimas décadas. Se puede disfrazar de la forma que se quiera, a través de datos macroeconómicos, por ejemplo, pero la realidad es que se ha producido una precarización de la vida, un empeoramiento de las condiciones de trabajo, un aumento de los precios y de los intereses bancarios, etc. La crisis sistémica de 2008 supuso el punto de inflexión en un sistema que aceleró todas las tendencias existentes. El neoliberalismo dio lugar a un turbocapitalismo que, apoyado en un avance de la digitalización, transformó las bases de nuestras estructuras sociales. La respuesta a la crisis, todo el mundo la recuerda: recortes, ajustes, austeridad... La recuperación se produjo pero no afectó a todos los agentes y colectivos por igual. Al contrario, las clases trabajadoras y medias se las vieron y desearon para regresar a la casilla anterior. De hecho, pocos lo consiguieron. En plena aceleración de estos procesos, la pandemia del Covid-19 llegó como un shock. La excepcionalidad del momento, el impacto en todos los niveles de la nueva crisis y el recuerdo de las medidas tomadas anteriormente, dieron lugar a actuaciones de las Administraciones Públicas en una dirección diferente. La Unión Europea, no sin pocos debates, fue clave en este sentido, con los planes de reconstrucción y recuperación. Sin embargo, la crisisd el Covid-19 no supuso un punto de inflexión en nuestro sistema, no se produjo una vuelta a las medidas del Estado de Bienestar en un sentido profundo, sino que fue un paréntesis en los cambios que venían dándose antes. Y fue la invasión de Ucrania por parte de Rusia la que, en 2022, puso otra muesca en nuestro sistema. Este hecho mostró la transformación del tablero geoestratégico, la evolución de la Globalización hacia una Desglobalización, la multilaridad y el declive de Occidente. Por el camino y, paradójicamente, como fruto de la división internacional del trabajo derivada de la propia Globalización, la debilidad de Europa. Además, llevamos dos años en los que el coste de la vida, como decíamos, se ha intensificado. 

En la anterior entrada del Blog, como hemos indicado al comienzo del artículo, nos centramos en las condiciones materiales. Recapitulando, familias y personas tienen más dificultades para llegar a final de mes, el salario no les llega y cada vez más personas y familias no pueden hacer frente a gastos imprevistos, irse de vacaciones al menos una semana fuera de su domicilio habitual, o tener una dieta más diversificada. Cotidianamente, lo vemos. Además, la solidaridad familliar, tan importante en Estados de Bienestar de carácter familista como el español y el de los países del Sur de Europa, es cada vez menor una vez que, con la crisis de 2008, quedó muy tocada. Y es que, de no haber sido por el apoyo familiar a las personas que perdieron sus empleos, viviendas, etc., las consecuencias de la misma habrían sido todavía mayores. Estas situaciones, obviamente, no causan solo estragos en las señaladas condiciones materiales sino que también cuentan con consecuencias en aspectos psicológicos. Es decir, la salud mental se ve muy resentida por las incertidumbres de nuestro tiempo.

Hace unas semanas, El País publicó un reportaje, firmado por Pablo Linde, con el explícito título "La España cansada: 'A las 10 de la mañana ya estoy reventada y quiero que termine el día'". Los testimonios que aparecen en el mismo no son desconocidos, también los vivimos en nuestro día a día, en las realidades que nos tocan, en los entornos, etc. Linde recoge también la visión de diferentes especialistas médicos que inciden en que cada vez más personas llegan a las consultas con esta situación y que, la misma, no responde a causas orgánicas. Es decir, las transformaciones y exigencias de nuestro tiempo, en todos los ámbitos, está dando lugar a un agotamiento generalizado. Es una realidad que puede observars en numerosos empleos, cualificados o no, donde la carga de trabajo ha aumentado, así como las responsabilidades, exigencias, etc. Es un hecho que se aprecia en las conversaciones, en que cada vez se tiene que hacer más. Esta situación llega a un apelotamiento de tareas que implica una sensación de no llegar. Y esta situación se junta con las exigencias, también cada vez mayores, en todos los sentidos. La pandemia, en este sentido, sí que supuso un punto de inflexión pero en negativo. El teletrabajo, por ejemplo, se institucionalizó de forma presencial, siendo esto una contradicción, pero es la sensación. Nos quedamos con los males de los dos modelos. Por ejemplo, el volumen de reuniones online es impresionante, sin dejar de tener que realizar las actividades presenciales. 

Por lo tanto, con este escenario, lo raro es que la gente no se encuentre cansada y agotada. Vivimos en un mundo que nos lleva a ocupar todas las horas del día y, de hecho, hasta el ocio está marcado por una intensidad y aceleración que implica un no disfrutar del momento en no pocas ocasiones. Si a esto le unimos las presiones derivadas de las condiciones materiales, que son la realidad más inmutable, normal que nuestra salud mental se resienta. 









































 

 

 


 



 

 
















Condiciones de vida

Por EQUIPO AICTS / 18 de marzo de 2024

En el Blog de AICTS, suelen ser frecuentes los artículos en los que el equipo que conforma la asociación reflexiona sobre las condiciones de vida en nuestras sociedades. Un tema que está vinculado con una visión sobre las mismas que incide en la cohesión social, en la corresponsabilidad y en las políticas vinculadas a un Estado de Bienestar que, a pesar de los cambios que ha venido sufriendo, sigue siendo el marco en nuestros entornos. Las condiciones de vida, analizadas a través de las estadísticas correspondientes, como por ejemplo las del Instituto Nacional de Estadística (INE) o de otras entidades, muestran cómo se ha ido produciendo una precarización en determinados aspectos. Obviamente, este hecho no afecta a todo el mundo por igual, al contrario, y también surgen las visiones que inciden en que el escenario no es tan catastrofista como se pinta desde determinados ámbitos. Sin embargo, la realidad es mucho más tozuda y nos encontramos con unas sociedades en las que la desigualdad ha crecido de forma clara. Una desigualdad que rompe con principios como la igualdad de oportunidades o la equidad, y que ha ido paralela a un empeoramiento de las condiciones de trabajo. Lo hemos escrito en numerosas ocasiones. La crisis de 2008 supuso el punto de inflexión de nuestras sociedades. Y, en este contexto, países como España, con la evolución que ha llevado su estructura productiva, no iban a ser una excepción. Además, aunque el Estado de Bienestar resiste, no es menos cierto que no llega a todos los ámbitos que tendría que hacerlo. Esto se ve en cuestiones como la Sanidad, a pesar de lo que implicó la pandemia del Covid-19, o la situación de la Educación, por ejemplo, en la que ha habido un aumento en esta década y media de la inversión privada de las familias en clases extraescolares, entre otras cuestiones. Además, sumemos el aumento de la inflación, las consecuencias de los cambios geoestratégicos y políticos en las cadenas de suministro de materias primas y bienes de primera necesidad, el incremento de los tipos de interés, con el Euríbor disparado. De esta forma, son numerosos los factores que están determinando el empeoramiento de las condiciones de vida no pocos ciudadanos y ciudadanas.

Hablamos de los colectivos que se encuentran en posiciones de vulnerabilidad y en riesgo de exclusión social, que son a los primeros a los que afectan estos procesos. En relación al mercado de trabajo, su posición es de una clara desventaja, hecho que se intensifica en tanto en cuanto están en situaciones en no pocas ocasiones de economía irregular, empleos parciales y en trabajos de baja cualificación, donde se ha generado una mayor precariedad en las condiciones y salarios. Pero no son los únicos colectivos afectados. Las clases medias aspiracionales y las consolidadas también han ido perdiendo suelo en relación a sus condiciones de vida y de trabajo. Ya lo vimos en la comentada crisis de 2008 pero, en la actualidad, la situación se ha complejizado. Existen muchos ejemplos de estos escenarios que estamos indicando, y la Encuesta de Condiciones de Vida del INE refleja cómo cada vez más familias y personas tienen dificultades para llegar a fin de mes, no pueden afrontar gastos imprevistos, o no pueden permitirse al menos una semana de vacaciones fuera de su domicilio. Hace unos días, El País publicó un reportaje con testimonios de estas situaciones, especialmente los casos con una mayor vulnerabilidad. Emilio Sánchez Hidalgo firmaba el mismo y se reflejaban las historias cotidianas de hogares en los que todos sus integrantes se encuentran en situación de desempleo. Los testimonios son impactantes, incidiendo en cómo se miran los escasos presupuestos familiares, entre otras realidades. Dificultades que no solo afectan a casos como los señalados sino que también están presentes en trabajadores y trabajadoras que con llegan con sus sueldos. 

En definitiva, una realidad compleja y cada vez más habitual. Pero, como ocurre con tantas cuestiones, parece que nos hemos ido acostumbrando a ellas. Mientras tanto, los mecanismos para afrontar estos escenarios no funcionan como tendrían que hacerlo. Además, hay una cuestión estructural como es el mercado de trabajo y la estructura productiva, que tendrían que dar un giro radical. Todo esto ocurre con las condiciones materiales, centrales y determinantes, pero también tiene su impacto en cuestiones como la salud mental o en cómo se tienen que incrementar los esfuerzos para dar respuesta a los requerimientos de nuestras sociedades. Pero, esto último, lo vamos a dejar para la siguiente entrada. 








































 

 

 


 



 

 
















Educación

Por EQUIPO AICTS / 11 de marzo de 2024

La Fundación COTEC acaba de lanzar el estudio Estudio de percepción social de la innovación educativa. Con una muestra de 7.000 encuestas, el trabajo se centra como objetivos en las opiniones sobre el sistema educativo y su funcionamiento, prioridades de la ciudadanía en relación a la Educación, el impacto de la digitalización, la cuestión de la equidad, etc. Es un trabajo de gran relevancia ya que, salvo excepciones, las valoraciones y percepciones sobre la Educación no son analizadas. Al contrario, es un hecho sobre el que se pasa a través del trazo grueso, especialmente en un contexto como el actual, muy polarizado, y en el que la Educación no es una excepción. En el caso español, el debate sobre Educación está mediatizado por la publicación de informes, el último caso el de PISA; las desigualdades existentes; las reformas educativas; o, en los últimos tiempos, las visiones pedagógicas, que ha alcanzado una gran relevancia en las Redes Sociales. 

Mientras tanto, no tendríamos que olvidarnos el sistema educativo que se ha construido en España, especialmente si tenemos en cuenta los puntos de partida. Una sociedad en la que las trayectorias educativas venían marcadas por el origen socioeconómico; en la que los estudios superiores estaban destinados a las clases medias - altas y altas, salvo excepciones contadas; en la que las clases populares estaban abocadas a otros caminos. La llegada de la Democracia, la construcción de un Estado de Bienestar, basado en los Derechos Sociales y con la Educación como uno de sus pilares, dio lugar a una transformación sin precedentes. La universalización de la Educación, la construcción de una enseñanza pública de calidad y su expansión, el acceso a estudios superiores de las clases trabajadoras, fueron determinantes para la transformación de España. Obviamente, quedan cuestiones por solucionar, por ejemplo segregaciones y concentraciones escolares de colectivos en riesgo de exclusión, fracaso y abandono escolar en unos niveles todavía más altos que en la Unión Europea, o la necesidad de avanzar en la inclusión. En el lado contrario, España es uno de los países que presentan una menor sensibilidad al origen socioeconómico en sus resultados.

Los resultados de la Fundación COTEC nos muestran una radiografía del sentimiento de los españoles y españolas en relación a su sistema educativo. Uno de los datos más llamativos, aunque no lo es tanto en función de las visiones sobre la Educación, es que hay más encuestados y encuestadas que piensan que la escuela en la actualidad es peor que cuando ellos y ellas estudiaban. Este hecho se da en mayor medida cuando se avanza en la edad. Como hemos comentado, los motivos de esta visión pueden vincularse con esas distintas concepciones pedagógicas que están presentes en el sistema educativo, así como con una mirada edulcorada del pasado. En ese sentido, también se piensa que los estudiantes salen peor preparados, estando esta opinión más presente en los grupos de mayor edad, a diferencia de los jóvenes en los que hay una percepción de que la preparación es mejor. Igualmente, se destaca que el ambiente en la escuela es más participativo y cercano, así como que los docentes están más preparados. 

Los debates sobre la Educación y su situación van a seguir existiendo. Además, en el ámbito educativo pasamos buena parte de nuestras vidas, tanto formándonos como, en el caso de ser padres y madres, cumpliendo esa función. Finalmente, no son pocas las personas que se dedican al mundo de la enseñanza. Es decir, la cuestión de la Educación es central en nuestras sociedades y estudios como el de la Fundación COTEC son necesarios para conocer qué piensa la sociedad sobre el sistema educativo. Como hemos señalado, los márgenes de mejora son importantes, así como la necesidad de aumentar la inversión en Educación. Sin olvidar el impacto que tienen los cambios legislativos. 

Poner en valor la Educación es algo que tendría que ser automático. En los últimos tiempos, nos hemos acostumbrado a no pocos discursos que cuestionan, minusvaloran o critican los procesos de formación, desde todos los ámbitos. Un informe de la Comisión Europea, a partir de los datos de PISA, y bajo el título  The twin challenge of equity and excellence in basic skills in the EUmuestra cómo cada año de Educación implica un retorno de más del 9% en el salario, siendo mayor en el caso de las mujeres. Es decir, la Educación tiene una traslación también en estas dimensiones, hecho que tampoco debemos olvidar cuando hablamos de cuestiones como la equidad y la igualdad de oportunidades. 








































 

 

 


 



 

 
















Precariedad

Por EQUIPO AICTS / 4 de marzo de 2024

Nos hemos acostumbrado a vivir en realidades paradójicas y disonantes y, además, los cambios van a toda velocidad. Uno de los ámbitos en los que se refleja de forma más clara tiene que ver con las condiciones y el nivel de vida. Estos días, se ha publicado la Encuesta de Condiciones de Vida 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque, en cierto sentido, ha pasado un tanto desapercibida, no han sido pocos los medios de comunicación que han reflejado sus datos e indicadores, como por ejemplo Josep Martí Blanch en El Confidencial, que exponía una serie de cuestiones sobre las contradicciones de nuestra sociedad. Los datos no dan lugar a dudas y la tendencia es claramente negativa. Aumenta el porcentaje de personas y familias que tienen dificultades para llegar a final de mes, aumentan las personas y familias que entran en la pobreza extrema, aumentan las personas y familias que no pueden afrontar un gasto imprevisto, aumentan las personas y familias que no pueden permitirse irse una semana de vacaciones fuera de su domicilio. 

El escenario se ha complejizado en los últimos cuatro años, como hemos venido también recogiendo en este Blog a través de diversos artículos, aunque las raíces hay que buscarlas en los procesos que están marcando nuestro tiempo. La pandemia del Covid-19 supuso un duro golpe, aunque las medidas para afrontarla, mitigaron la situación. Sin embargo, en cierto sentido, fueron un espejismo o un parche. Luego, los procesos de cambio y la aceleración de los mismos han dado lugar a que la precariedad se haya instalado en buena parte de la sociedad. La invasión de Ucrania por parte de Rusia y los cambios geoestratégicos, el aumento de los costes de las materias primas, crisis de suministros, aumento de precios y crecimiento de los tipos de interés han dado lugar a un escenario que está afectando de lleno a las familias y personas, a sus posibilidades para afrontar el día a día y para ahorrar, hecho que es una quimera para la mayor parte. Pero, como señalábamos, veníamos de atrás, el proceso ya se había iniciado hace tiempo y la precarización del mercado de trabajo y de los salarios era una realidad antes de la pandemia. Aunque se tomen medidas, como el aumento del Salario Mínimo Interprofesional, entre otras, no es suficiente. El escenario es más complejo y estructural.

Una de las contadicciones en las que nos encontramos es ese contexto en el que parece que todo va bien. Marcados por unos valores consumistas e individualistas, el día a día nos lleva a un cierto carpe diem, un aprovechar el momento. Además, todos los mensajes que nos rodean van en esa dirección. Sin embargo, las costuras son evidentes y se da una especie de dualización de la sociedad que se trasluce en no pocas variables y dimensiones, de la social a la territorial. Y, para todas ellas, los puntos de partida, son determinantes. Es decir, estamos regresando a estados anteriores en los que contaba más el origen que otras cuestiones. Esta dualización de la sociedad se observa cada vez más claramente en un escenario que muestra cómo, una parte de la misma, y especialmente en sociedades como las nuestras, es una clase servicio precarizada que atiende a unas clases medias-altas y altas, así como a las clases medias aspiracionales que se las van viendo y deseando para mantenerse en su posición. 

Es la realidad y los indicadores son crudos. Periodistas como por ejemplo Esteban Hernández, reflejan el espíritu de nuestro tiempo y cómo se genera una situación que ha dado lugar a unos marcos de interpretación de la realidad diferentes y que está abriendo unas brechas insoldables. La tendencia es la que venimos describiendo y se puede abordar desde una huida hacia adelante, con las recetas que no funcionan, o bien se puede caer en los brazos de propuestas extremas que tampoco van a funcionar y que encuentran el caldo de cultivo en la situación. Por el camino, hay otra vía, recuperar los principios del Estado de Bienestar, de los Derechos Sociales, de la equidad, de la solidaridad y corresponsabilidad. Lamentablemente, no parece que vayamos a ir en esa dirección. 







































 

 

 


 



 

 
















Residencias

Por EQUIPO AICTS / 26 de febrero de 2024

A lo largo de estos últimos meses, las situación de las residencias de personas mayores ha vuelto a situarse como un asunto de actualidad. Condiciones de las mismas y personal disponible han sido los puntos claves, dentro de diversas polémicas. Ahora que se van a cumplir cuatro años de los momentos más duros de la pandemia del Covid-19, vuelve a comprobarse, como ha ocurrido por ejemplo con la Sanidad, que algunas cuestiones no se han solucionado sino que, al contrario, siguel igual e incluso han retrocedido. La cuestión de las residencias hay que vincularla, obviamente, a cómo una sociedad trata a sus personas mayores. Este hecho también hay que relacionarlo con otra serie de servicios, como son los centros de día o cualquier atención a la dependencia, sin olvidar las situaciones que se dan de soledad en no pocas personas mayores. Nuestras sociedades cada vez están más envejecidas, es una realidad. Es un hecho positivo, obviamente, porque son más personas las que llegan a edades más avanzadas, lo que es una muestra del desarrollo de las sociedades. Sin embargo, no todo el mundo lo hace de la misma forma y en similares concidiones. Por otra parte, estamos entrando ya en una fase de la estructura demográfica en la que son generaciones más numerosas las que están entrando en esta etapa de la vida. Son las que nacieron en el "baby boom", fundamentalmente.

La atención y el cuidado de las personas mayores entra de lleno dentro de las políticas del Estado de Bienestar, ese modelo de sociedad que no dejamos de reinvidicar desde este Blog. Sin embargo, como ocurre en países con Estados de Bienestar familistas, es precisamente el ámbito de los Servicios Sociales el que se convierte en el eslabón más débil y menos desarrollado. España no es una excepción, a pesar de los avances logrados. Sin duda alguna, la denominada "Ley de la dependencia" de 2006 fue un punto de inflexión, con la que incluso aquellas personas que habían sido cuidadores de familiares en situación de dependencia, la grandísima mayoría mujeres, y que no habían tenido un reconocimiento de su actividad, cotizaban. Luego, llegaría la crisis de 2008 y los recortes, aunque no es menos cierto que se produjeron recuperaciones de los mismos. A pesar de este escenario, y de los ya indicados avances, nuestro sistema precisa de un mayor desarrollo. En la actualidad, todavía muchas personas no pueden afrontar económicamente el coste de una residencia o un centro de día, a pesar de las ayudas y las plazas públicas y concertadas existentes. Además, hay listas de espera para acceder a las residencias. 

Pero son las situaciones en las que se encuentran las residencias las que preocupan en no pocos ámbitos. Recordemos que hay una regulación que implica la existencia de ratios de personal que atiende a los residentes, en función de las diferentes categorías y puestos ocupados. De esta forma, se garantizaría un servicio eficiente. Sin embargo, el sector de los cuidados ha estado también en escenarios de precariedad y existen no pocas dificultades para cubrir puestos de trabajo. Desde algunos ámbitos, se incide en las condiciones de trabajo de algunas de estas residencias, con bajos sueldos, horarios complejos, etc. Además, no son pocas las voces que también inciden en cuestiones vinculadas a las privatizaciones y a la falta de controles. 

No cabe duda de que esta es una cuestión que precisa una intervención más integral. En primer lugar, la demanda de más servicios vinculados a las personas mayores aumentará, por el envejecimiento de la población y por la estructura demográfica. En segundo lugar, generar más plazas públicas tambié será una necesidad, así como asegurarse de que las condiciones de las residencias sean dignas. Y, en tercer lugar, pero no menos importante, es fundamental dignificar el papel de los cuidados y de la atención a las personas mayores. Mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras de este sector, en el que priman las segundas, es un hecho ineludible. Residencias, centros de día y otros servicios son un pilar indispensable de nuestras sociedades, unos servicios básicos. No debemos olvidarlo. 

 









































 

 

 


 



 

 
















Tecnologías

Por EQUIPO AICTS / 19 de febrero de 2024

No vamos a ser muy originales en esta entrada del Blog de AICTS, en un momento en el que el debate sobre las tecnologías y su impacto en nuestras sociedades no para de crecer. Hay al menos tres situaciones en las que la cuestión de las tecnologías se ha centrado. La primera, con las consecuencias de la Inteligencia Artificial (IA), un proceso que parece no haber hecho sino comenzar. Hace aproximadamente, la aparición de ChatGPT supuso un punto de inflexión. En segundo lugar, la situación de los menores en relación a las tecnologías y, especialmente el impacto de las Redes Sociales, con el debate sobre las medidas a tomar con respecto al uso del móvil en los centros educativos. Y, finalmente, una cuestión más estructural que es transversal a todo este proceso como es el papel de las grandes empresas tecnológicas en nuestras sociedades y cómo están configurando las mismas.

Obviamente, las tecnologías son una parte consustancial del mundo en el que vivimos y han tenido más impactos positivos que negativos. No se trata de enunciar ambos, que están interiorizados plenamente, pero las reflexiones sobre las tecnologías y sus consecuencias no han dejado de crecer, y seguirán haciéndolo. Hay ciertas cuestiones que están presentes como un determinismo tecnológico que se ha incrementado en la última década. Ese determinismo tecnológico implica que, a través de las TIC, el avance de la sociedad será automático. Sin embargo, no es menos cierto que se dan brechas digitales de acceso y de uso que están condicionando nuestro tiempo. Por otro lado, la visión que se contaba acerca de Internet y las Redes Sociales, especialmente en el momento de su nacimiento, no se ha cumplido. Parecía que se podría dar una democratización mayor de la sociedad y que, con las Redes Sociales, los procesos de comunicación e interrelación, de generación de una comunidad más participativa. Pero, no ha sido así. 

A continuación, vamos a analizar los tres grandes debates que se están produciendo en relación a las tecnologías. El primero de ellos, la IA, ha ido ocupando cada vez una mayor presencia en todos los ámbitos. Las posiciones están claras en relación a la misma. Por un lado, una visión que incide en que es una evolución positiva, que permitirá una mejora de nuestras sociedades. En el otro lado, el cuestionamiento de la IA en relación a la pérdida de la dimensión humana. Además, también se producen alertas en relación a los riesgos que implica la IA y las consecuencias no deseadas que pueden darse. En este sentido, cabe recordar que los principales creadores de la IA incluso señalaron que la humanidad podría abocarse al "peligro de extinción" si no se regula la misma. En las últimas semanas, las polémicas han crecido incluso con el uso de la IA en determinados ámbitos artísticos y creativos, que muestran cómo estas herramientas pueden acabar con numerosas ocupaciones y puestos de trabajo. Sin duda alguna, la IA supone un paso más en la digitalización que implica, además, cuestiones éticas.

En segundo lugar, y también con una elevada polémica, está la cuestión del uso de los móviles en los centros educativos. No cabe duda de que nos encontramos con unas generaciones que se han socializado y cuyo mundo gira alrededor de las TIC, Internet y las Redes Sociales. Tener un ordenador en el bolsillo, el SmartPhone, implica una conectividad total. El debate sobre el uso de los móviles en escuelas e institutos es complejo, en tanto en cuanto no son pocas las ocasiones en las que se les pide a estos mismos estudiantes que usen los mismos para actividades en clase. Se produce de esta forma una contradicción enorme. Además, nuestros sistemas educativos están cada vez más digitalizados. Por otra parte, los adultos también hacen un abuso de estos dispositivos. En las últimas semanas también se han incrementado los debates sobre la regulación, incluso prohibición, del acceso de los menores a Redes Sociales. El impacto de las mismas en los niños, adolescentes y jóvenes es una realidad, afectando a cuestiones como la salud mental y generándose peligrosas adicciones. La situación es complejísima, indiscutiblemente, y será necesario hilar fino para acertar con las decisiones a tomar.

En tercer lugar, como señalábamos anteriormente, una cuestión más estructural y transversal como es el impacto de las tecnologías y sus actores protagonistas en la configuración de nuestro mundo. En todos los sentidos, desde el político al cultural, pasando por el social y el económico. Vinculándolo con el determinismo tecnológico, debemos ser conscientes de que, detrás de todos estos procesos, hay agentes que toman decisiones en un sentido o en otro. Las grandes tecnológicas, vinculadas a las denominadas "economías del contenedor", han adquirido unas dimensiones que han dado lugar a no pocas controversias y propuestas en relación a su regulación, así como a las consecuencias que generan en la sociedad y en las personas. Otra situación de enorme complejidad que nos lleva a un escenario sobre el que, en teoría, nuestro control es muy reducido.

En definitiva, unos debates sobre las tecnologías que irán en aumento en los próximos años. Posiciones encontradas, a favor o en contra, aceptación acrítica de las mismas o visiones más luditas incluso. Las implicaciones de la evolución de las tecnologías van a marcar nuestras sociedades en los próximos años, para bien y para mal. La cuestión es cómo se van a gestionar las mismas. 

 









































 

 

 


 



 

 
















La situación del sector agrario

Por EQUIPO AICTS / 12 de febrero de 2024

El mes de febrero ha estado marcado, hasta la fecha, por la movilización del sector agrario en España. No es ninguna novedad en relación al contexto europeo, donde estos procesos han sido recurrentes desde hace años, especialmente en Francia. Tampoco en el caso de España, aunque no es menos cierto que no se había dado un salto como así ha ocurrido en estas semanas. Hace dos años, ya se produjeron tractoradas con el objetivo de incidir en la situación del sector primario. Es una cuestión que viene de lejos y que, como tampoco podía ser de otra manera, ha levantado no pocas polémicas y visiones sobre este escenario. De lo que no cabe duda es que la situación del sector primario es muy compleja y que se encuentra con respiración asistida desde hace décadas.

Lo ocurrido en el campo español, como en buena parte del resto de Europa, responde a procesos globales y de la división internacional del trabajo. Además, los acontecimientos de las últimas décadas han afectado negativamente a su situación. El medio rural español se encontraba en unos cambios que Luis Camarero ha descrito de forma acertada en no pocos artículos, siendo una de las voces más autorizadas sobre la cuestión. La desagrarización, descampesinización y desfamiliarización del mismo ha dado lugar a un escenario totalmente diferente. La integración de España en la Unión Europea también implicó una transformación del medio rural y del sector primario, encuadrado en ese marco. La Globalización no hizo otra cosa que acentuar este proceso. El sector primario, por lo tanto, iba reduciéndose paulatinamente, acuciado por la falta de un relevo generacional que, en la actualidad, ya se antoja casi imposible. No es menos cierto que, en un país como España, también se había minusvalorado el medio rural y el sector primario, como un estadio a superar. Ha costado mucho superar este relato, aunque no es menos cierto que la lucha contra la despoblación del medio rural no está teniendo los resultados deseados, así como genera disonancias en relación a la situación del sector primario.

Con la Unión Europea y la Política Agraria Común (PAC), las regulaciones sobre la agricultura y la ganadería quedaban sujetas a las mismas, lo que daba lugar a algunas paradojas. Las ayudas comenzaron a ocupar un lugar determinante en las economías de los agricultores y ganaderos que, hace tiempo, trabajan a pérdidas. Es decir, la ratio coste-beneficio del producto en sí mismo, sin las ayudas, es deficitaria. Igualmente, hay que tener en cuenta que el medio rural y el sector agrario español es bastante heterogéneo, presentando una elevada diversidad en función de los territorios. Así como hay zonas que son latifundistas, otras están basadas en pequeños propietarios. Es este modelo el que está más en cuestión ya que además de las dificultades para vivir del sector primario, hay que tener en cuenta los procesos de concentración de tierras y propiedades en pocas manos, no pocas de ellas ajenas al territorio. De esta forma, se produce un desarraigo profundo que está transformando el mapa agrario español. En el caso de la ganadería, la situación es todavía más complicada.

Las reivindicaciones del sector primario pasan por esa situación de trabajar a pérdidas, con un descenso de los precios de sus productos y un aumento de los costes. Estos últimos han sido más relevantes en los dos últimos años con el aumento de la inflación, de los combustibles, etc. Además, se acusa a otros países de una competencia desleal, en tanto en cuanto no tienen que asumir el elevado número de controles que impone la Unión Europea. Si bien no se niega la necesidad de los mismos, no es menos cierto que genera una situación de desigualdad. Igualmente, la burocratización y digitalización, así como el marco de la sostenibilidad, que no es negado tampoco, pero que no tiene en cuenta ciertos impactos, son cuestiones que están encima de la mesa. En definitiva, como señalaba Esteban Hernández, es un escenario en el que un sector parece quedarse fuera del tiempo y no tiene futuro.

En esta situación, las respuestas que se han venido dando desde las Administraciones Públicas no han servido tampoco para detener o corregir el proceso. Sí, se habla de los productos de proximidad pero no se articulan soluciones para que tengan más posibilidades. Se hace mucho hincapié en la despoblación del medio rural, pero no es menos cierto que no son pocas las ocasiones en las que se centran en la idealización del mismo, generándose marcos como las nuevas ruralidades. De esta forma, también debe reseñarse que no faltan discursos que acusan a agricultores y ganaderos de la situación, de no saber adaptarse, o de ser de una determinada ideología. Solo hay que darse una vuelta por las Redes Sociales para leer ciertos discursos y afirmaciones en esa dirección. Otra cuestión es que haya partidos políticos y ciertos movimientos, especialmente la extrema derecha, que estén intentando instrumentalizar estos movimientos, como ha ocurrido en otros países. Pero, como ha demostrado la experiencia, tampoco ofrecen una solución a esta situación. Sin embargo, lo que debe llevar a la reflexión es si hemos dejado de lado estos sectores y estos colectivos, y cómo no se ha sido capaz de generar otras respuestas a la situación.

Lo que está ocurriendo en el sector primario en nuestras sociedades no es sino un indicador de los tiempos que estamos viviendo. Es cierto que el sector primario contaba con unas condiciones de partida más complicadas si cabe. La última década no ha sido sino una aceleración del proceso, como en otros tantos casos. Luego, se generan instrumentalizaciones y disputas sobre el relato. Y, por el camino, un colectivo al que no se le dan respuestas. Uno más. 







































 

 

 


 



 

 
















Perdiendo capital humano

Por EQUIPO AICTS / 26 de diciembre de 2023

No cabe duda de que, en el contexto actual, las migraciones están marcadas por la división internacional del trabajo institucionalizada con la Globalización. De esta forma, las tres últimas décadas han dado lugar a unos escenarios claramente delimitados por este proceso y su aceleración neoliberal con la crisis de 2008 y su respuesta a la misma. Así, los países y sus economías se han especializado en determinadas funciones, aunque se están dando cambios en el contexto de la desglobalización y de un mundo más multipolar. La pandemia del Covid-19 y la invasión de Ucrania por parte de Rusia contribuyeron a esta evolución que, debido a estos acontecimientos, se aceleró. El papel de China, la guerra comercial entre este país y Estados Unido, la pérdida de relevancia de Occidente, la situación de la Unión Europea, etc., son algunos indicadores de la situación en la que nos desenvolvemos.

Antes, el mapa ya había quedado claramente dibujado, fundamentalmente en el ámbito de la Unión Europea, pero también en el interior de sus países, así como en otros del ámbito occidental. De esta forma, el sur de Europa fue perdiendo su músculo industrial a través de las políticas de desindustrialización y deslocalizaciones. Una situación que antes se había dado en otros países, y de los que en parte los del sur de Europa fueron beneficiarios. Pero, en este nuevo contexto, el proceso se hacía más dramático. Además, desde el sur de Europa se compró esta receta, en general de forma acrítica. A fin de cuentas, el ser moderno era dejar de lado el mundo del pasado, identificado con la industria. Se encajaba con un nuevo modelo que se centraba en el Sector Servicios, en unas socieadades más cualificadas, en la tecnología e Internet, en el I+D+i. Por el camino, también se dejaba de lado el sector primario. Y, en todos los casos, se aludía a la falta de competitividad. En el otro lado de la balanza, no había problema porque el neoliberalismo había convertido al libre comercio en la base de sus actuaciones. No pasaba nada, podríamos tener todo, y a bajos precios, ya que se fabricaba en otros sitios. Mirábamos para otro lado ante los destrozos en las condiciones laborales o en el medioambiente de estos países, no pasaba nada. 

Mientras tanto, la terciarización no era la que nos habían contado. No, para nada. Era otra cosa. Una terciarización basada en un sector Servicios no cualificado, con una fuerte presencia del Turismo. Nada en contra de este sector, al contrario, pero sí que el modo en que lo hemos construido ha dado lugar a un escenario muy diferente. La pandemia del Covid-19 nos pareció poner ante el espejo del modelo productivo que habíamos ido generando, pero, una vez superada esta, los breves aprendizajes de este periodo se convirtieron en efímeros. Aceleramos más si cabe e impulsamos un sector Servicios no cualificado. Las voces que claman por un nuevo modelo productivo, no pocas, siguen haciéndolo en el vacío, mientras los discursos institucionales se llenan de banalidad y de promesas que, en no pocas ocasiones, no se pueden cumplir.

Los párrafos anteriores vienen por una noticia de El País publicada el pasado 22 de diciembre, que pasó un tanto desapercibida, y con un titular muy contundente: "España perdió 154.800 millones de euros en 2022 por la salida de capital humano", firmada por Luis Enrique Velasco. Tuvimos que leer el titular en dos o tres ocasiones porque, la cantidad, señalada, es estratosférica, y se basa en un estudio de la Fundación BBVA, reforzando el artículo otras fuentes como el INE y Cepyme. Resumiento la noticia, en 2022 salieron de España más de medio millón de personas. De ellas, el 90% eran personas en edad de trabajar y prácticamente un 50% contaban con estudios superiores. También destacaba la edad joven de las personas que se iban de España, ya que solo uno de cada cuatro era mayor de 55 años. Por lo tanto, jóvenes y cualificados vendrían a ser las personas que se están yendo de España. El cálculo del impacto económico se basa en "En el cómputo del valor del capital humano se incluye la contribución de las personas a la producción presente y futura, es decir, el valor de las rentas brutas esperadas de la población en edad de trabajar a lo largo del resto de su vida. Por lo mismo, depende de las tasas de actividad, las cuotas de paro, la productividad en el trabajo y la esperanza de vida de los individuos, así como los niveles de formación o experiencia laboral", como se recoge en el artículo señalado. 

¿Les suena?, seguro que sí, a lo ocurrido en la crisis de 2008. En aquel periodo, se incidió muchísimo en la pérdida de dicho capital humano. En el hecho de que en España no había oportunidades para muchas personas con cualificación. En que nuestro país había realizado una fuerte inversión en formación y cualificación y que no iba a tener su correspondencia en nuestra sociedad. Eran personas que, mayoritariamente, no querían irse. De estas cuestiones, no se volvió a hablar con la recuperación de dicha crisis, pero seguía ahí. Y es que este proceso está relacionado con esa estructura productiva que tenemos. No, no es que formemos a mucha gente, o que haya una elevada sobrecualificación, no, el problema es que nuestro sistema económico y productivo no es capaz de aprovechar esa formación. Y así nos va, y seguiremos así. 


































 



 
















Hacer una pausa

Por EQUIPO AICTS / 18 de diciembre de 2023

Nuestro modo de vida se articula a través de la velocidad y de un consumo del tiempo acelerado. Vivimos épocas basadas en una constante actividad, tanto a nivel personal como laboral. En relación a lo primero, ocupamos las horas libres que nos quedan con numerosas actividades, parte de las cuales están destinadas al ocio que son notificadas y retransmitidas a través de las Redes Sociales. Además, las responsabilidades familiares también van creciendo, especialmente si se tienen hijos, ya que que nos vemos absorbidos también por numerosas actividades extraescolares. En el plano laboral y profesional, las cosas no van mejor. Al contrario, hay numerosos empleos en los que la división del tiempo entre lo doméstico y el mundo del trabajo se ha difuminado. La pandemia dio lugar a un acelerón en ese sentido. E, igualmente, se han incrementado los ritmos de trabajo y las exigencias en los mismos.

Hace unos meses, se puso muy de moda, y fue muy difundido, el concepto de "la gran dimisión". Dicho fenómeno aludía a cómo trabajadores y trabajadoras, de sectores cualificados, iban dejando de lado sus actividades para buscar unas vidas más pausadas y plenas. Como decimos, tuvo una gran visibilidad, lo cual daba a entender que casi cualquier trabajador o trabajadora podría tomar dicha decisión, hecho que no era cierto, obviamente. Los reportajes y artículos hacían referencia a no profesionales que estaban en actividades vinculadas a las grandes consultorías, tecnológicas, universidades e investigación, etc. En definitiva, una cuestión muy puntual para personas que podían permitirse el lujo de tomar esas decisiones. La gran mayoría de la sociedad no está en esas circunstancias.

Sin embargo, la velocidad de la vida que llevamos sí que precisa de que hagamos una pausa. No sabemos cómo ni de qué manera, pero no cabe duda de que los tiempos que vivimos son de la inmediatez, del ahora y del todo para ayer. La planificación, en no pocas ocasiones, queda en un segundo plano porque, en el mismo momento, va a surgir una urgencia que vamos a tener que atender. Aunque, como bien sabemos, igual no es para tanto o puede esperar. Las tecnologías han ayudado, sin duda alguna, a que vivamos de esta forma. Llevar un ordenador en el bolsillo nos tiene permanentemente conectados y en una alerta continua. No dejamos de mirar el móvil para ver si hemos recibido un WhatsApp, un correo o nos han dado a "Like" en la red social de turno, sin olvidarnos de seguir las mismas para ver qué imágenes o informaciones cuelgan otras personas. Una locura.

Seguramente, "consejos vendo que para mí no tengo", algo que es muy frecuente desde nuestro ámbito, el académico, en cuestiones como las que no ocupa. Y es que, sin duda alguna, también somos especialistas en estar ocupados a todas horas. No hay duda de que las carreras investigadoras y académicas se han vuelto más duras y complejas, con mayores exigencias, lo que nos lleva también a estar constantemente activos. Como en la mayor parte de los casos, se produce una sensación de no llegar o de estar corriendo en una baldosa.

Hacer una pausa es necesario porque, con estos ritmos, nos vemos abocados a la ansiedad, al estrés y a situaciones que afectan a nuestra salud mental. Vivir a toda velocidad y a la carrera, en todos los sentidos, implica que no podamos disfrutar plenamente de lo que hacemos. Es frecuente decir, "hemos hecho esto, vamos a otra cosa". Y solamente cuando echas la vista atrás, te das cuenta de lo realizado. Sí, se disfruta mucho del camino, pero con los ritmos de vida que llevamos, perdemos muchas veces las perspectivas. Parémonos en ocasiones porque, de lo contrario, nos olvidaremos de cuestiones muy importantes.