Pobreza y exclusión social en España: bases y nuevos escenarios

Por EQUIPO AICTS / 11 de julio de 2020


Han pasado unos meses desde que el relator especial sobre pobreza y derechos humanos de Naciones Unidas. Philip Alston, visitase España. En aquellos tiempos, que parecen tan lejanos pero no lo son, fueron muy comentadas unas imágenes en las que Alston acudía a entornos muy marginales de nuestras grandes ciudades. Por un lado, se señalaba que reflejaban la situación de una parte del país y ciertas deficiencias de los sistemas de protección. Por otro lado, se criticaba que era una visión muy parcial y que se contribuía a no mostrar la realidad en toda su dimensión. El caso es que llego la pandemia de la Covid-19 y de Philip Alston no se acordó nadie. Hasta que, por lo menos en nuestro caso, Ethic recogió en un artículo de Raquel Nogueira el pasado 8 de julio los resultados de su estudio. Dicho artículo llevaba por título "Más de la mitad de los españoles no llega a fin de mes". El informe tiene fecha de 21 de abril y se puede consultar en la ONU. 

Las conclusiones del informe son conocidas. Nogueira destaca que el 26% de la población está en riesgo de exclusión, que el sistema asistencial no funciona, y que los poderes públicos han fallado en ese sentido. Estos indicadores y sus conclusiones aparecen regularmente en estudios de la Fundación Foessa, EAPN, Save the Children, Cruz Roja, etc., y también se pueden ver en no pocos casos en el Instituto Nacional de Estadística. Pero, está bien que retomemos este informe y que el trabajo de Alston no quede en saco roto. Las bases de la desigualdad y la exclusión social en España tienen un componente estructural muy importante, ya antes de la crisis sistémica de 2008 había casi un 20% de la población en exclusión social y la crisis aumentó la precariedad, la vulnerabilidad, el desempleo, etc. Fue un punto de inflexión tan grande que sus consecuencias se siguen notando hasta hoy. Las bases de la desigualdad se reafirmaban y el hecho de que España no hubiese avanzado tanto en protección social en las décadas de construcción del Estado de Bienestar y de crecimiento económico. Pero, como hemos señalado en otras ocasiones, los Servicios Sociales han sido la pata más débil de nuestro Estado de Bienestar. Estos grupos de exclusión social, concentrados en las grandes ciudades, con pocos visos de movilidad social, siguen estando presentes y fueron los primeros afectados por la crisis de 2008, luego vendrían las clases medias.

Marzo de 2020 supone un cambio de escenario total con las consecuencias de la pandemia Covid-19. Se diseña un sistema de protección social porque las consecuencias de la crisis serán tremendas, y las económicas están por ver. Cada mes que se avanza, las previsiones económicas van empeorando a pasos agigantados. Cuando escribimos estas líneas, julio de 2020, hay sectores en una situación complicada, como por ejemplo el turismo entre otros, que son los que cuentan con una buena parte de trabajadores y trabajadoras no cualificados. El impacto de Covid-19 en el riesgo de exclusión social puede ser muy significativo, a la par que se reducen las fuentes de ingresos de las Administraciones Públicas y aumentará la deuda y el déficit público. Los debates en la Unión Europea no auguran unas soluciones que no impliquen en parte repetir errores del pasado, aunque parece que se es más consciente de los riesgos para la cohesión social. Es un momento muy delicado, muy complejo, en el que las tendencias de los años recientes pueden recrudecerse o corregirse. Esperemos que vayamos en la segunda dirección pero nos faltan motivos para el optimismo.






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