Una exclusión social estructural

Por EQUIPO AICTS / 19 de octubre de 2019


EAPN ha publicado su nueva edición del Informe anual de seguimiento del indicador AROPE, que supone la evaluación del grado de cumplimiento de la inclusión social de la Estrategia Europea 2020 en España. Los resultados muestran la situación estructural de la exclusión social y la reproducción de la misma, un escenario que puede intensificarse en un futuro. De esta forma, EAPN alerta que más de doce millones de personas, el 26,1% de la población, se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, indicador AROPE, especificando que si bien se mantiene la tendencia descendente por cuarto año consecutivo, el ritmo de reducción es menor. El 21,5% de la población está en riesgo de pobreza, a la par que ha aumentado levemente el porcentaje de la privación material severa que afecta a un 5,4%. El 55,3% de la población cuenta con algún tipo de dificultad para llegar a final de mes y que un 27,1% lo hace con dificultad o con mucha dificultad. Las personas más pobres continúan en el proceso de empeoramiento de sus condiciones de vida.

Uno de los escenarios más complejos es el relativo a las diferencias regionales. En España, se produce una brecha importante entre norte y sur con amplias diferentes. De esta forma, las Comunidades Autónomas de la mitad norte cuentan con tasas de pobreza más bajas, parte de las mismas no superan el 20%, destacando los casos de País Vasco (12,1%) y Navarra (12,6%), mientras que Cantabria alcanza el 25% y Galicia el 23%. En la mitad sur, sólo Melilla se sitúa por debajo del 30% (24,1%), y en el extremo contrario aparecen Ceuta (49,3%), Extremadura (44,6%), Andalucía (38,2%) e Islas Canarias (36,5%). Estas desigualdades regionales reflejan la cronificación estructural de las diferencias regionales, no reducida en los años de crecimiento económico en España. En cuanto a la comparación con los países de la Unión Europea, España se sitúa en un escenario peor que la media europea, 4,2 puntos por encima y sólo siendo superado por Bulgaria, Rumanía, Grecia, Lituania, Letonia y Estonia. 

De la misma forma, también sigue manteniéndose una mayor vulnerabilidad en la población infantil, las personas con discapacidad y la importancia de la variable género en la situación de la pobreza, afectando en mayor medida a las mujeres por la condición del mercado laboral. También se destaca que procesos como los trabajadores y trabajadoras pobres o personas con estudios superiores estén en situación de pobreza, se mantienen.

Los datos de EAPN son muy alarmantes, aunque no son una novedad, lamentablemente se repiten en cada edición. A pesar del crecimiento económico de estos últimos años, en términos de indicadores macro, y de las leves mejoras en algunos indicadores, se produce una cronificación de la pobreza y exclusión social que sienta las bases para la reproducción de la misma. Hay colectivos que no han conseguido salir de esta situación y otros comienzan a acercarse. El hecho de que más de la mitad de la población tenga dificultades para llegar a final de mes nos muestra un futuro más preocupante. Y, todo ello con un mercado de trabajo que ha intensificado su flexibilidad y precariedad, con unos jóvenes que deben atravesar una larga travesía hasta alcanzar una estabilidad laboral (lo que condiciona sus proyectos sociales), una cualificación cada vez más necesaria pero menos garantista de acceso a un puesto de trabajo (al menos en sus primeras etapas), y un futuro en el que las condiciones de partida van a influir cada vez más, sin olvidar la sombra de una nueva recesión económica que golpeará primero a los grupos sociales más vulnerables. 




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