Envejecimiento y medio rural

Por EQUIPO AICTS / 8 de noviembre de 2019


El próximo 11 de noviembre de 2019, el Colegio Oficial de Trabajo Social de Castilla - La Mancha celebrará sus IV Jornadas Nuevos Mayores, nuevos retos en la intervención desde el envejecimiento activo. Será en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Castilla - La Mancha en Cuenca y contará con una participación interdisciplinar en la que diferentes especialistas abordarán distintos aspectos sobre la situación del envejecimiento del medio rural, la situación de los servicios a dichas poblaciones, el envejecimiento activo, etc. Dentro de la jornada participarán Laura Ponce de León Romero, profesora de Trabajo Social de la UNED, y Sergio Andrés Cabello, profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja (UR), ambos integrantes de AICTS. La primera es una de las principales especialistas de España en materia de envejecimiento y, especialmente, en la cuestión del envejecimiento activo. El segundo, ha destacado en el análisis de los procesos de despoblación de las zonas del interior peninsular de España, fundamentalmente desde la perspectiva de los Derechos Sociales y del concepto de ciudadanía. Los dos son autores del artículo "Envejecimiento activo en el ámbito rural en España" publicado en el número 7 de la revista EHQUIDAD.

La situación del medio rural en las zonas del interior peninsular llevan décadas inmersas en un proceso de despoblación y envejecimiento de sus habitantes. Los numerosos diagnósticos que se han realizado sobre la cuestión muestran cómo los diferentes éxodos rurales, especialmente el ocurrido tras la Guerra Civil y que duró varias décadas, han transformado la estructura social y generado un desequilibrio territorial que afecta al interior de las provincias y regiones. Mientra que las capitales, las principales ciudades y las cabeceras de comarca acogían a esa población que iba dejando los pueblos en busca de otros proyectos de vida, estas localidades iban quedándose en una situación de desventaja. Es cierto que la despoblación entra en la agenda pública, especialmente en los medios de comunicación, en los últimos años, pero no es menos cierto que las políticas públicas no han conseguido atajarla. Sin embargo, la calidad de vida y de los servicios en los pequeños municipios ha crecido en las dos últimas dos décadas, quedando atrás esa imagen negativa de una España rural abandonada y atrasada. Pero no es menos cierto que queda mucho margen de mejora y que los servicios públicos deben mejorar y, especialmente, garantizar una mejor accesibilidad.

Sin duda alguna, uno de los grandes retos del medio rural es el caso del envejecimiento de su población y las necesidades asociadas a ese proceso. Hay que partir de la base de que nos encontramos con una buena parte de estos municipios en los que su pirámide de población está prácticamente invertida. Es decir, hay más personas mayores que niños y jóvenes. Afortunadamente, como decíamos, las condiciones de vida en el medio rural han mejorado, pero se necesita abordar este proceso con unos servicios públicos que lleguen a la población mayor del medio rural, accediendo a los mismos recursos que en el medio urbano, o al menos garantizando su acceso a través de servicios de proximidad. El envejecimiento activo en el medio rural también tiene que ir destinado a que estas personas puedan permanecer en sus localidades, si sus condiciones vitales lo permiten, ya que es un hecho que el arraigo desempeña un papel determinante. No son pocos los casos de personas mayores del medio rural que tienen que abandonar sus municipios para residir en casas de sus hijos en las ciudades o en residencias. Estos son sólo algunos de los aspectos que aparecen destacados en relación al envejecimiento en el medio rural y que se tratarán en la jornada de Cuencia del próximo 11 de noviembre. 



Las bases de la desigualdad

Por EQUIPO AICTS / 4 de noviembre de 2019


No dejamos en el Blog de AICTS de abordar las cuestiones relacionadas con la desigualdad, y lo hacemos en relación a dos importantes novedades de las últimas semanas. Por un lado, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado el Atlas de distribución de los hogares, una herramienta que permite visualizar la renta disponible tanto a nivel municipal como inframunicipal, por distritos, a partir de los datos de la Agencia Tributaria y de las Diputaciones Forales. Los resultados son impresionantes porque nos muestran los mapas de los municipios españoles y cómo se distribuyen las familias. Los medios de comunicación se han hecho eco de ello y han mostrado esos mapas que muestran las diferencias sociales. No es ninguna novedad, obviamente, partimos de escenarios ya conocidos a partir de otros indicadores, pero el INE ha planteado una herramienta de gran utilidad. Barrios ricos y barrios pobres, barrios emergentes, barrios nuevos y barrios antiguos, procesos de gentrificación, los desplazamientos de la población, el impacto de la inmigración, etc., se plasman en estos mapas. Pero no haríamos bien quedándonos en la "anécdota" y en la visibilidad sino que hay que profundizar en cómo se están articulando las nuevas desigualdades, en parte herederas de las anteriores, pero también fruto de las condiciones de trabajo flexibilizadas. Otros indicadores nos mostrarán estas perspectivas de futuro, complementando los que ofrece el INE.

La segunda novedad en relación a las desigualdades hace referencia, en el caso de España, a las regionales. Nuestro país tiene un importante desequilibrio norte-sur que se refleja en la gran mayoría de los indicadores: Producto Interior Bruto (PIB), salarios, nivel de vida, pobreza y exclusión social, desempleo, etc. Es un hecho que esta desigualdad es todavía más evidente en la división que marca el valle del Ebro, su mitad norte cuenta con mejores indicadores. Madrid quedaría como el centro neurálgico del país, rodeada de un territorio cada vez más periférico en términos de Christophe Guilluy. En este sentido, el Banco de España ha publicado un esclarecedor informe bajo el título Capital humano y desigualdad territorial. El proceso de alfabetización en los municipios españoles desde la Ley Moyano hasta la Guerra Civil. Realizado por Francisco J. Beltrán-Tapia, Alfonso Díez-Minguela, Julio Martínez-Galarraga y Daniel A. Tirado-Fabregat, aborda algunos aspectos que desde la Sociología de la Educación ya estaban presentes a través de trabajos como, por ejemplo, los de Julio Carabaña. Pero este informe es muy ilustrador porque, con la sombra de Pierre Bourdieu presente, pone las bases en el ámbito del capital humano (y social, económico, simbólico y cultural) que se fue dando en ese periodo de tiempo, menos de un siglo. El estudio muestra la acumulación de las desigualdades y cómo las bases de estos procesos se van reproduciendo, generándose escenarios que tienen una complicada solución. 

Entender las desigualdades, de cualquier tipo, implica ser conscientes de sus orígenes y de cómo se reproducen, cómo se da lugar a que unas condiciones de partida, si no se atajan a tiempo, repercutan cada vez de forma más profunda. Es cierto que nuestras sociedades han avanzado muchísimo, que por ejemplo en el caso de la Educación sus logros son incomparables a los de hace menos de medio siglo, pero este informe del Banco de España lleva a la reflexión. Con informes como el del Banco de España, podemos también entender los resultados de las herramientas que nos ofrece el INE. 



Una exclusión social estructural

Por EQUIPO AICTS / 19 de octubre de 2019


EAPN ha publicado su nueva edición del Informe anual de seguimiento del indicador AROPE, que supone la evaluación del grado de cumplimiento de la inclusión social de la Estrategia Europea 2020 en España. Los resultados muestran la situación estructural de la exclusión social y la reproducción de la misma, un escenario que puede intensificarse en un futuro. De esta forma, EAPN alerta que más de doce millones de personas, el 26,1% de la población, se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, indicador AROPE, especificando que si bien se mantiene la tendencia descendente por cuarto año consecutivo, el ritmo de reducción es menor. El 21,5% de la población está en riesgo de pobreza, a la par que ha aumentado levemente el porcentaje de la privación material severa que afecta a un 5,4%. El 55,3% de la población cuenta con algún tipo de dificultad para llegar a final de mes y que un 27,1% lo hace con dificultad o con mucha dificultad. Las personas más pobres continúan en el proceso de empeoramiento de sus condiciones de vida.

Uno de los escenarios más complejos es el relativo a las diferencias regionales. En España, se produce una brecha importante entre norte y sur con amplias diferentes. De esta forma, las Comunidades Autónomas de la mitad norte cuentan con tasas de pobreza más bajas, parte de las mismas no superan el 20%, destacando los casos de País Vasco (12,1%) y Navarra (12,6%), mientras que Cantabria alcanza el 25% y Galicia el 23%. En la mitad sur, sólo Melilla se sitúa por debajo del 30% (24,1%), y en el extremo contrario aparecen Ceuta (49,3%), Extremadura (44,6%), Andalucía (38,2%) e Islas Canarias (36,5%). Estas desigualdades regionales reflejan la cronificación estructural de las diferencias regionales, no reducida en los años de crecimiento económico en España. En cuanto a la comparación con los países de la Unión Europea, España se sitúa en un escenario peor que la media europea, 4,2 puntos por encima y sólo siendo superado por Bulgaria, Rumanía, Grecia, Lituania, Letonia y Estonia. 

De la misma forma, también sigue manteniéndose una mayor vulnerabilidad en la población infantil, las personas con discapacidad y la importancia de la variable género en la situación de la pobreza, afectando en mayor medida a las mujeres por la condición del mercado laboral. También se destaca que procesos como los trabajadores y trabajadoras pobres o personas con estudios superiores estén en situación de pobreza, se mantienen.

Los datos de EAPN son muy alarmantes, aunque no son una novedad, lamentablemente se repiten en cada edición. A pesar del crecimiento económico de estos últimos años, en términos de indicadores macro, y de las leves mejoras en algunos indicadores, se produce una cronificación de la pobreza y exclusión social que sienta las bases para la reproducción de la misma. Hay colectivos que no han conseguido salir de esta situación y otros comienzan a acercarse. El hecho de que más de la mitad de la población tenga dificultades para llegar a final de mes nos muestra un futuro más preocupante. Y, todo ello con un mercado de trabajo que ha intensificado su flexibilidad y precariedad, con unos jóvenes que deben atravesar una larga travesía hasta alcanzar una estabilidad laboral (lo que condiciona sus proyectos sociales), una cualificación cada vez más necesaria pero menos garantista de acceso a un puesto de trabajo (al menos en sus primeras etapas), y un futuro en el que las condiciones de partida van a influir cada vez más, sin olvidar la sombra de una nueva recesión económica que golpeará primero a los grupos sociales más vulnerables. 




Sobre la clase media

Por EQUIPO AICTS / 7 de octubre de 2019


El pasado 29 de septiembre, El País se hacía eco de un estudio sobre la situación de la clase media española. Bajo el titular de "La clase media menguante" y haciendo referencia al deterioro de las condiciones materiales de vida, vinculadas a la situación del empleo, el diario también abordaba un artículo de opinión bajo el título "¿Hay futuro para la clase media?" a cargo de José Moisés Martín. Como decíamos, los datos e indicadores en los que se basaban estos artículos procedían de una publicación de Caixa Bank Research a cargo de Ricard Murillo Gili que también contaba con un titular bastante explítico, "¿Quién es la clase media?".

En su conjunto, el escenario que se presentaba de la clase media era la de un decenso de sus condiciones materiales, como hemos indicado, ya que uno de cada cinco personas que se consideran de clase media en España tienen dificultades para llegar a final de mes. Los diferentes indicadores vinculados a los gastos en el hogar, los imprevistos, los niveles de ingresos, etc., han venido sufriendo importantes transformaciones desde que comenzó el cambio de sistema que supuso la crisis de 2008. Sin duda alguna, este punto de inflexión destapó buena parte de las contradicciones de la clase media. La clase media era un estadio al que llegar, una posición marcada no tanto por el nivel económico, que también, como por el estatus, a través de variables como el nivel de estudios y, especialmente en las dos últimas décadas, por el nivel de consumo. El Estado de Bienestar y las democracias occidentales se habían visto legitimadas por este grupo social que, al principio, era mucho más homogéneo (cuadros intermedios, profesiones liberales, etc.) para acabar siendo un constructo heterogéneo y diverso. Tampoco hay que olvidar el peso de la dimensión subjetiva en la autocaterogización de las personas. La clase media, aspiracional y lugar de llegada para la mayoría de las personas procedentes de la clase obrera, tampoco tuvo nunca un claro perfil ideológico. Por una parte, sus valores económicos podían catalogarse de conservadores, incluso podrían tener un peso neoliberal por momentos en tanto en cuanto a ella se han dirigido en gran medida las propuestas de reducción de impuestos. Esta es una cuestión paradójica ya que, muchas de las personas que alcanzaron la clase media, no lo podrían haber logrado de no ser por las transferencias sociales del Estado de Bienestar, con la Educación a la cabeza, derivadas precisamente de los impuestos. En el lado cultural, sus valores se identificaban con la izquierda, asumiendo muchos de sus postulados en esa dirección. Esas contradicciones habían quedado difuminadas durante décadas hasta que, con la crisis de 2008, saltaron.

Diferentes postulados han visto a la clase media como un medio para acabar con los movimientos obreros y la clase trabajadores, hecho que se produciría a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, evitando así que en países de la Europa Occidental pudiesen tener más peso partidos comunistas. También se ha criticado el hecho de ser un constructo indefinido y heterogéneo, cuestionándose incluso su existencia. Sin embargo, la clase media ha sido uno de los conceptos centrales que han marcado la estructura social de casi el último siglo. Y, a la vez, como hemos indicado, la clase media ha reflejado muchas de las contradicciones de las estructuras sociales occidentales de la posmodernidad. Seguramente, como ya se indicó en un artículo publicado en EHQUIDAD, la clase media cometió el gran error de olvidar sus orígenes, su procedencia de la clase obrera. La clase media se confió, o se dejó llevar, hasta el punto de haberse quedado desprovista de asideros, especialmente con una transformación del mercado de trabajo que está cambiando todo, así como con el adelgazamiento de un Estado de Bienestar sin el cual no se entendería la clase media. Si hace unos años Esteban Hernández ya advertía en El fin de la clase media (Clave Intelectual, 2014), uno de los libros de la temporada ha sido No Society. El fin de la clase media occidental (Taurus, 2019), de Christophe Guilluy, un ensayo en el que advierte la deriva de parte de este grupo social hacia posiciones más populistas, una vez que el sistema ha quedado deslegitimado para ellos. En definitiva, un escenario complejo el de la clase media que, de continuar con las tendencias actuales, seguirá con una tendencia descendente.




De "riders" y la evolución de la economía y del mercado de trabajo

Por EQUIPO AICTS / 22 de septiembre de 2019


Hasta hace unos pocos años, muy pocos, las calles de nuestras ciudades no contaban con la presencia de personas en bici que, cargando con una voluminosa mochila verde, hacían repartos a domicilio sorteando el tráfico y poniendo en juego su vida. Primero fueron las grandes ciudades, allí comenzaban a crecer las bicicletas de reparto de comida a domicilio a través de compañías como Glovo, Deliveroo, etc. Pero, en los últimos meses, ya son todas las ciudades medias en las que la presencia de los llamados "riders" es una realidad y una constante. Ya forman parte del paisaje como antes lo hicieron los repartidores de pizzas. Pero hay muchos cambios.

Como todo lo que rodea a las transformaciones que estamos viviendo en la última década, los cambios vienen de forma acelerada, incluso por momentos de forma repentina, pero las bases están sentadas. La "uberización" del mercado de trabajo es un hecho que se vincula con la "economía del contenedor", el peso de las TICs (no siendo estas responsables, obviamente) y la aceleración de una serie de valores individualistas y consumistas. Estas plataformas implican unos trabajadores y trabajadoras que tienen que ser autónomos y que cuentan con una elevada desprotección de sus derechos laborales, además de tener que poner sus medios (vehículos por ejemplo, hecho que ya se observa en otros sectores como los transportistas). El caso de los "riders" todavía incide más allá en este proceso ya que supone la satisfacción no ya tanto de una necesidad sino de un deseo en un momento puntual.

Obviamente, los defensores de este modelo suelen remarcar sus supuestas bondades como la flexibilidad en todos los sentidos, o la complementariedad de ingresos a través de estos servicios. Uno no tiene que ser conductor de Uber a tiempo completo, por ejemplo. Y, en el caso de los "riders", se traslada el mensaje de que es una opción para jóvenes y estudiantes de sacarse un ingreso extra. Aunque, cuando ya llega el momento de la estupefacción total es cuando se califica a estos trabajadores y trabajadoras como emprendedores, dentro del lenguaje del momento. Pero, en realidad estamos ante nuevos modelos de precarización que encubre a trabajadores y trabajadoras por cuenta ajena como autónomos. Recientemente, un informe de UGT alertaba del ahorro de decenas de millones de euros en salarios a través de estas plataformas. Igualmente, compleja es la relación desde el punto de vista de la legislación laboral, los derechos y la vinculación con la plataforma "empleadora", siendo señalada por algunas fuentes como una repetición de lo ocurrido en la década de los noventa con los repartidores de comida, pero intensificado.

Detrás de estos análisis y debates están unas personas que asumen unas condiciones laborales indignas, el señalado informe de UGT El trabajo en las plataformas digitales de reparto indica que "tienen una media de ingresos al mes que suponen tan solo el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), una media de gastos de 450 euros y una media de horas semanales que superan las 40", y que necesitan estos empleos para sobrevivir. La situación de sus derechos laborales y sus condiciones, los riesgos que asumen, etc., han generado ya situaciones como fallecimientos por atropellos, accidentes, etc., así como la situación generada en la reciente "Gota Fría" en el Levante español donde, bajo una torrencial lluvia, repartidores cumplían con las demandas de un consumidor carente de empatía. Y, de fondo, y vinculado a las plataformas, el peso del seguimiento, la medición, los datos, y los algoritmos...Todo ello opera de nuevo en la desigualdad social, la reproduce, y la profundiza al contar con una menor protección laboral. 

Y es que esas infames imágenes son ilustrativas de los cambios de valores que hemos venido señalando. Somos responsables también de estos procesos, no podemos mirar hacia otro lado. Existe una demanda que provoca que los "riders", así como el resto de las plataformas, existan. Que una persona sea capaz de llamar a "rider" para que, en plena alerta por lluvias torrenciales que están causando muertos, un repartidor en bicicleta le lleve un bocadillo, un plato, lo que sea, dice mucho del tipo de sociedad que somos. Ya lo decía una de las protagonistas de la distópica (pero menos) serie Years and Years, cuando permitimos que desapareciesen las cajeras de los supermercados con la automatización, algo comenzamos a romper en nuestras sociedades. El cortometraje ¡Hola, buenas noches! de Pau Rodilla, estrenado en 2018, ilustra muy bien esta situación. No sabemos si estamos a tiempo de subvertir esta situación. 




Vuelta al cole y otras desigualdades en Educación

Por EQUIPO AICTS / 02 de septiembre de 2019


Finales de agosto y comienzos de septiembre, regresa una de esas cuestiones que no puede faltar en estas semanas en los medios de comunicación: la vuelta al cole. La vuelta de los estudiantes al colegio es un momento de tensión en las familias, y de un importante coste. Libros, material escolar, chándals y ropa deportiva, uniforme en el caso de contar con el mismo en el centro, ropa..., a lo que hay que sumar otra serie de gastos que se retoman en septiembre como el comedor escolar, el transporte, las actividades extraescolares. La varía en función de una serie de variables, situándose en un coste medio de casi 372 euros por niño según señala el informe II Estudio sobre la 'vuelta al cole' elaborado por iAhorro. El mismo trabajo señala que, en 2019, se produce un incremento del 1,22% con respecto al año pasado e incide en las desigualdades regionales (la Comunidad Valenciana sería la más cara y Extremadura la más barata), así como entre los centros públicos y privados.

El impacto en las economías familiares, precarizadas en buena medida, es uno de los indicadores en los que pueden observarse las desigualdades derivadas de costes indirectos en la Educación que, a lo largo del año, implica un importante gasto familiar. Si en España la Educación es gratuita en sus etapas obligatorias, de 6 a 16 años, y en el segundo ciclo de Educación Infantl, lo que reflejaría su universalidad y gratuidad en ese periodo, las desigualdades operan en diferentes líneas y se han incrementado desde la crisis de 2008, junto con el gasto familiar de las familias en Educación, tanto en costes directos como en indirectos. A lo largo del curso escolar, estos gastos también se reflejan en las actividades complementarias que realiza el centro y que están incluidas en el proyecto educativo, en las programaciones, etc; en el ya señalado acceso a recursos y materiales; y en las actividades extraescolares que, si bien no forman parte del currículum escolar, suponen un capital añadido, y entre las cuales podrían añadirse las clases de apoyo y refuerzo (en el caso de familias sin suficientes recursos, estas vienen a través de programas como el PROA, o mediante la labor de las entidades del Tercer Sector).

De esta forma, el comienzo del curso debe servir de nuevo para mirar hacia este escenario, que contribuye decisivamente a la generación y reproducción de desigualdades sociales. Las herramientas de las políticas públicas tienen un efecto limitado y, a pesar de la recuperación presupuestaria en el ámbito educativo, determinadas transferencias sociales no han regresado a los niveles anteriores a la crisis. Ya se ha indicado que el gasto en Educación en las familias, costes directos (matrículas universitarias especialmente) e indirectos, es uno de los grupos que más ha aumentado en la última década. Además, una vez finalizado el verano, no hay que olvidar que durante el mismo también se observan escenarios similares de reproducción de las desigualdades. Por ejemplo, desde los centros se recomiendan, o directamente se mandan, numerosas actividades de apoyo y refuerzo que implican un coste en libros y materiales; o hay estudiantes que necesitan ir a clases de refuerzo y que no pueden acceder a ellas por su coste. Son, de nuevo, gastos indirectos que tienen un impacto directo.

La Educación es un pilar básico de las políticas sociales y del Estado de Bienestar, ha sido una de las herramientas clave para la reducción de las desigualdades y para la movilidad social. La crisis sistémica que comenzó en 2008 y la transformación estructurales, del mercado de trabajo y de las condiciones de empleo han generado un escenario en el que la Educación tiene muchísimas más dificultades para cumplir esas funciones. En ocasiones, las desigualdades actúan de forma directa (capacidad de elección de centro, gasto educativo), pero en no pocas ocasiones lo hace de forma sutil. Hay que insistir en esta situación ya que, posteriormente, cuando se busquen causas de reproducción de las desigualdades, algunas estarán en la misma. 





Open Arms

Por EQUIPO AICTS / 22 de agosto de 2019


Durante las últimas semanas nos hemos vistos inmersos en la polémica generada por la situación del barco Open Arms, perteneciente a la ONG del mismo nombre y que se dedica a recoger naúfragos y embarcaciones a la deriva en el Mediterráneo. El pasado 21 de agosto llegó al puerto de Lampedusa (Italia), donde desembarcaron las personas que quedaban en el barco para, en los próximos días, ser trasladados a España. La crisis del Open Arms ha mostrado a las claras la situación de las políticas migratorias de la Unión Europea y de sus Estados miembros. La frontera sur de Europa es uno de los lugares más complejos en las redes de inmigración del mundo. Miles de personas se juegan su vida, y la pierden en el mar, para lograr un mejor proyecto de vida y unas expectivas de futuro que en sus países se ven frustradas por la pobreza, los conflictos bélicos o los desastres naturales. Siria, Libia, la situación de no pocos países subsaharianos, son escenarios que sólo tienen una opción: la salida.

Europa, la misma Europa que alumbró la democracia, que fue clave en el desarrollo de los Derechos Humanos, cierra los ojos ante una realidad que nos sacude cotidianamente. No han pasado ni cuatro años de aquella imagen del pequeño niño Aylan de tres años ahogado en una playa de Turquía. Se dijo entonces que cambiaría la situación, que se levantarían conciencias, que las políticas se flexibilizarían...no, no pasó. Ha pasado poco más de un año de otra crisis de características similares a la actual, la del Aquariusresuelta de forma presta por el recién estrenado en ese momento ejecutivo de Pedro Sánchez. También se puso el foco en el Mediterráneo, en la política italiana con Salvini a la cabeza, y en la necesidad de buscar soluciones...no, no pasó nada. Y, de cara a la concienciación, tampoco hay que dejar de señalar el Salvados de Jordi Évole en septiembre de 2016, Astral, estremecedor e imprescindible documental que dejaba sin palabras, sólo con las miradas de las personas que iban a bordo.

No cabe duda que gestionar esta situación es muy complejo. No cabe duda que hay lugares muy sensibles como Ceuta, Melilla, las costas de Andalucía, Lampedusa, islas de Grecia, etc. Es necesaria una política común en la Unión Europea que tenga en cuenta la situación de estas zonas y de los países del sur. Como hemos señalado en otros artículos, los inmigrantes, desplazados, refugiados, etc., son personas que se han visto abocadas a dejar sus países, sus raíces, sus familias. No contar con empatía nos lleva a preguntarnos el tipo de sociedades que hemos conformado. Que políticos como Salvini, algunas actitudes contra la inmigración en los llamados países de Visegrado, el crecimiento del nacionalpopulismo de extrema derecha, sean protagonistas principales es un muy mal indicador. Inmigrantes y desplazamientos siempre se han producido, y más que pueden darse con las tendencias presentes. Que suponen retos para las sociedades receptoras, también, pero nuestra mirada tiene que ir más allá porque, en definitiva, estamos hablando de vidas humanas. 




"Estos empleos no son para ti" y el cierre de clase 

Por EQUIPO AICTS / 29 de julio de 2019


En la anterior entrada del Blog de AICTS establecíamos una relación la movilidad social y la educación superior y cómo se había transformado este binomio, especialmente en la última década. Vinculada a esta cuestión, no está de mása ahondar en ciertos cambios que están operando de forma acelerada igualmente y que afectan a ciertas profesiones y empleos, su acceso y las personas que pueden llegar a las mismas, vinculado a la clase social de procedencia y pertenencia. Hace apenas un mes, Esteban Hernández presentaba la cuestión en El Confidencial con el artículo "El efecto llamada: por qué te contratan y cómo te ascienden en los buenos trabajos", haciendo referencia a un estudio británico sobre la cuestión que incidía en un aspecto que ya se había reflejado hace unos años en relación al acceso a la profesión de actor. También Owen Jones, entre otros, había alertado sobre la cuestión en su libro El establishment: la casta al desnudo (Seix Barral, 2015).

El escenario es muy relevante porque incide en varios puntos definitorios de la sociedad occidental, del Estado de Bienestar, de las políticas públicas y de la movilidad social y vuelve a poner el énfasis en los orígenes de clase y estatus social. Esto no es una novedad, y funcionó durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX de forma más sutil, pero con la crisis sistémica de 2008 ha pasado a hacerlo de forma más directa. Si autores como Pierre Bourdieu, con sus limitaciones, se especializaron en la primera parte de la cuestión, el siglo XXI nos está trasladando a un escenario pretérito. El acceso a determinadas formaciones y profesiones va a estar centrada en aquellas clases sociales que tengan recursos para abordar su formación y el largo y precario camino hacia la estabilidad laboral. Afecta a todo lo relacionado con el Arte y las profesiones creativas, que precisan una formación en tiempo y lugar muy determinadas, hay que trasladarse a vivir a grandes ciudades donde se desarrolla la acción, pero no sólo eso, también a buena parte de las antiguas "profesiones liberales", y el periodismo y la Universidad son dos muestras de ello.

El mundo de la Universidad seguramente sea uno de los más desconocidos en ese sentido, pero de los más explícitos. La Universidad, con todo su aura de conocimiento y saber, de vanguardia de la sociedad, así como su significado para la movilidad social por el acceso de las clases trabajadoras y medias a la misma, ha sufrido una transformación sin precedentes en la carrera académica, docente e investigadora. Ser integrante de la Universidad es una larga carrera de obstáculos que precisa de un capital económico, simbólico y cultural, especialmente el primero. Para ello, una persona tiene que asumir que va a pasar años haciendo sus currículum y eso significa precariedad y altos costes para construir una carrera que te permita la opción, no te lo asegura, de entrar en la Academia. Publicación de artículos, estancias en centros extranjeros, etc., son necesarios para llegar a la misma, así como la importancia de contar con una serie de redes. 

Pero no es sólo la Universidad, al contrario, ocurre en casi todo. Y esto nos lleva de nuevo al "engaño" de la meritocracia y al cambio de reglas del juego. No, no queremos ser pesimistas ni pintarlo todo negativo, pero la realidad es esta. Nos cuentan que es factible, que se puede conseguir, pero cada vez somos más conscientes que en la gran mayoría de los casos es una quimera. Nuestras generaciones, las que se vieron inmersas en el Estado del Bienestar y en la movilidad social que propició fueron afortunadas. Muchos y muchas "outsiders" se colaron en determinados lugares y espacios que "no les correspondían" pero ese tiempo ya ha pasado. Puede haber excepciones, seguro que sí, pero en general las excepciones son reducidas. Y todo se complejiza, observemos la situación de la vivienda, no sólo en las grandes ciudades, la precariedad del empleo, su flexibilización, etc. Actores y actrices, cantantes, profesores y profesoras de Universidad, periodistas, escritores y escritoras, etc...van en esa dirección, y todo es susceptible de empeorar. 






Universidad, movilidad y cierre social 

Por EQUIPO AICTS / 15 de julio de 2019


Hace unas pocas décadas, acceder a estudios superiores, universitarios, era un lujo al alcance de muy pocas familias. La estructura social marcaba claramente los caminos y vías que debían llevar las diferentes clases sociales. Obviamente, había fallas en el sistema, resquicios por los que se colaban algunas personas procedentes de las clases agrarias, obreras, etc. Muchas de ellas estaban vinculadas a los seminarios, otras a la caridad y a la beneficiencia. Pero, no nos engañemos, eran las menos, eran casos excepcionales que estuvieron en el lugar y el momento adecuado y pudieron desarrollar su talento y capacidades. Posteriormente, a medida que la sociedad iba avanzando y las necesidades básicas comenzaron a estar cubiertas, la llegada a la Universidad comenzó a ser percibida como el verdadero mecanismos de movilidad social. La aspiración de conversión en clases medias no estaba únicamente asociada a una cuestión de nivel de renta sino que también a otra de estatus y, de acuerdo, acceder a ciertos bienes de consumo servía para dar el salto a la clase media pero contar con estudios universitarios implicaba un cambio cualitativo. Muchas familias españolas de origen humilde apostaron por la Educación y la Universidad para sus hijos, las hijas tardarían un poco más, como ascensor social. El binomio mayor educación - acceso a mejores puestos de trabajo se cumplía.

La llegada a España del Estado de Bienestar y su consolidación, especialmente en la década de los ochenta del siglo XX, tuvo como uno de sus pilares la universalidad y gratuidad de la Educación obligatoria, así como los sistemas de becas para el acceso a la Universidad. De esta forma, más personas procedientes de las clases trabajadoras y de las clases medias consiguieron llegar a contar con estudios universitarios, aunque no eran mayoría, ni mucho menos. Es en ese periodo cuando la mujer comienza a incorporarse de forma más destacada a la Universidad española, superando en las décadas siguientes a los hombres. Para la mujer, contar con estudios universitarios era una oportunidad de romper con los roles sexuales. De esta forma, llegar a la Universidad ya no era exclusivo de familias de altos ingresos, aunque insistimos en que no todo el mundo estudiaba en la Universidad, al contrario. 

Sin embargo, antes de la crisis sistémica de 2008 ya había indicios de que el nivel de cualificación como medio de movilidad social se estaba rompiendo, o al menos averiando. El denominado "milerurismo" de comienzos del siglo XXI, la sobrecualifacación de parte de los/as universitarios en el acceso al empleo y el tiempo de espera para alcanzar un trabajo de la formación cursada comenzaban a ser empleadas para cuestionar la llegada de "tanta gente" a la Universidad. No eran infrecuentes comentarios socialmente presentes como que "no todo el mundo tiene que estudiar", "hay muchas universidades", "estudiar ciertas carreras no sirve para nada"...Algunos de estos mantras no sólo se han mantenido sino que se han intensificado, aunque otros mecanismos más directos los han sustituido.

La crisis de 2008 ha supuesto una transformación de la estructura social y de sus dinámicas, entre ellas la movilidad social, que en no pocas ocasiones ha sido descendente. El nivel de estudios ha dejado de funcionar como un prescriptor para acceder a mejores puestos de trabajo. Los empleos son más precarios y aumentan los pertenencientes al sector terciario no cualificado por lo que la sobrecualificación aumenta. Entramos en fases de procrastinación que deslegitiman a un sistema que prometía la movilidad social a través de la Educación. Este hecho se ha complejizado y se retornan a escenarios pasados en los que el acceso a la Educación sueperior vuelve a estar marcado por el origen socioeconómico. Tener un grado no es suficiente, hace falta un máster que muchísima gente no puede pagarse. Y, si esa barrera se pasa, habrá otras líneas que cruzar, desde el doctorado hasta otras más sutiles vinculadas a los costes indirectos y a la formación complementaria, esa que en la mayor parte de las ocasiones, y en esos niveles, solo puede darla el origen familiar.

Eldiario.es ha publicado en los últimos días unos datos que, no por desconocidos, no dejan de incidir en esa dirección. Según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, el precio de la matrícula universitaria se ha incrementado desde la primera de 2012 un 29,2% de media en el conjunto de España, cuando los salarios han crecido un 2,5%. El dato es abrumador y supone un claro cierre de muchos colectivos para acceder a la Universidad, cuando no implica un elevado sacrificio personal y familiar. Además, el incremento de las segundas, terceras, cuartas matrículas, también es sobresaliente y genrea un escenario más innacesible. Muchos/as estudiantes cuentan con la presión extra de no poder "permitirse" un suspenso porque no cuentan con recursos para pagar esa matrícula. De esta forma, la universidad pública también ha visto descender el número de matriculaciones y el abandono de estudiantes que no han podido afrontar las tasas.

A pesar de la recuperación económica, muy pocas regiones han comenzado a bajar los precios de las tasas universitarias. Además, también hay importantes desigualdades regionales en los precios. Son datos que reflejan procesos que nos muestran cómo la movilidad social ascendente se ha detenido y cómo el valor de la Educación ha cambiado. Ha ocurrido especialmente en la última década pero ya había indicios al menos desde una década antes. Estamos dejando a muchas generaciones en el camino, personas y grupos que van a desconfiar del sistema que no ha respondido a las expectativas generadas y transmitidas. Esperemos que no estemos ante un camino sin retorno, pero no lo tenemos claro.  


La cronificación de la pobreza y la desigualdad, algunas reflexiones sobre el Informe FOESSA 2019 

Por EQUIPO AICTS / 24 de junio de 2019


La Fundación FOESSA de Cáritas ha publicado su VIII Informe FOESSA. Sobre exclusión y desarrollo social en España. Sin duda alguna, nos encontramos con una de las herramientas más importantes para analizar el estado de la situación social de nuestro país, especialmente en un contexto convulso y dicotómico aunque actúa de forma muy sutil en ocasiones y, en otras, lo hace de forma muy directa. El equipo de FOESSA, coordinado por Guillermo Fernández, ha radiografiado la sociedad española que desde 2008 vive inmersa en un cambio de contexto sin precendentes en las últimas décadas. Lo ocurrido a partir de 2008 no fue una crisis puntual, no fue una crisis cíclica, fue una transformación de nuestras sociedades con una cronificación de la desigualdad, con una mayor importancia de las condiciones de partida de las personas y familias, y con un descenso de las transferencias sociales derivadas de un Estado de Bienestar adelgazado. 

Con una extensa muestra que abarca 29.000 personas y 11.600 hogares en toda España, el informe FOESSA de 2019 muestra una mejora de la situación con respecto a 2013 pero alejada todavía de la de 2007. Y es que en España hay 8,5 millones de personas en situación de exclusión social, el 18,4% de la población, que muestran no sólo que la movilidad social se ha estancado sino que incluso para no pocas personas y colectivos ha tomado un camino descendente. De esos 8,5 millones, 4,1 estarían en situación de exclusión social severa, un escenario todavía mucho más complejo con viviendas inseguras e inadecuadas, desempleo, precariedad laboral y una inexistencia en las agendas de los partidos políticos. Y 1,8 millones alcanzan la calificación de expulsados, con tales dificultades y de una magnitud tan elevada que precisan una interevención urgente. Todas estas cifras son claramente superiores a las que aparecían en 2007.

En el lado contrario, y con respecto a la denominada en el estudio la Gran Recesión, como es al aumento al 48,4% de la población de personas que no tienen dificultades para su supervivencia y pueden llevar una vida digna. Pero el informe señala dentro de este colectivo dos grupos, uno que señalan como "sociedad de las oportunidades" y, otro, que es es la "sociedad insegura", con seis millones de personas, que se encontrarían en el "filo de la navaja" y que son el estadio previo de la exclusión social. El riesgo de que su sustento económico pueda desaparecer ante una nueva vuelta de tuerca de la crisis daría lugar a graves problemas de supervivencia.

El informe también destaca el descenso de la solidaridad intergrupos y la fatiga de las redes de apoyo, muy tocadas por el impacto de los peores momentos de los comienzos de la crisis. También se presentan riesgos en nuestra democracia en términos de pérdida de calidad, la situación de las políticas públicas y la reconfiguración de las desigualdades territoriales, que cada vez se deriva más hacia el eje sur-mediterráneo.

En definitiva, un informe necesario, extenso y completo que nos muestra el escenario de la desigualdad y la exclusión social en España. Datos muy precupantes que conviene estudiar en profundidad porque aparecen las raíces de las futuras desigualdades, de su cronificación y de una sociedad en la que cada vez es más determinante el origen socioeconómico con un Estado de Bienestar y unas políticas sociales reducidas. Nos queda también hacer constancia del presentismo y del individualismo, una sociedad en la que los valores de la solidaridad social están en retirada para no pocos grupos, una sociedad en la que son los grupos más vulnerables los culpabilizados y los estigmatizados por su situación. Una sociedad en la que no se están encontrando soluciones a la precarización del empleo y en el que los partidos políticos parecen mirar hacia otro lado ante la exclusión social. 

El reto del aumento de la esperanza de vida y del envejecimiento de las sociedades 

Por EQUIPO AICTS / 03 de junio de 2019


Hace unas semanas, en la Fundación Ramón Areces celebraba en Madrid el encuentro Nobel Prize Dialogue para analizar las consecuencias del aumento de la esperanza de vida y del envejecimiento de la población. En el mismo participaban diversos Premios Nobel e intelectuales como Mario Vargas Llosa, Nicholas Carr, Edmund Phelps, Luis Alberto de Cuenca, entre otros, abordaron esos escenarios que se están dibujando en relación al envejecimiento de la población en nuestras sociedades occidentales especialmente. Es uno de los grandes retos de nuestro tiempo, de eso no cabe duda, y es preciso insistir en qué acciones van a tomar las sociedades para afrontarlo. El aumento de la esperanza de la vida y la heterogeneidad en las formas de vivir la vejez han transformado nuestra visión de esa etapa de la vida. Además, no sólo se vive más, se vive con más calidad, sino que también la estructura demográfica está invirtiendo la pirámide de población debido al descenso de la Natalidad.

En primer lugar, y como hemos venido indicando en otras ocasiones, el envejecimiento de la población supone un reto en tanto en cuanto no podemos hablar de una etapa en la que las personas que acceden a ella no tengan nada que aportar a la sociedad. Al contrario, hay que incidir en el papel que desempeña este colectivo, heterogéneo por otra parte como se ha señalado. Este hecho no implica que no se reconozcan los derechos vinculados a la jubilación y que haya que contemplar de forma escéptica propuestas que hablan de aumentar la edad de jubilación. Las mismas suelen venir determinadas por otros condicionantes, vinculados a visiones neoliberales de la sociedad y del mundo. Además, no todas las personas llegan en las mismas situaciones a la edad de jubilación.

En segundo lugar, cabe destacar el impacto en la Estructura Social en un contexto en el que la Natalidad está descendiendo y en algunos países, por ejemplo España, no alcanza para cubrir la tasa de reemplazo. No se puede mirar hacia otro lado, esta es una realidad compleja que está ahí, pero pueden encontrarse soluciones. Además del papel que desempeñan las personas mayores, no cabe duda que uno de los medios para mitigar este proceso es la inmigración. Pero hay más riesgos que pueden incidir en este factor, uno de ellos es la robotización del empleo. Nos encontramos ante un cambio de escenario muy acelerado que está teniendo un impacto directo, junto con la "uberización" del mismo, en el empleo. Nuevas condiciones de vida, viejas y nuevas desigualdades sociales. De esta forma, trabajadores y trabajadoras cada vez más precarios, tendrán menos posibilidades de contribuir al conjunto de la sociedad vía cotizaciones e impuestos. Y lo mismo ocurre con las empresas. Y este es sin duda uno de los principales escenarios de riesgo que encontramos.

En definitiva, aumento de esperanza de vida, diversidad de formas de vivir esa etapa de la vida, envejecimiento de la población y nuevos escenarios sociales y en el empleo se interrelacionan, y será en las próximas décadas cuando veamos sus consecuencias. Queda tiempo, poco, para abordarlos de las mejores maneras posibles.

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