Covid-19 y la conciliación de la vida familiar y laboral

Por EQUIPO AICTS / 15 de mayo de 2020


El impacto de la crisis del Covid-19 en nuestras sociedades está dando lugar a una nueva cotidianidad y a una nueva forma de organización de la vida. Desde el comienzo de la pandemia, cuando el confinamiento fue la única forma de parar el virus, el teletrabajo se impuso en aquellos sectores y actividades en el que es factible. Obviamente, quedadan fuera numerosas actividades esenciales para el mantenimiento de la sociedad y de las que ya hemos hablado aquí. Médicos y personal sanitario en su conjunto por un lado, pero también trabajadores y trabajadoras de supermercados y tiendas de productos de primera necesidad, transportistas, limpiadores y limpiadoras, etc. A este último colectivo, en gran medida marcado por la precariedad, también hemos hecho referencia en este Blog. Y quedaban fuera también del teletrabajo las actividades que tampoco podían realizarse a distancia, con buena parte de sus trabajadores y trabajadoras sometidos a ERTEs.

Por el otro lado, el cierre de los centros educativos mandó a sus domicilios a los estudiantes de todos los niveles. Este hecho era también una necesidad ineludible para impedir la expansión de la pandemia. Con todos los niños y niñas en sus casas, se ponían las bases para un imposible equilibrio entre trabajo y atención a las tareas escolares de la infancia. El sistema educativo reaccionó con rapidez, adaptándose con un esfuerzo por parte de la comunidad educativa, en un sentido amplio, encomiable, pero ya indicamos que había también fallas y riesgos como el de la brecha educativa derivada tanto de la desiguldad de acceso y uso de las TICs y de la posibilidad de los padres y madres de atender a estos niños y niñas por encontrarse trabajando. En este sentido, el sistema educativo tendrá que hacer un esfuerzo por mitigar la situación. 

Los profetas de Internet y el valor de las TICs encontraron dos buenas razones para lanzarse a cantar las bondades de la tele-educación y del teletrabajo. Por un lado, nos decían, el sistema educativo obsoleto tiene que adaptarse a las nuevas realidades. Es una oportunidad, señalaban. Y, con respecto al teletrabajo, una potencialidad. En definitiva, el escenario estaba preparado para el lanzamiento de mensajes sobre un futuro nuevo y luminoso, conectados todos y todas. 

La realidad dista mucho de esa luminosidad. Al contrario. Comenzando porque ninguna pantalla podrá reemplazar el valor de la escuela en sus diferentes funciones, por mucho que la escuela tenga que adaptarse a los nuevos tiempos, y siguiendo por la dificultad de combinar el trabajo en casa con la atención a los hijos e hijas. Además, nuestra sociedad había trasladado a la escuela funciones de guardia y custodia que no implicaban únicamente las horas de clase sino comedor, madrugadores, actividades extraescolares, etc.

Por otra parte, son ya numerosos los estudios y los informes que señalan que el teletrabajo ha supuesto una carga de trabajo mayor, incluso algunos lo cifran en dos horas más de media de trabajo al día. Estamos viviendo un momento en el que la sobrecarga de trabajo ha crecido y la conectividad genera situaciones complejas relacionadas con la disponibilidad y la inmediatez. Cuando se habla con personas que están teletrabajando, no son pocas las que señalan que se sientan a las ocho de la mañana, se levantan para comer, y siguen hasta las nueve de la noche. Los docentes e investigadores universitarios estamos acostumbrados a trabajar en nuestras casas, a largas jornadas nocturnas y de fines de semana escribiendo artículos, corrigiendo trabajos y exámenes, etc., pero es diferente a esta situación.

Y esto se complica mucho más si tienes hijos o hijas, especialmente en edades en las que no son autónomos con Internet y las TICs. Encajar horarios y esfuerzos se convierte en una suerte de misión imposible, además de compartir espacios y dispositivos. Hay hogares en los que es posible que sólo haya un ordenador o dos para trabajar y estudiar. El esfuerzo de supervisión de las tareas escolares exige un apoyo constante y no se soluciona con posiciones bienintencionadas. De esta forma, el estrés sobre las familias aumenta y genera situaciones de ansiedad y frustración. David Brunat, en El Confidencial, reflejaba esta situación

Claro que el escenario a medio plazo se complejiza. Observando que, hasta que no haya una vacuna o un tratamiento eficaz, no se va a poder regresar a una situación de normalidad, ya se han lanzado las primeras previsiones que apuntan que el comienzo de curso en septiembre será diferente, que el regreso a las aulas no contará con todos los alumnos y que habrá que ir generando escenarios que van desde clases de quince personas, para garantizar el distanciamiento social, hasta turnos, etc. Y eso si no ocurre otro rebrote del virus que vuelva a generar un nuevo confinamiento. Esta situación ha levantado todas las alarmas entre las familias y sitúa la conciliación como otro imposible. Además de esa combinación draconiana del teletrabajo y la tele-educación, en el caso de que los alumnos tengan que ir de diferentes formas y días, ¿cómo se van a organizar las familias? Además, no podrán contar con los abuelos y abuelas, el grupo más vulnerable a Covid-19, claves como ayuda a los padres en su organización cotidiana, desde el cuidado de los niños y niñas hasta la llevada y recogida en los colegios. 

En fin, una situación casi imposible y que tendrá que poner en funcionamiento toda la capacidad y creatividad de los responsables educativos y de la sociedad para encajar este puzzle. En caso contrario, las familias se verán sometidas a un estrés todavía mayor, tanto las que teletrabajen como las que no, porque habrá momentos en los que no puedan dejar con nadie a sus hijos; qué pasará si tienes dos hijos y uno va por la tarde y otro por la mañana y los dos progenitores están trabajando; cómo afectará a las familias monoparentales, generalmente encabezadas por mujeres y que ya tienen una situación más complicada...Escenario complejo no, lo siguiente. 






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