Sobre la cohesión social y el impacto de la pandemia Covid-19

Por EQUIPO AICTS / 27 de abril de 2020


A lo largo de las entradas que viene escribiendo el equipo de AICTS en este blog, dedicadas estas semanas y meses al impacto de la pandemia Covid-19 en varias dimensiones, se dan una serie de ideas transversales. Una de ellas no cabe duda que es la cohesión social, como un elemento vector y determinante en la respuesta a las consecuencias del virus. La cohesión social siempre ha sido un concepto fundamental para entender el papel de las políticas públicas y, en la medida que estas han ido en una dirección y otra, han tenido un impacto en dicha cohesión social. La cohesión social nos retrata comos sociedades en el sentido de cómo somos corresponsables los unos de los otros, cómo se articulan los mecanismos para que el conjunto de ciudadanos y ciudadanas se sientan integrantes de una sociedad. Si esa cohesión no se da, el sistema está en riesgo y la conflictividad social aumentaría. Obviamente, la cohesión social va ligada a la igualdad de oportunidades, a la equidad y a la reducción de las desigualdades.

Este hecho lo tuvieron muy claro los definidores de las políticas del Estado de Bienestar. Una sociedad que se base en la desigualdad y en la injusticia, nunca podrá estar cohesionada. T.H. Marshall fue más y lo relacionó con el concepto de ciudadanía y los Derechos Sociales. Y es que, sin estar cubiertas las mínimas condiciones vitales, sería imposible disfrutar de Derechos Civiles y Políticos. Este hecho lo vemos en la actualidad cuando se analiza el voto en función del barrio de residencia y se observa cómo la abstención es mucho mayor en los barrios desfavorecidos.

La cohesión social se basa en una corresponsabilidad. Y esa corresponsabilidad no solo tiene una vinculación con la empatía, sino que se manifiesta en un sistema impositivo. Cuando se pagan impuestos, se financian las políticas públicas que tienen que ir encaminadas a esa cohesión social. Lo estamos viendo estas semanas con las consecuencias de la reducciones presupuestarias en el ámbito sanitario. Por lo tanto, cohesión social no es caridad ni asistencialismo, cohesión social es corresponsabilidad. 

Sin embargo, las últimas dos décadas han tenido unas consecuencias negativas en la cohesión social. Los valores que han impregnado nuestras sociedades con la evolución de un capitalismo neoliberal y globalizado se han basado en el consumismo y el individualismo. Poco espacio queda ahí para la cohesión social. De hecho, una de las tensiones más evidentes se ha manifestado en cómo diferentes grupos sociales, especialmente parte de los que se convirtieron en clases medias gracias a las medidas del Estado de Bienestar, gracias a las políticas públicas basadas en la cohesión social y la corresponsabilidad, reclamaban pagar menos impuestos, junto a clases más altas. Sin embargo, no son pocas las voces que ya hace años que alertaban de la deriva que llevaba el sistema y de cómo podía afectar a su supervivencia, con graves riesgos de aumentar la conflictividad. Lo manifestaron gente tan poco sospechosa como Warren Buffett o, en España, Antonio Garrigues Walker. 

La crisis sistémica de 2008 fue un duro golpe para la cohesión social. En nuestras sociedades, se produjo un aumento de la desigualdad y de la precariedad. Buena parte de los ciudadanos y ciudadanas no se vieron respaldados por un sistema que, en cierto sentido, "les dejó de lado". Fue un punto de inflexión determinante que explica una cierta deslegitimación del sistema que ha sido aprovechada por grupos populistas para crecer. Sin embargo, el error vino desde dentro, de las medidas que se tomaron que, en parte, supusieron un sacrificio de parte de la sociedad.

Las consecuencias económicas de la pandemia Covid-19 tendrán un impacto muy negativo en las condiciones de vida de la gran mayoría de la sociedad, aunque son las personas que ya estaban en desventaja las que sufrirán en gran medida el golpe. Lo estamos viendo ya, aumentan las colas en las entidades del Tercer Sector para solicitar alimentos. Si el sistema responde en la misma línea que en 2008, y parece que no va en esa dirección, la cohesión social se verá muy debilitada y el sistema entrará en una fase de deslegitimación. Tenemos la oportunidad de evitarlo, nadie dijo que será fácil pero, en caso contrario, el mundo que nos espera es mucho peor. 








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